“How can a woman be expected to be happy with a man who insists on treating her as if she were a perfectly normal human being” – Oscar Wilde

Lo que dice: Estoy confundido.
Lo que piensa: Me gusta estar contigo, pero no tanto / me gusta otra mina / sorry, rico todo pero no me gustas tanto como para enseriarme.

Lo que dice: Sólo te puedo ofrecer una relación abierta.
Lo que piensa: Te advierto altiro que ando hueviando y no dejaré de agarrarme otras minas por ti.

Lo que dice: Aló, hola ¿te acuerdas de mí? Sorry que no te haya llamado, es que estuve con problemas.
Lo que piensa: Ando caliente y me acordé que me diste la pasá la otra vez, ¿repitámosla?

Lo que dice: ¿Estás bien? Cuéntame, quizás te puedo ayudar.
Lo que piensa: Tarararan taraaaaaan, súper héroe al rescate.

Lo que dice: ¿Y ella quién es?
Lo que piensa: ¡¡CSM la mina riiiiiiiiiiiicaaaaaa weón oh!!

Lo que dice: No estoy preparado para una relación seria.
Lo que piensa: No quiero una relación seria contigo porque no me gustas tanto.

Lo que dice: ¿Por qué no te quedas a dormir?
Lo que piensa: Parece que me agarré 

Lo que dice: ¿Vas a salir así?
Lo que piensa: Anda a vestirte primero, pa’ la otra salí en pelota / te ves como el pico.

Lo que dice: Necesito un tiempo.
Lo que Piensa: Estoy chato / quiero ver qué pasa con la otra mina para ver si me quedo aquí o allá / necesito salir a hueviar un ratito más que sea / creo que ya no te quiero, pero no estoy 100% seguro.

Lo que dice: ¿Por qué no sales más con tus amigas? Podrías tomar clases de algo…
Lo que piensa: Loca ¡muévete! Búscate alguna entretención que no sea yo, me estás asfixiando.

Lo que dice: Te quiero presentar a mi mamá.
Lo que piensa: Cagué, me agarré ctm.

Lo que dice: ¿Y ese loco? Parecen bien amigos.
Lo que piensa: Te lo tiraste / ese hueón caliente care’ pao cree que uno es hueón.

Lo que dice: Eres mi mejor amiga, jamás podría pensar en algo más.
Lo que piensa: No me calientas ni un poco, quizás curao.

Lo que dice: Decide tú, haz lo que quieras.
Lo que piensa: Me tení chato, ¿sabí que más? Haz la hueá que querai.

Lo que dice: Me regalaron unos (inserta cosa que te interese aquí) y me acordé que te gustan, si quieres podemos…
Lo que piensa: Quiero verte y esto fue lo primero que se me ocurrió como excusa para  hablarte.

Lo que dice: Dejemos que esto sea sólo entre nosotros.
Lo que piensa: Ni se te ocurra contarle a alguien que culiamos  porque puede quedar la cagá o me cagas la onda con tus y mis conocidas.

Lo que dice: No quiero hablar.
Lo que piensa: Tengo un problema, estoy preocupado, pero estoy buscando la solución.

Lo que dice: Justo mañana andaré cerca de tu trabajo/casa/bar favorito, podría pasar a verte.
Lo que piensa: Quiero verte, ¡péscame po’!

Lo que dice: Siempre he pensado que haríamos súper buena pareja.
Lo que piensa: Hace rato te tengo ganas, dame la pasá por favoooooor, no te vas a arrepentir.

jijijiji :*

Cunnilingus

Este post fue alguna vez publicado en nuestro blog amigo FAQWomen, donde los muchachos, muy interesados en aprender, nos dejaron escribir algunas técnicas que creemos importantes para hacernos felices. Sabemos que es placer de varios y varias hacerlo, y hay mucho interés masculino en hacerlo bien, y como la técnica se ha ido perfeccionando con el tiempo y algunos maestros nos han enseñado nuevas y mejores técnicas,  queremos compartirlas con ustedes.

El Cunnilingus es un arte y hay señores a los que la vida les ha negado el talento. Para empezar hay que tener claro que es una zona demasiado sensible y que hay que tratar con amor, no hacerlo a tontas y a locas porque al igual que el blowjob, requiere especial cuidado y dedicación. Hay quienes caen en el error de creer que mientras más dura la lengua y mas rápido y  fuerte se mueva, mejor (la mala técnica de la centrífuga). Pues no, grave error. Tampoco hay que succionar muy fuerte la zona del clítoris porque sólo produce incomodidad (la mala técnica de la aspiradora).

Y  porque no, no es fácil, trataremos de explicarlo en detalle:

  1. Primero, hay que mencionar que hay mujeres que necesitan más tiempo para excitarse, y que por lo mismo, requerirán una previa de besos y toqueteos varios en todo el cuerpo, con boca, lengua y manos. Mientras más caliente ella esté, mejor recibirá el cunnilingus. Mejor aún si mientras está en ello, mantiene presionada con su cuerpo la zona superior de la vagina,el famoso monte de Venus. Ahora, si nota que la muchacha en cuestión no requiere tanta previa (según su dilatación y lubricación) puede ir directo al grano, comenzando con los alrededores hasta llegar a la zona.
  2. Se recomienda comenzar lamiendo suavemente la parte exterior de la vagina y los labios superiores, succionándolos de vez en cuando, sobre todo entre ellos, con movimientos de arriba hacia abajo y circulares, o haciendo el movimiento del abecedario con la lengua, aumentando levemente la presión. Puede ayudarse con las yemas de los dedos, con movimientos de arriba hacia abajo por la zona aludida.

Todo esto suavecito y con paciencia, para que ella suelte la cabeza y comience a concentrarse en lo que está pasando abajo. El movimiento de lengua debe ser como el que se hace para lengüetear una tapa de yogurt; con la lengua suelta y blanda, haciendo suaves movimientos por los contornos. Sólo por los contornos, y a estas alturas ella debería desear que su lengua fuera cada vez más al centro.

(Se recomienda practicar comiéndose un yogurt entero sin cuchara)

  1. Cuando la muchacha comience a respirar más fuerte (es muy importante prestar atención a la respiración y gemidos, si ella está en silencio y mirando el techo debe esforzarse más) es momento de comenzar a prestar atención a la parte del medio, es decir: la abertura entre los labios, esa parte llamada labios inferiores que recubren el clítoris. Se recomienda lamer de arriba hacia abajo, primero suave, para ir aumentando la presión de a poco y subiendo hacia el clítoris mientras se acaricia con los dedos la parte ya aludida entre la vulva y los labios superiores.
  2. Si sigue estos consejos la fémina comenzará a respirar cada vez más fuerte, y si no es tan tímida, a moverse levemente según el movimiento que ella quiera que usted lleve; en ese momento, no pierda el ritmo ni lo cambie, porque significa que va muy bien, pero puede intentar introducir un dedo o acompañar con suaves movimientos de las yemas húmedas las lamidas, que pueden ir aumentando la presión desde el clítoris hacia la vulva. Nunca olvidar la presión sobre la vulva, que debe ser  superior a la presión sobre el clítoris.
  3. Puede tocar de vez en cuando tetas u otras partes o invitarla con su mano a tocarse ella misma, siempre y cuando esto no lo desconcentre de su trabajo. Cuando lo están haciendo bien, el placer se concentra en un solo lugar y a veces es mejor no distraerse.
  4. Es necesario, muy necesario, que preste atención a los sonidos, respiración, y movimientos involuntarios de ella. Esto porque si capta las señales, sabrá qué está haciendo bien, dónde y cómo debe seguir para que ella llegue al orgasmo. Nunca, jamás, varíe el movimiento de la lengua o dedos si los gestos de ella le dicen que está en éxtasis así tal cual lo estás haciendo; si cree necesario aumentar la presión, que sea muy sutilmente.
  5. Tenga mucha paciencia, la mujer que no está acostumbrada a estas artes, le cuesta relajar la cabeza y dejarse llevar. Pero si es paciente, suave y perseverante, logrando que ella llegue al orgasmo, le aseguro que será uno de los mejores de su vida o a lo menos diferente y muy intenso.
  6. Si tras estos pasos, ella no ha tenido un orgasmo, es el momento ideal para penetrar, para que no se pierda la continuidad ni tiempo. Lo ideal es que el hombre se mantenga arriba, y siga el movimiento que se tenía en el cunnilingus, es decir, penetración fuerte y profunda presionando el monte de Venus, ya que de esa forma se presiona el clítoris, dando mayor facilidad a la mujer para alcanzar el tan preciado orgasmo. Pero si sólo se ha demorado y la muchacha está vuelta loca, tenga paciencia, aunque se le acalambre la mandíbula, porque está cerca, muy cerca.

Ahora, si la compresión de lectura no es su fuerte, pregúntele siempre a su fémina si va bien, si quiere algo especial y siempre, siempre, lea las señales.

Mención honrosa para el músico de cuerdas y vientos que corren con ventaja. Ojo ahí chiquillas.

Puta que es rico cuando hay dedicación.

Los temas delicados van sin @ jijijijij

¿Qué onda con la obsesión por el chiquitín? ¿Será que una se ha metido con puros hueones calientes o de verdad están todos obsesionados por darte por atrás?

Y discúlpenos el lenguaje o el tema si a usted, damisela, le escandaliza,  pero tenemos que hablar de esto y seriamente, porque de este flagelo no se salva ni soltera ni casada, ni cartucha ni casquivana, al chiquitín todos le aman.

Y es que al parecer es como el Santo Grial de los hueones, la piedra filosofal.  ¿Es que uno ya no puede culiar tranquila sin que te lo pidan o te traten de meter el dedo para ver si te convencen? Empiezan de a poquito, sobre todo cuando usted está arriba de él. Despacio, cariñito alrededor de la zona, más cariño, más cerca y ¡suácate! El dedo chum paentro.

Para gustos hay de todo. Hay posiciones, técnicas, engrupimientos y también hay  muchas a las que definitivamente no les gusta la actividad en el chico,  no importa lo caliente y buena para la tontera que sea, no le va a gustar porque le duele o le incomoda demasiado. Hay otras a las que igual les gusta probar de vez en cuando y  hay otras que lo piden solitas ante el deleite o pánico del macho en cuestión.

¡Ni cagando hueón!

Hay  que partir señalando que una no siempre estará físicamente disponible para el asunto. Sí, hay una voluntad mental y otra física, y en cuanto esta última, cuando no quiere, na’ que hacer. La cosa es que uno puede decir que no por diversos motivos y  no hay nada más desagradable que un hueón insistente que está todo el rato: “ya po, un poquito, porfi… ya po… suavecito… ya po, porfi. ¡Una probaíta por el amor de dio!”

Y es que hay algunos a los que el porno los tiene muy cagados y no entienden que no es no. Claro, a la lola de la película le encanta, -¡Ojalá tuviera dos atravesaos!- pero es que ella es una profesional, estudiosa del asunto, no como una que es medio amateur, casi virgen de ahí, que necesita ser preparada para que la cosa no sea traumática o porque simplemente no quiere no más porque el cuerpo no se lo permite. Además, es un riesgo, porque si el tipo no la sabe hacer, no se te olvidará nunca.

El problema de tanta insistencia es que te pueden llegar a arruinar la calentura. Puta que es desagradable cuando estás al filo del orgasmo y te meten el dedo fuerte y derecho, sin delicadeza ni lubricante o “se equivocan de camino” (Sí OH). Entonces se pudre todo, te desconcentras, lo pierdes, te taimas, BLEH.

La segunda virginidad

Prestarlo puede ser incómodo, doloroso a veces y traumático si no se sabe hacer, al punto de decir ¡nunca más señor jesú, nunca más por donde lo prohíbe la biblia!

Sin embargo, en algunos casos, y esto está completamente abierto (éjale) a debate, puede llegar a ser rico y hasta una prueba de amor. Porque a veces una lo pasa solita, de puro enamorada y caliente, para probar y para darle un gusto al hombre, quien, si la sabe hacer, puede lograr que te guste e incluso repetirla de vez en cuando; una vez al mes o en las fechas importantes (si no tuvo tanto éxito jaja), o una vez por semana,  si la técnica resultó (todos los días ni aunque le guste mucho mija  porque hay que darle descanso, por salú).

Es como la segunda virginidad que se le da sólo al importante, no a cualquier pelafustán-aparecido-touch and go-me curé del que una se pueda arrepentir. No, el chiquitín se le entrega a quién lo valore y lo trate con cariño, porque es delicado. Por eso una encuentra una falta  de respeto que cualquier NN se sienta en la confianza de explorar  la zona especial sin ni pedir permiso. ¿Qué te creís?  No es de mala voluntad, en serio.

Lo que Callan las Mujeres o ¡Me gusta por atrás y por todas partes!

Hay iniciadas a las que les gusta y harto, pero según las encuestas que hicimos en FAQ, son mujeres de anatomía privilegiada y que además tuvieron un buen Sensei que las guió por el camino de tierra con paciencia, sin olvidar el resto del cuerpo, calentándola harto y sin prisa.

Partieron con entrenamiento y, gracias a esos maestros, ahora gozan del beneficio de ser bombardeadas por todos lados y con todo gusto. Lamentablemente son las menos, y culpamos a los hombres impacientes y bruscos por eso.

Por otra parte, no todas hablan del tema porque suele ser difícil decirle a las amigas que te encanta que te den por el chico sin que te miren con cara de señora oliendo caca, escandalizada a la salida de la iglesia mirando a la puta del pueblo.

¡Me gusta por atrás y por todas partes! no es algo que escuches frecuentemente, pero de que hay mujeres que lo disfrutan, las hay. Y hartas. Romper la barrera del pudor y de la incomodidad puede ser maravilloso y hacerte sentir libre de probar todo con el cuerpo y dejar que el placer venga de diversas formas, sin asustarse. Las cosas se hacen de a dos y depende del acompañante cuán lejos te tienten a llegar. Que te tienten, no que te insistan.

Pero de lo rico que puede llegar a ser y cómo hacerlo para que nos llegue a gustar será materia del próximo capítulo: Manual para el uso Correcto del Chiquitín por HETAIRA porque un tema así de apretado y duro se debe tratar en profundidad.

:*

Y claro. Un día pasaba yo por ahí, irresponsablemente como si nada importante fuera a suceder y estabas tú. Con esos ojos y esa sonrisa que alguna vez soñé pero que no tenía cara. No pude quitar mis ojos de ti (sí, así como la canción). Te busqué entre la gente y tú a mí. Un imán gigante entre tú y yo nos acercaba, obedecimos sin chistar.

Luego vinieron las conversaciones irrelevantes para buscar un tema, luego el cine y la música que actuaron de perfectos celestinos. Como unos Cupidos que empujaban las palabras para decir la frase correcta:

-“Esta canción es de un grupo que nadie cacha”.

-“Es de The Guess Who”.

¡Bang! Punto para el Cupido musical. Me gané tus ojos brillantes.

Luego vinieron las conversaciones de vida, de la familia a la política, del “yo cuando era chico” a “en mi familia somos…”,  risas idiotas, acercamientos torpes y lo tan esperado: “El Beso”, ese primer beso que puede mandar todo al carajo o dejarte en situación de “sí, me gusta entero, mucho y quiero más”.

Lo que viene después de los primeros besos magníficos ya sabemos, incontrolable, no acorde a reglas de primeras citas ni consejos puritanos. Se hizo lo que se sintió y qué maravilloso se sintió, tan natural y cómodo, sin juegos de poder ni falsos suspiros. Lo siguiente que vino fueron mis: ‘nada en el whatsapp’ para pasar al ‘ay ctm, me escribió, me escribió’.

Saltos, gritos cara a la almohada, enrojecimiento facial, latidos a mil por hora y: ’ay, ay ¿qué le contesto?’. Volví a tener quince otra vez.

De ahí en adelante pasamos del chat interminable hasta llegar a las primeras conversaciones telefónicas nerviosas. De esas en que la coquetería es espontánea y te hace jugar con el pelo cuando te pregunta si quieres salir a tomarte algo, ir al cine o lo que sea. Te di un “sí” de respuesta a esa invitación que en verdad significa: ¡no me importa el panorama, sí a todo lo que quieras invitarme!”.

Y es ahí que me di cuenta de varias cosas, como por ejemplo; que el panorama es lo de menos cuando lo único que quería era verte, tenerte cerca, rozarte. Y que en el tiempo de espera a la junta caí en esas cosas que me parecían tan idiotas como el: “¿qué me pongo?”, “por la chucha no tengo nada”. Porque toda mujer en un romance incipiente se pone como una adolescente estúpida y eso es un derecho.

Llegó el día y mi corazón no paraba de latir. Y al acercarme noté que todos mis esfuerzos frente al espejo valieron esos ojos atentos y luminosos que adornan esa sonrisa nerviosa. Pero lo que no sabía era que no tiene que ver con lo que me puse, simplemente ansiabas verme tanto como yo a ti. Como era de esperarse la cita fue perfecta, la conversación y las risas fluyeron. Todo se volvió más cómodo y más cómodo y más cómodo… nada extraño a otras citas, todo es normal salvo la compañía. Eso era lo especial.

Luego vinieron más citas, panoramas diurnos y vespertinos. De que hoy me quedo en tu casa, mañana también y pasado tú en la mía y el día siguiente y el siguiente y así la cosa fue fluyendo. Dejé de caminar para comenzar a flotar.

Obvio no todo es algodón y mariposas. Las inseguridades propias de los corazones que no quieren ser dañados, también se manifestaron con las típicas preguntas de: “¿Y si…?”, “¿estará tan enganchado como yo?”, “¿y si le digo que lo quiero?”. Pero lo bueno del amor es que te nubla la razón y a veces lo que no quieres decir se te sale igual. Te dije que te quería y pareció que estabas igual de atragantado que yo, con esa frase que estaba a punto de salir y que tanto frenamos. Todas las inseguridades se disiparon de un sopetón por la pregunta que salió de tu boca: “¿Querí pololear conmigo?”. Te di un “sí” de respuesta a esa invitación que en verdad significaba: “¡Obvio que sí, no quiero estar con nadie más que tú!”.

Y así sigo flotando y queriendo verte cada día aún más que antes. No sé si serás el hombre de mi vida, pero sí sé que lo eres en este momento de mi vida. Me encantaría que esto funcionara, pero sino, créeme que con lo que llevamos hasta ahora me parece suficiente para creer que el amor sí existe.

Les presentamos a Mac que nos mandó esta linda colaboración que  nos llegó hasta el corazón. No es que alguna haya sido patas negras, no. Acá somos todas cabras temerosas de dios, no fumamos,  no tomamos ni bailamos apretado. En serio mamá 

 

Sentada al borde de tu cama, buscando mi ropa entre el desorden, buscaba también esos pedazos de mí que habían quedados tirados por ahí en el suelo la noche anterior.

Sin duda la luz del día cambió la perspectiva de las palabras que antecedieron a esta triste mañana. Yo sola sentada ahí, en una cama que no es la mía, en una casa distinta y que por todos lados grita el nombre de una mujer, que sin duda no soy yo.

Me tomo la cabeza y pienso, ¿en qué puto momento me subí a ese taxi y llegué hasta aquí? Viernes por la noche sola otra vez en casa, me había prometido a mí misma no verlo más. Para eso tenía que mantener ocupada esas noches. Él es deportista y entrena con regularidad, por lo tanto los viernes también “entrena”, conmigo. Yo ya me había cansado de eso y justo cuando pensé que la cosa iba en serio, me cuenta que tiene polola, sin mencionar que su “polola” era casi 15 años más joven que yo. Me vuelvo a tomar la cabeza y pienso ¡por la puta madre! Y me hice la superada, diciéndole: no es problema, está bien, sigamos así.

Hoy pienso y ni siquiera le puedo echar la culpa al copete… Mejor me visto rápido y salgo de aquí…

Tomo mis cosas, ordeno la cama y doy una última mirada al lugar donde pasé la noche. Siento pena, siento que se me rompió el corazón otra vez, a ratos me falta el aire, pero no me sale ni una lágrima… sin pensar mis ojos se clavan en la ropa, la ropa de ella que está ahí, junto con la de él.

Él, el que yo buscaba con tantas ansias conquistar, el que quería que viniera a mi casa a acurrucarme y abrazarme para que se pasara la pena o el frío. Me había costado tanto darme cuenta que sí, que quería estar con él, que quería que se transformara en un presente nombrable, presentable a la familia y los amigos; quería sacarlo de la oscuridad, de las visitas a las 4 de la mañana.

Pero yo no estaba ahí, yo no estaba entre su ropa, no era yo la que dormía entre sus brazos. Y fue como despertar de un sueño, caer de rodillas al suelo, esta vez para pedirme perdón a mí misma por lo que me he estado haciendo en este tiempo. He permitido que el desamor se vuelva algo normal y eso no es lo que me toca, me he obligado a vivir situaciones tan tristes, sin pensar en que no las merezco.

 

Salí del edificio, respiré profundo.

No contesté nunca más sus mensajes.