“How can a woman be expected to be happy with a man who insists on treating her as if she were a perfectly normal human being” – Oscar Wilde

Aquí por lo general hablamos de hombres, pero haremos una pequeña excepción para hablar de aquellas que todas tenemos, seremos o somos. Las Ex, que merecen un lugar de privilegio en nuestro blog y que salió de una de aquellas tomateras reuniones de pauta en que nos dedicamos a puro pelar crear contenidos para usté.

images (3)

La Orate: esa mina que si te ve, te golpea. Es aquella señorita que no puede soportar la idea de que él esté contigo, las que estuvieron antes de ti y las que puedan venir. Él es de ella y nada ni nadie podrá separarlos. Es la que te va a mirar toda la noche si te la pillas carreteando y pasará por al lado tuyo para pegarte el empujón o tropezarse al lado tuyo y derramarte su copete en ese vestido que te hace ver tan regia.

Esa que te psicopateó por tuiter, retuiteando y favoriteándote todo para que sepas que ella está presente ¡siempre!… donde quiera que vayas  y que mejor terminaste bloqueando para evitar seguir leyendo trolleos mala sangre. La misma que  te mandó la solicitud de amistad a face que, por supuesto, tú no aceptaste.

A esa que le tienes miedo y que llama a tu mino tipo 3 am un sábado curá pidiéndole volver y que te inventó una vida digna de meretriz con sida, desde los dos abortos con rama de apio que te hiciste por no saber de quién era la guagua y el romance que tuviste con el primo, tío, padre y hermano de tu actual, todos juntos en una gran orgía.

Lo bueno, es que es tan loca que todos saben que está loca. Punto para ti.

Lo malo, es que es tan loca que creerá que esto está escrito por y para ella y algo hará al respecto, junten miedo.

La forever ex: Es la que estará unida a él por siempre. Su vecina, la mejor amiga de la hermana, la madrina de su sobrino, la veterinaria del regalón de la familia. Está ligada a él para siempre y nada que hacer, llegó primero y de ahí nadie la sacó.  Aquella que te toparás en comidas familiares de él, con la que tendrás que luchar por llevar la ensalada.

-Yo la llevo jijiji

- ¡No te preocupes! Yo la llevo jajaja

-YO-LA-LLE-VO

-SUÉL-TA-LA CTM

Mejor aprender a aceptarla, estará para siempre hasta que encuentre su propia familia ¡Deal with it!

La Depresiva: Todo un caso, esta señorita es una drama queen de tomo y lomo. También entra en la categoría orate pero seudosuicida. Manipula a punta de barbitúricos genéricos (con los que nunca se va a matar pero si hará perder tiempo en el hospital) y frases sacadas de la radio Pudahuel como “si tu no estás conmigo yo no quiero vivir”, “prefiero morirs antes que perderte”  mientras escucha Adele y le cuelgan los mocos de tanto llorar.

Podría decirse “ay pobrecita, estaba muy enamorada” pero no, porque le pasa con todos y cada uno de los hombres que pasean en su vida, ella quiere el drama, gozar ese sufrimiento de diva pobre y llamar la atención de sus cercanos con él. Probablemente tendrá alguna cicatriz en el brazo más parecida a la marca del indio que a un intento de cortarse las venas, producto de alguna pena de amor, del pérfido que la dejó, aburrido de sus llantos y melodramas.

La amigui de él: La polola importante que se transformó en su mejor amiga. La que le conoce todos los secretos ¡todos! Los de él y los tuyos también,  tus defectos y virtudes, lo que te causa celos, lo que hace que se te caigan los calzones ¡Todo! Ahí también estás cagada, llegó antes que tú y probablemente se vaya después. Mejor conocerla y aprender a quererla porque, linda, es inamovible y está bien. Pololas pasan, amigos quedan.

La amigui tuya: Esa ex que por razones de la vida se hizo tu amiga. Como que un día se toparon y se dieron cuenta que tenían tanto, tanto, pero tanto en común que la química fue instantánea. Brotaron corazones entre ustedes y se llevaron la raja: Se llaman, se whatsappean y pelan al factor común de lo lindo:

- ¡Gaia te morí lo que me regaló este hueón para mi cumple!

- No me digai, te regaló cremas para las arrugas, puta que es desubicado este hueón, no cambia.

La adorable o “puta la csm no puedo odiarla”: Es linda, regia, simpática, chistosa, inteligente, cabra de iglesia, temerosa de dios, ultra decente, nunca desconfiarías de ella, pero nunca tan cartucha como pa’ no tirar las tallas cochinas; salva gatitos, adopta perros vagos y les busca hogar, peina abuelitas en la Fundación las Rosas y te cuida al hermano chico de tu mino para que te lo tires tranquila. Ubicada como ella sola, jamás va a andar cateteando a tu actual, cosa de molestar lo menos posible tu sagrada relación… puta la mina adorable. Quieres odiarla, pero no puedes.

Amada por todos, envidiada por todas. Insoportablemente adorable la hueona, tan adorable que ni siquiera sabe lo adorable que es…bitch.

La calientasopa: Esta es la más peligrosa de todas porque conoce los puntos más débiles de tu mino; lo que le gusta, cómo le gusta y a qué velocidad le gusta. Esa que sabe perfectamente cómo dejarlo enfermo con un puro roce y que le hizo el ocho, el shakira y el gánesela  al toro antes que tú. Esa que si se lo topa, se le acercará harto y le coqueteará con ímpetu:

“¿Te acordai puppy cuando nos fuimos ese fin de semana a Buenos Aires y que no conocimos nada porque ni salimos de la pieza? Lo pasamos tan bien.”

Caliente la hueona.

La no superada: La que lo hizo sufrir, la que lo recibió nuevo y lo devolvió como estropajo. Barrió el piso con él, lo hizo llorar, lo mandó al psicólogo e hizo que mil pedazos de su corazón volaran por toda la habitación. Esa que fue la culpable de que él te dijera tantas veces: “no estoy listo para una relación”  o “no sé si todavía la quiero”.

Aquella por la cual tú pagas los pecados. Los celos, los traumas, las inseguridades. La que te lo entrega roto y que tú aceptaste armar de nuevo, pero que siempre, siempre llevará las marcas de las trizaduras.

La con hijos: Parecida a la forever ex, está ligada a él de una forma que tú no puedes y no debes manejar. Tienen hijos en común y ahí na que hacer po’ linda. Hay frutos del amors que van más allá de la pareja, un vínculo irrompible que los unirá por siempre a menos que el querubín sea un pelotudo de esos que hacen guagüitas y las dejan tiradas. Ella siempre será la madre, aunque siempre hay que distinguir entre:

a)      La ex madre moderna: Esa que te invita para el cumple del cabro chico y que te pide le lleves la torta. Buena onda.

b)      La ex cizañera: Esa que le dice cosas al niño y al resto, la culpable tras los: “¿Qué es maraca? Mi mami me dijo que mi papi te quería por eso”.

c)       La chantajeadora: Pertenece al grupo de las Ex Locas, esas que usan a los niños para hueviar. La que apenas se enteró de que estaba contigo dejó de pasarle a los niños el domingo y ahora tienes que acompañarlo a tribunales a rogar por visitas, mientras le pasas pañuelitos para que se suene los mocos que se le juntan con las lágrimas que brotan de su amor de papá. Mala, mala la hueona, la peor clase de ex y de persona que existe.

La que pena: De esta nadie habla, pero siempre está. La ex que todos amaban y que te hizo quedar como la “pérfidahijadeputamueverajaperitoenpicos” que vino a sacar a esta criatura perfecta del camino. Nadie te lo va a decir, pero tú sabes que secretamente todos preferirían tenerla a ella de polola del susodicho y no a ti. Por lo general encaja en el grupo de las adorables pero nadie la nombra mucho, porque pena.

Amada por la suegra, hermanos, primos  y mejores amigos de él, a los que en cada reunión se les arranca una talla súper graciosa que les pasó con ella o los “te acuerdas cuando fuimos para allá a acampar y tú estabas con…” silencio rotundo. Nadie se atreve a nombrarla mucho porque duele, le duele a todos. Siempre está ahí, arraigada en los corazones del círculo del ex, la ex de todos.

La conchadesumadre o “maraca culiá me cagaste la vida”: The queen bitch, así, a lo Lil’ Kim. Se lo cagó hasta con el perro, lo dejó como cornudo y pelotudo delante de todo el mundo e hizo que él siempre creyera que el resto mentía pero no ella. Se las perdonó todas, durante mucho tiempo hasta que el gil abrió los ojos y se dio cuenta que estaba puro dando jugo.

Barrió con su masculinidad, autoestima y fuerza de voluntad. Es tan pérfida que cada cierto tiempo lo busca, le mueve las pestañas y las redondeces un rato haciéndolo sentir extrañado, le dice que no lo ha olvidado todavía y que podrían juntarse a conversar, que si quiere: “llevas a tu polola incluso, para conocerla, debe ser simpática”.

Ahora bien, así como en la mayoría de los casos, el éxito de su cateteo dependerá única y exclusivamente de él. La culpa jamás será del chancho. Si la ex revolotea, quizás es porque el actual le tira aire y si no, recuerde para su salud mental que por algo es ex y usted  la actual.

Besitos y sean buenas ex.

Todas tenemos uno o varios lolitos a nuestro haber. Y cuando digo lolito, llevo al límite la expresión. No hablo del pendejo que en realidad es un adulto inmaduro que le falta para caer del árbol en forma natural. Hablo del pendejo literal, ese que tiene mínimo 7 años menos que tú (y máximo unos 10, porque no queremos andar enseñando a poner condones a esta altura de nuestras vidas), y que según las reglas de la moral y las buenas costumbres, deberías dejar tranquilo para que se meta con alguien de su edad. images (4)

Este lolito te persiguió y te coqueteó durante meses y nunca quisiste caer, porque, ¡era más chico que tu hermano más chico! Pero siempre te gustó… toda la vida te ha generado ese morbo rico, suave, y no me mal entienda, súper bien intencionado con las intenciones más cochinas del mundo.

Pero un día te pilló medio embalá, soltera, y lo que es mejor peor, disponible. Y cuando el cuerpo sabe que una está en esa, ¿para qué contradecirlo, no?.

Y caes… caes en algo que no conoces, y que el prejuicio te dice que tendrás que aceptar, aguantar, enseñar, y cuánta mentira ha pasado por la historia de las relaciones… porque chicas, hay lolitos que saben, y por algo ser cougar se ha vuelto la última moda de las milf y todas esas cosas que a muchas no nos competen, salvo que de querer tirarse a pendejos se trate. Y sino pregúntenle a Sigrid.

Los pro

El pendejo por definición te respeta; porque uno respeta a sus mayores. Y por eso, siempre quiere impresionar, demostrarte que puede más que otros, y que la edad sólo se trata de ver la luz un poco antes o después.

También sabe que compite con hombres ‘más adultos’ que pueden llevarle la delantera por el mero hecho de ser mayores y que además, es muy difícil que te lo tomes en serio… él sabe que la PLR está a la vuelta de la esquina y por eso debe esforzarse el doble.

El lolito no te mira, te admira. Te admira porque eres una mujer, hecha y derecha, llena de pensamientos interesantes, proyectos que salvarán el mundo y respuestas a todo. ¿De eso se trata la adultez, right?

Lo que le importa es que tú estés feliz, que tú disfrutes, y por sobre todo, que tengas la mejor impresión de su joven hombría. Y por eso, llegará siempre con un vino cuidadosamente elegido para la ocasión o una pilsen universitaria para acompañar el sushi o pizza que disfrutarán conversando sobre las cosas importantes del mundo mientras se calienta el ambiente.

El lolito necesita preparar el ambiente, porque es importante para ti. Porque aprendió que nos gusta que nos regaloneen y nos conquisten aunque seamos tiramigos sin ningún tipo de futuro. Al lolito le interesa que usté se sienta la reina, porque eso somos para ellos: reinas, princesas, mujeres, diosas a las que hay que satisfacer.

El pendejo junta cualidades del generoso y del madurito, pero multiplicado por mucho. Porque el pendejo es joven, y por lo tanto tiene un aguante que ya se quisiera cualquiera de ‘nuestra edad’… no necesita breaks, ni calentamientos, ni descansos ni mayores preparaciones. El jovencito llega ya listo y dispuesto a llenarte de placer, y una se deja.

El lolito te encanta porque te da lo que quieres, o simplemente, porque te da. Te da como si el mundo se fuera a acabar pero con la ternura de un ‘niño’, con la delicadeza de alguien que sabe que para ser reina, diosa y bella, hay que ver estrellas, y él, te las muestra todas. Aunque sea por una noche, aunque sea ‘por el momento’, aunque nunca puedas gritarle al mundo que ese lolito, que podría ser tu hermano más chico, está dentro de tu top five.

Por eso todas, en algún momento, amamos al jovencito: porque él se dedica. Se dedica con toda su pasión y devoción a que una se sienta la mina más rica del planeta, la más deseada, la más querida… y  le funciona. Porque tiene la seguridad de un cincuentón resuelto, y se cree el hombre más rico del planeta, y practica sexo tántrico para darte más placer, y estudia tus gustos para hacerte más feliz y te toca con más cariño porque sabe que eso es lo que buscas.

Los contra

Si las cosas no están claras, puedes terminar agarrándote y ser la ‘vieja’ catete que no lo deja en paz enloquecida y obsesionada con su vigorosidad, talento y atenciones, que no entiende por qué ahora él anda con esa cabra chica desabrida que tiene su edad.

Por otro lado hay que tener cuidado con que quien se agarre sea él, porque lo más probable es que le hayas hecho cosas, o lo hayas dejado hacer cosas desconocidas  o por las que tenía que rogar demasiado… y como su corazoncito es muy joven como para andarlo rompiendo, sea cuidadosa en dejar bien clarito pa’ dónde no va la cosa, y evite andar traumatizando niños por la vida.

____________________________________________________

A ti, jovencito, te damos tantas gracias por tantos momentos y tanta dedicación, porque eso es lo que te hace el hombre que eres… y mejor ni pensar en el que serás, porque nos pueden dar ganas de quedarnos ahí mucho rato.

 

“Hola, hablemos de mí: Mis peores defectos son ser demasiado perfeccionista, demasiado exigente conmigo mismo y demasiado insistente”. Yeah RIGHT.

egocentrismo-redes-sociales-300x296

Este sujeto, tan requete conocido, es el pastel ególatra. Lo primero que se debe tener claro sobre este galán es que su gran amor de la vida es ÉL mismo. Después de él, normalmente viene su madre (o figura materna preferida, como la tía o abuelita que lo crió, o esa amiga un poco mayor que lo acogió cuando se vino solo a vivir a la ciudad).

De entradita le es harto fácil conquistarte -no te culpes- porque tiene tan claras sus ***múltiples*** virtudes que sabe perfecto cómo usarlas para despertar todas esas hormonas que un hombre seguro y decidido mueven en ti, sobre todo si vienes de una racha de pasteles poco interesantes.

El ególatra te deja viendo todo rosadito con su conversación interesante, su sonrisa ganadora, e incluso, su caballerosidad. Al principio no se va a notar que es un egocéntrico empedernido, pero a lo que vaya agarrando confianza, va a empezar a mostrar la hilasha salvajemente.

La cosa parte por burlarse del resto: “jajaja, pequeño padawan”, y hablar con rimbombancia a veces absurda: “… claro, porque las bolsas en Asia están al alza y en San Francisco todas se vuelven locas.”

Después vas a notar que sus temas SIEMPRE son más interesantes que los tuyos: “Sí amor, qué lindo, pero cacha que hoy conversé con mi profesor de filosofía griega y me contó una teoría tan interesante sobre la cacha’e la espada y la pata’e la guagua, pero le tuve que rebatir porque BLABLABLABLA…”.

A esto siguen las crecientes patadas a tu pobre autoestima: “Ay mi amor, no sea tontita, no ve que está hablando puras cabezas de pescao <3 tan lindi mi amorcita!”, “Ay pero obvio que te buscan, si tienes las medias tetas, riquita, los hombres somos animales, no les interesa lo que dices, yo sí te quiero”, “Si yo fuera mina y tuviera una foto bonita también tendría hartos seguidores en Twitter”.

Aquí, si no te empiezas a aterrar, estás en un grave problema, porque la cosa sigue con sus episodios de “me aburren tus/nuestros amigos, no se puede tener conversaciones serias con nadie. Al menos tú eres linda de mirar <3 cosita”. Y ahora es cuando, si todavía tienes un poco de amor propio, te das cuenta que bajo toda esa pachorra mal entendida, se esconde un pobre sujeto ávido de vítores y miradas suspironas, porque los ególatras tienen la autoestima secretamente TAN baja, que necesitan desesperadamente:

a.- Que todo el mundo se las suba y encuentre que son los más sexies, inteligentes y maravillosos del mundo.
b.- Bajarte a ti y a todo el resto a un nivel inferior al suyo. Estás en su círculo porque igual (iguols) eres “mejor que el resto” pero nunca NUNCA, mejor que él. Él es el más mejor.
c.- Llamar la atención. No le importa si cae mal o si lo pelan apenas se va. Puede soportar ser odiado y descuerado, pero jamás ¡Jamás! podría aceptar pasar desapercibido.

Así, ya estás advertida. Si quieres mucho al pastel, recomiéndale que se haga terapia, que se supere a sí mismo, pero recuerda: es muy fácil conquistar a un ególatra (basta con hablar de él) , pero muuuuuuuy difícil salir de sus redes cuando te dejas agarrar y recuperar la autoestima cuando te libras de él. Nadie espera que te hagas cargo del aplastante amor propio de un verdadero pastel ególatra. Que no se diga que no lo advertimos. Besitos :*

Les presentamos a Natalia, nuestra artista invitada de hoy que trae este cuento que nos tiene puro inventando finales y teorías conspirativas. Les advertimos que cualquier semejanza con los hechos y personajes de este relato con la realidad es pura coincidencia. FAQMen no se hace responsable de las interpretaciones libres, alucinaciones y futuras llamadas telefonicas que que el lector pueda hacer.

Hace días que tengo una jaqueca terrible. Este lunes me enteré que Gabriel se ha puesto de novio.

Te llamo, y te corto, porque recuerdo que hace más de tres años que no hablamos. Te escribo y te pregunto qué ha sido de tu vida, y me respondes que no mucho. Aceptas mi invitación para ir al matrimonio de la Carla, y empiezo a pensar qué me pondré.

Nos juntamos en mi casa y pedimos un taxi. Pasan unos minutos y no nos decimos nada. Intento explicarte lo que estoy haciendo pero no me entiendes - no importa. Sí, me gusta, sí, a veces soy feliz. Tú también eres feliz, se supone. Somos jóvenes y hablamos de corrido, y creo que me miran con envidia cuando entro tomada de tu brazo.

Te saco una foto con el celular y el cotillón. De vuelta  del baño me traes una piscola de la barra. Bailamos Juan Luis Guerra mal, descoordinados, me pisas y me saco los tacos de una vez por todas. Agarras la liga y te ganas una botella de whisky. Yo bailo con el suegro y me gano un espacio en el video de la fiesta.

Nos reímos de los casados que se van temprano a la casa, y de las eternas solteronas que invitan sin pareja. Nos reímos de la gente que se lleva los arreglos florales a la salida, pero también nos da un poco de pena. En el camino de vuelta en auto me haces cariño en la pierna, y yo hago me hago la loca.

Dejo mis aros largos y mi collar de varias vueltas sobre el microondas. Te sirvo un vaso de agua y me cuentas de tu mamá, y lo grave de su depresión. Miras con curiosidad mi desorden, pero no dices nada.

El abrazo interminable y las caricias espontáneas debajo del cubrecamas, hacen que no me importe que el sexo haya sido malo. Me gusta que me pidas que te rasque la espalda, me gusta desordenar pelo como el tuyo; también compartir mi cama de plaza y media durante flojas mañanas de domingo. Me enrosco como mascota con tu boca en mi cuello y tus manos bien pegadas a mi cintura. Pegas tu frente a la mía, y dormimos así un par de horas.

Me río mucho, y parece que te incomoda. No tengo ganas de hacerlo de nuevo, pero te las arreglas para convencerme. Qué fácil es cerrar los ojos y jugar a los besos lentos, pienso. Pongo la radio y suena una canción de Jorge González que habla de morder un corazón, con suavidad.

Es más de las una. Nos despedimos con un beso en la mejilla en el marco de mi puerta. Juego con tu carnet y te digo que en la foto te ves gordo. Me siento vacía y algo muerta cuando le cuento a una amiga por whatsapp que finalmente me tiré al Negro. Abro tu contacto en el celular y veo cómo estas en línea, y ya no, y de nuevo sí. Dejas pasar uno, dos días, y un Me Gusta en facebook me recuerda que existes.

Lo importante es que no ha vuelto a dolerme la cabeza.

“Guachita riiiiiica, cosita sabrosa, le daría por el ¡”#%&  bien fuerte y le agarraría la ¡”$&()==&$ después de chuparle el ¡”#$%&/(=& jugosito”. Finoli

Tex Wolf and Red 2

Si hay algo que compartimos con los hombres es el gusto por las formas del sexo opuesto y el fantaseo que no le hace daño a nadie, muy por el contrario: se hace, se acepta, se agradece.

Ahora bien, sí hay algo que nos diferencia de ellos: la mayoría de las veces cuando miramos, no se nos nota y la miradita es  una cosita poca con los lentes puestos, porque uno es respetuosa, temerosa de dió. Pero a ellos muchas veces el área del cerebro que los hace ubicarse se bloquea automáticamente cuando salta a la vista un par de tetas sea en relieve o en planicie.

¿A qué viene esto? A un sinfín de columnas como ésta o ésta  y ésta también, en que las mujeres, cansadas del acoso sexual callejero tipo Daniel Vilches, decidieron reclamar contra esta mala práctica que nuestros machos compatriotas muchas veces avalan como algo “natural” y hasta “chistoso”, justificándose con frases del tipo:  “pero mira cómo te vistes”, “ah, es que estás muy rica”, “si te pones escote, te lo voy a mirar”, “y entonces pa’ qué te arreglai”, “si fuera un mijito rico no te molestaría” o (inserte su comentario pelotudo y misógino favorito aquí).

Esto ya no es un reclamo, sino más bien una cruzada de todas las mujeres que nos cansamos de la agresión sexual callejera que viene en varios tamaños, formas, colores y orden de desagrado:

El Mirón psicópata

Con su mirada de rayos X que te empelota, puedes estar al lado de tu papá y el tipo no podrá evitar mirarte entera. Hacerte el control de calidad visual que puede durar varios minutos es algo inevitable para él. Es el más inofensivo, pero aún desagradable. Para el que piense que una no sabe distinguir una mirada de pinchoteo a una violación visual, están muy equivocados.

El calentón comprometido o “Mi amorcito, se te metió un culo al ojo”

Aquél de ojos libidinosos. Nada mas incómodo que un mirón acompañado por la polola, esposa, tiramiga o cualquier fémina que pueda tener el impulso de golpearte por culpa del desubicado. Peor si el querubín de fuego es TU mino, y no le importa en lo más mínimo que te sientas mal al ver su cara de baboso pegada en las curvas de la señorita de al lado.

“¡Ay!”, dirá usted, damisela que busca aprobación: “a mí me da lo mismo, yo incluso le muestro a  las minas ricas” y OK, le daré el crédito de pensar que usted habla en serio, pero una cosa es que no te importe que mire porque te resulta natural que él no pueda evitar echarle una ojeada a ese tremendo culo hecho a mano que pasó a estar al lado suyo, y otra muy distinta es verlo de baboso, olvidándose de que está en tu santa presencia.

El gritón y el toca bocinas:

Este hueón, que por alguna razón salida de alguna parte, cree que te interesa saber su opinión de ti pegándote el grito en la calle o que cree que es gracioso darle el bocinazo a la peatona o a la ciclista que llega a saltar pensando que se le viene un camión encima.

Por lo general actúan en manada como haciéndole fiesta a los amigos que por alguna razón son igual de tarados que él. Suelen movilizarse en auto o cualquier medio que los haga arrancar rápido con la manada que les apaña su griterío, porque ellos no son de acercarse a hablarle, ellos son de gritar de lejos, bien lejos, donde no representes peligro a su ya tan alicaída masculinidad.

El solista

Ese que te pilla caminando y se te acerca a la oreja con su jugoso y caliente hálito a decirte: “cosita más rica” seguido de un beso sonoro que te descorcha el tímpano. También conocido como “el viejo verde” que no tiene porque ser viejo.

No importa si andas con mini o buzo, la visión del solista traspasa la ropa o al menos así te hace sentir. Como una vagina caminando a la que quiere darle sin ninguna contemplación. Tampoco importa si te molesta, si te da asco, si tuviste un mal día, si eres mamá o tienes la edad de la hija. Él siempre se sentirá en derecho de hacerte sentir incómoda o  de invadir tu metro cuadrado para decirte con su voz libidinosa lo rica que estás.

El Manoseador:

¿Hay alguna lectora que me pueda decir aquí y ahora que nunca jamás en la vida le han agarrado alguna de sus partes contra su voluntad? Yo no conozco ninguna y me encantaría conocer si existe.

El primer agarrón que recibí fue a los 11 años en una teta inexistente por un señor de unos 40 años al que mi madre le sacó la cresta y que rogó a Carabineros que se lo llevaran. Nunca olvidé la cara del tipo y la sensación de vulnerabilidad  que sentí. Paralizada, sólo atiné a llorar y esconderme. Un rato después una tía que nos acompañaba me dice: “es que tienes que abrigarte”. Vuelta de nuevo a agarrar a mi madre que ahora le quería sacar la chucha a la señora esa: “¿Y tú eres idiota? ¿Ahora la culpa de que el hueón sea un pervertido es de la niña?”

Pero yo sí me sentí culpable ¿Cómo se me ocurría, a mis 11 años andar con short y polera en la playa, jugando y corriendo como una orate en verano? Desubicada niña, tentando sin consideración al señor que no se pudo aguantar el impulso.

Después vinieron más, porque siempre vienen más. No importa la edad. Si eres linda o fea, gorda o flaca, joven o vieja. Del manoseador nadie se salva por que él siempre está dispuesto a tocar lo que no le pertenece.

El que Justifica

Leemos a diario hombres avalando la conducta natural de gritarnos, palabrearnos, sobajearnos o mirarnos como si estuviéramos en el mundo única y exclusivamente para causarles placer o alegrarles la vista. Una podría ser puta y así y todo tener el derecho a no aguantar que cualquier pelota venga a satisfacer sus necesidades contigo.

No quiero caer en la exageración del: ‘no me mires’, ‘no te acerques’, ‘odio a los hombres’, porque así como hay pelotudos, hay otros que conocen los límites y son bastante empáticos con nuestra intimidad y que entienden perfectamente la diferencia entre encontrar linda-rica a una mina  vs. sentirse con derecho de sobajearla con la palabra o tirársela con los ojos. La diferencia entre uno y otro: la forma en que se manifiesta la intención. 

Lea el resto de este artículo »