“How can a woman be expected to be happy with a man who insists on treating her as if she were a perfectly normal human being” – Oscar Wilde

Y claro. Un día pasaba yo por ahí, irresponsablemente como si nada importante fuera a suceder y estabas tú. Con esos ojos y esa sonrisa que alguna vez soñé pero que no tenía cara. No pude quitar mis ojos de ti (sí, así como la canción). Te busqué entre la gente y tú a mí. Un imán gigante entre tú y yo nos acercaba, obedecimos sin chistar.

Luego vinieron las conversaciones irrelevantes para buscar un tema, luego el cine y la música que actuaron de perfectos celestinos. Como unos Cupidos que empujaban las palabras para decir la frase correcta:

-“Esta canción es de un grupo que nadie cacha”.

-“Es de The Guess Who”.

¡Bang! Punto para el Cupido musical. Me gané tus ojos brillantes.

Luego vinieron las conversaciones de vida, de la familia a la política, del “yo cuando era chico” a “en mi familia somos…”,  risas idiotas, acercamientos torpes y lo tan esperado: “El Beso”, ese primer beso que puede mandar todo al carajo o dejarte en situación de “sí, me gusta entero, mucho y quiero más”.

Lo que viene después de los primeros besos magníficos ya sabemos, incontrolable, no acorde a reglas de primeras citas ni consejos puritanos. Se hizo lo que se sintió y qué maravilloso se sintió, tan natural y cómodo, sin juegos de poder ni falsos suspiros. Lo siguiente que vino fueron mis: ‘nada en el whatsapp’ para pasar al ‘ay ctm, me escribió, me escribió’.

Saltos, gritos cara a la almohada, enrojecimiento facial, latidos a mil por hora y: ’ay, ay ¿qué le contesto?’. Volví a tener quince otra vez.

De ahí en adelante pasamos del chat interminable hasta llegar a las primeras conversaciones telefónicas nerviosas. De esas en que la coquetería es espontánea y te hace jugar con el pelo cuando te pregunta si quieres salir a tomarte algo, ir al cine o lo que sea. Te di un “sí” de respuesta a esa invitación que en verdad significa: ¡no me importa el panorama, sí a todo lo que quieras invitarme!”.

Y es ahí que me di cuenta de varias cosas, como por ejemplo; que el panorama es lo de menos cuando lo único que quería era verte, tenerte cerca, rozarte. Y que en el tiempo de espera a la junta caí en esas cosas que me parecían tan idiotas como el: “¿qué me pongo?”, “por la chucha no tengo nada”. Porque toda mujer en un romance incipiente se pone como una adolescente estúpida y eso es un derecho.

Llegó el día y mi corazón no paraba de latir. Y al acercarme noté que todos mis esfuerzos frente al espejo valieron esos ojos atentos y luminosos que adornan esa sonrisa nerviosa. Pero lo que no sabía era que no tiene que ver con lo que me puse, simplemente ansiabas verme tanto como yo a ti. Como era de esperarse la cita fue perfecta, la conversación y las risas fluyeron. Todo se volvió más cómodo y más cómodo y más cómodo… nada extraño a otras citas, todo es normal salvo la compañía. Eso era lo especial.

Luego vinieron más citas, panoramas diurnos y vespertinos. De que hoy me quedo en tu casa, mañana también y pasado tú en la mía y el día siguiente y el siguiente y así la cosa fue fluyendo. Dejé de caminar para comenzar a flotar.

Obvio no todo es algodón y mariposas. Las inseguridades propias de los corazones que no quieren ser dañados, también se manifestaron con las típicas preguntas de: “¿Y si…?”, “¿estará tan enganchado como yo?”, “¿y si le digo que lo quiero?”. Pero lo bueno del amor es que te nubla la razón y a veces lo que no quieres decir se te sale igual. Te dije que te quería y pareció que estabas igual de atragantado que yo, con esa frase que estaba a punto de salir y que tanto frenamos. Todas las inseguridades se disiparon de un sopetón por la pregunta que salió de tu boca: “¿Querí pololear conmigo?”. Te di un “sí” de respuesta a esa invitación que en verdad significaba: “¡Obvio que sí, no quiero estar con nadie más que tú!”.

Y así sigo flotando y queriendo verte cada día aún más que antes. No sé si serás el hombre de mi vida, pero sí sé que lo eres en este momento de mi vida. Me encantaría que esto funcionara, pero sino, créeme que con lo que llevamos hasta ahora me parece suficiente para creer que el amor sí existe.

Les presentamos a Mac que nos mandó esta linda colaboración que  nos llegó hasta el corazón. No es que alguna haya sido patas negras, no. Acá somos todas cabras temerosas de dios, no fumamos,  no tomamos ni bailamos apretado. En serio mamá 

 

Sentada al borde de tu cama, buscando mi ropa entre el desorden, buscaba también esos pedazos de mí que habían quedados tirados por ahí en el suelo la noche anterior.

Sin duda la luz del día cambió la perspectiva de las palabras que antecedieron a esta triste mañana. Yo sola sentada ahí, en una cama que no es la mía, en una casa distinta y que por todos lados grita el nombre de una mujer, que sin duda no soy yo.

Me tomo la cabeza y pienso, ¿en qué puto momento me subí a ese taxi y llegué hasta aquí? Viernes por la noche sola otra vez en casa, me había prometido a mí misma no verlo más. Para eso tenía que mantener ocupada esas noches. Él es deportista y entrena con regularidad, por lo tanto los viernes también “entrena”, conmigo. Yo ya me había cansado de eso y justo cuando pensé que la cosa iba en serio, me cuenta que tiene polola, sin mencionar que su “polola” era casi 15 años más joven que yo. Me vuelvo a tomar la cabeza y pienso ¡por la puta madre! Y me hice la superada, diciéndole: no es problema, está bien, sigamos así.

Hoy pienso y ni siquiera le puedo echar la culpa al copete… Mejor me visto rápido y salgo de aquí…

Tomo mis cosas, ordeno la cama y doy una última mirada al lugar donde pasé la noche. Siento pena, siento que se me rompió el corazón otra vez, a ratos me falta el aire, pero no me sale ni una lágrima… sin pensar mis ojos se clavan en la ropa, la ropa de ella que está ahí, junto con la de él.

Él, el que yo buscaba con tantas ansias conquistar, el que quería que viniera a mi casa a acurrucarme y abrazarme para que se pasara la pena o el frío. Me había costado tanto darme cuenta que sí, que quería estar con él, que quería que se transformara en un presente nombrable, presentable a la familia y los amigos; quería sacarlo de la oscuridad, de las visitas a las 4 de la mañana.

Pero yo no estaba ahí, yo no estaba entre su ropa, no era yo la que dormía entre sus brazos. Y fue como despertar de un sueño, caer de rodillas al suelo, esta vez para pedirme perdón a mí misma por lo que me he estado haciendo en este tiempo. He permitido que el desamor se vuelva algo normal y eso no es lo que me toca, me he obligado a vivir situaciones tan tristes, sin pensar en que no las merezco.

 

Salí del edificio, respiré profundo.

No contesté nunca más sus mensajes.

celosAl parecer ser celoso está en los genes femeninos y no importa lo que usted diga, en mayor o menor grado es celosa igual. (Puede encontrar su genotipo en este catálogo).

Pero hay algo que me interesa mucho y creo que es digno de estudio: ¿por qué nos ponemos tan hueonas cuando nos enamoramos? así, destacado.

¿Por qué rechuchas usted, señorita, cree que a ese pololo que tiene que antes no lo miraba nadie hoy todas y cada una de las mujeres del mundo se lo quieren comer?

¿En qué momento ese joven al que no le saltaba la liebre hace rato, que sufría por amor hasta que la conoció a usted, se transforma en un macho alfa galán sexual vikingo irresistible pinga de acero por el que las mujeres se derriten?

Yo he sido celosa y todas las mujeres a mi alrededor también. Algunas controladas luchan día a día por no ponerse hueonas y no tratar a su “irresistible” adonis como un objeto de su posesión porque entendieron que les hace mal, que sufren y se siente muy feo vivir insegura todo el tiempo pensando en que se las van a cagar. Superaron el trauma y dejaron las inseguridades y fantasías para el SPM, lo entendieron y dijeron: “Ok, esto que me pasa no es normal, quizás mis hormonas me hacen ver cosas” y lo controlan.

Otras viven de show en show en relaciones insufribles; “¿porqué la miras tanto?”, “¿porqué ya no eres tan cariñoso?”, “¿quién es esa que te escribe tanto en el face?”, “¿de dónde conoces a esa mina?”, “hablaste mucho con ella y a mí ni me pescaste”. Se enojan hasta con la tele si sale una mina que el macho encuentra rica y se compara con ella sintiéndose como la mierda. Algunas llegan al extremo y se loquean de verdad, revisando teléfonos, chat y hasta pagan para hackear el facebook del pololo o para seguirlo.

Todos sintiéndose mal, ella insegura, fea, poco querida. Él desesperado y cansado porque ya no sabe qué chucha hacer para tener contenta a la cabra que se enoja por todo y que no entiende que la quiere.

Si bien hay hueones muy frescos y caras de raja, – que más que una escena de celos necesitan un pasaje sin vuelta a solterilandia de una pura patá-, hay veces en que los celos sólo tienen cabida en la propia cabeza y van más allá de él y otras minas. Tiene que ver con celos de su tiempo, de lo que lo hace feliz, de sus espacios libres, de sus momentos agradables. ¿Suena patológico verdad? Lo es y quién siente eso sufre mucho.

La cosa es que al parecer, es verdad que todas llegan a sentir celos en algún momento y no hay que sentirse mal por eso, tampoco pescar mucho a la evolucionada tipo “nunca me ha pasado” porque compararse es el principal problema que tenemos las minas, querer ser perfectas y sentirnos mal y menos que otras porque no lo somos: el inicio de los celos.

Entonces, sin ánimo de aconsejar a nadie, quiero anotar algunas cosas que me han servido muchísimo:

1. Sentir o temer que “te van a cambiar por otra” muchas veces es un reflejo de “me van a cambiar por otra porque yo no soy suficiente”. En otras palabras, es pensar que están contigo porque no queda otra. Muy triste.

2. A veces a las minas nos hace falta pensar un poquito menos en que “no lo quiero perder” y más en “bueno, si se acaba, se acaba la hueá y si no, bacán”. Esa obsesión femenina insana con los amores para siempre nos priva de disfrutar lo actual o terminar relaciones negativas, estirar el chicle como le dice mi aweli.

3. Todo ese amor que usted siente por ese hombre no debe transformarse en idolatría, la admiración no debe llegar al punto en que te sientes inferior y que pienses que él es tan perfecto que todas te lo van a querer quitar… o sea.

4. Que te sientas incómoda con tu cuerpo, tu intelecto, tu situación económica o los cartones en la pared no es culpa de él. Él podría decirte todos los días que eres la mina más bacán del mundo y no le creerás igual, el arreglo hay que hacerlo en casa por amor propio y para no delegar nuestra felicidad en los demás.

5. Si la incomodidad sobre tu cuerpo, intelecto, situación económica o cartones en la pared no existían y ahora sí porque él de alguna forma lo hace notar, es porque ese tipo no es para ti, es dañino y se acabó. Patá en la raja y para la casa que la autoestima es frágil y hay que cuidarla.

6. Que las muestras de cariño no se exigen, se reciben y sólo cuando el otro las quiere dar de forma sincera. No como nos enseñaron las películas, no como el pololo de tu amiga que es tan, tan romántico más conocido como: “¿y por qué tu no hací eso?”. A veces hay que aprender a conocer al otro sacándose el deber ser de encima, porque si a su mino lo criaron como un robot, que un día te mande un corazón por whatsapp ya es caleta para él y quizás eso es más valioso que recibir flores y frases de Chick-flick todos los días.

7. Que siempre van a existir minas más ricas y más feas que tú y eso está bien porque el mundo es así. Asúmalo y bote la Cosmopolitan.

8. Que la gente no es nuestra y tiene entretenciones, pasatiempos y amigos. Y que quiera ocupar tiempo en ellos sin ti no significa que te quieran menos.

9. Que ese que usted tanto adora,  es así gracias a amigos, familia y todo lo que lo rodeaba antes de conocerte a ti. Querer quitárselo es matarlo de a poquito, a usted y él. Nadie se merece tal cosa.

10. Que si te van a cagar, te van a cagar igual aunque estés encima de él todo el día y no te darás ni cuenta.

11. Que los celos no son otra cosa que un miedo patológico a perder a alguien que no es tuyo.

12. Que si un día te rompen el corazón en algún momento se va a sanar así que mejor no viva preocupada de hueás.

13. Que necesitar atención constante, única y exclusiva de él hacia ti, no es sano para nadie.

14. Que hay que respirar hondo y pensar antes de dejar la cagá por algo que puede estar sólo en tu cabeza o en tu baja autoestima.

15. Que lo más lindo del amor es confiar.

Eso.

En el fondo, bien en el fondo usted sabe lo que tiene al lado. Disfrute de su amor y no piense hueás que por algo están con usted.

Shao

Es como tu mejor-mejor amiga de la adolescencia, de esas que erai poto y calzón, pero con tula. Te mira las uñas y enchueca la boca si no le parece como te las pintaste o no te combinan con lo que llevas puesto. Te afirma la puerta del baño o te piropea si le parece que tu look es perfecto. Te quita el celular cuando vas a cometer el crimen de llamar de nuevo a ese conchesumadre y te dice “No hueona, cualquier cosa, pero esa hueá no” o te emperifolla como si fueras la drag queen de la hueá y te incentiva a que te sientas la más rica del planeta. Y tiene razón. Porque también tú has estado en la misma con él, porque al gay como que le gusta esa cosa de la emoción, de la sufrida y de la full producción-arreglada-máxima y a una también. Te complementai.

Tiene permiso para decirte y hacer todo lo que un hombre no puede, porque te ofenderías terriblemente. Te puede decir HUEONA, MARACA, PUTA, SUELTA, YEGUA ( y todos estos apelativos juntos o en diversas combinaciones) pegarte una nalgada, agarrarte una teta, sentarse encima tuyo y un largo etcétera y tú dale que te da risa. Anda a ver si alguno de los otros te dice lo mismo, qué dices. Al amigo gay le aguantas y haces cosas que no le aguantarías a nadie, porque simplemente tienen una cercanía única. Una suerte de matrimonio sin sexo, una sensación de seguridad, porque ese hueón además de todo lo bueno, no te está mirando el escote ni te quiere pa’ culiar. Te está escuchando, te está aconsejando. ¡Ay, amiga!

Es el que sabe cómo piensa un hombre porque él también lo es. O sea, es básicamente un infiltrado en el mundo de los hombres, que te reporta de las cosas que piensan y que NUNCA te dirán: “Amiga: Ese hueón está con otra mina, OBVIO”, “Ya mira, ya caché, lo que pasa es que le caís bien pero no quiere seguir tirando contigo”, “Hueona, yo ví cómo te miraba y un hueón que mira así es porque lo tenís loquito”,  “Igual el loco ha sido buena onda, es ahueonado, pero fíjate que pa’ tener esos detalles siendo hombre…”, “Al loco no se le para porque…”,  etcétera. O sea, todas esas cosas que se te pasan por la cabeza y que tus amigas te dicen que no pa’ que no sufrai, él te las dice no más. Con cariño, pero sin anestesia. Porque el loco, en el fondo, es hombre.

Lejos puede ser uno de los mejores paños de lágrimas del mercado. Te entiende, te aconseja, te mima, te aleona y te dice que no te puedes quedar ahí, pasiva, como gallina de loza. Porque no pretende comerte, como podría ser en el caso de otro hombre o agarrarse al mino por el que estás sufriendo, osea, está fuera del target de preocupación. También se conectó con su lado femenino, con la delicadeza, con los afectos, con el demostrar, con el ponerse bien los pantalones, la falda, la boa, los tacos o lo que fuera. Con ese lado maternal-femenino-geisha-zorra, incluso más que tú.

Tiene sentido del estilo y de la estética que dan ganas de decirle que les dé charla a todos esos hueones que nunca aprendieron a combinar colores o a verse bien, porque el hueón parece que nació con ese buen gusto. Vaya a saber uno si viene de fábrica, si su medio lo ayudó, la cosa es que a veces se transforma en además tu mejor coolhunter, porque como decía el punto 2, además te va a decir EN SERIO si no te queda bien.

Te mostró su mundo y le encantó que supieras lo que era. Te enseñó que Manhunt era bastante menos ahueonada y bastante más directa que Tinder. Cada vez que tarareaste frases como “La pantera duerme en mi ropa interior”, te decía “hueona, esa canción que me encantaaaa” y sabías perfectamente que era de Mónica Naranjo, aunque la mayoría de tus amigos hétero no tengan idea quién es. Se cagaron de la risa con  Amigas y rivales y el backstage del mismo programa;  hace rato se te había pegado el decir “PAVRE”, mucho antes de twitter  y hasta bailaste una salsa con el Ché de los Gays.Y cuando fuiste a otros locales gays sin él, le encantó y preguntó por ese par de locos que seguro que andaban ahí y que seguro no se quería encontrar. Porque como eres su amiga, le encanta que compartas con él ese mundo también.

A veces es como si fuera el hombre ideal, pero ni en 20 reencarnaciones ni aunque naciera de nuevo, al hueón le gustarían las minas, pero apuesto que más de alguna vez pensaste que te gustaba, porque como era posible que un hueón fuera tan bacán. Es ideal porque el hueón te entiende, le gusta la labor doméstica, te acompaña, te apaña, te hace reír y con un par de encachás hasta se ve mino. Pero no. Es gay, le gustan los hombres. Puede ser tu perfecto wingman, ese que te sirve de pantalla si es necesario o de protección al final del mambo. O incluso, en un extremo, a lo Bombal, podría ser tu marido ¿Qué cosa más bacán sería que él fuera tu pareja si el loco tiene todos los atributos que te encantaría que tuviera alguno de esos pelotudos con los que has estado? Fiel, el más fiel que todas las zorras de tus amigas. El hombre ideal en otra dimensión, el más prohibido de todos pues no le gusta lo que a tí te encantaría. El verdadero hombre ideal… pero para ser tu amig@. Tu buen, incluso, mejor amig@.

Nombre: El jote cibernético

Descripción: Un poeta del teclado, un don Juan del chat. Gracioso y canchero siempre tiene la frase perfecta a flor de dedo, el romanticismo a un solo click. Mayores detalles los encontrará en.

Técnica de  ataque: Todo parte por un “qué linda te ves en esa foto”, para después enviarte videos, memes, comentar y dar “Like” hasta a tus “jajaja”. A la primera respuesta positiva que tenga de ti, atacará por chat o dm,  hasta que agarre confianza para mandarte incluso los buenos días en la mañana y un “que descanses, hermosa”, en la noche. Siempre enterado de la contingencia, te manda todo tipo de ciber obsequios: links, textos, música y gif de gatitos. Un hombre muy culto, que  te sorprenderá en la mañana buscando conversa del tipo: “¿Supiste del atentado en Siria?, estoy impactado”.

Pero ojo, no importa cuánto te caliente, al único contacto que puedes aspirar con él es a  un cachondeo por webcam (no recomendable por cierto, mejor use snapchat) o un chat cochino, porque este ciber galán, huirá cual conejo del lobo a la primera señal de avistamiento de cita, donde no lo proteja la pantalla de su computador por tres razones:

a) Tiene agorafobia

b) Es un vampiro que se destruye con la luz del sol

c) Te dijo que era más musculoso que Vin Diesel y en verdad se parece a Fido Dido

d) Tiene mina.

Frase común: “Qué sexy tu avatar, ¿de dónde es esa foto?”

 

Nombre: El avicultor

Descripción: Un verdadero galán, sensible, adora la naturaleza, las puestas de sol  y las canciones con guitarra (también se le conoce como “el sembrador”.  Interesante y con miles de temas para compartir, siempre tiene la frase correcta a flor de piel, para hacerte reír o para consolarte. Pero no sólo a ti, a sus amigas y a tus amigas también. Con tiempo y paciencia logra su cometido.

Técnica de ataque: Él va tirando alpiste a las avecillas que encuentre por el camino, siendo galán y atento con todas, dejando un séquito de babosas pajaritas atrás.

Muy parecido al ciber jote y a el sembrador, se queda en el puro coqueteo. Es un calienta sopas profesional que la tendrá ahí, toda confundida, no sabiendo qué carajos quiere este tipo que aún no le da el mordisco.

Él no se apura, puede estar un año coqueteando sin lanzarse, lo que termina por hacer que tú te termines lanzando encima de él en un arranque de pasión por haberte tenido tanto tiempo a puro  pan y agua.

Frase común: “¿Estás triste?, ¿quieres hablar?”

 

Nombre: El amigui o el forever friendzoneado

Descripción: A este lo conocemos todas, es el paciente amigo fiel. Siempre atento a tus necesidades: te compra helado cuando tienes pena, te abraza cuando estás falta de cariño. Antes que te pase algo, él ya te está llamando para saber cómo estás. Se hace amigo de tus amigos, familiares y pololos. Sería el hombre ideal… si te calentara.

Técnica de ataque: Siempre está a tu lado, en los momentos difíciles estará dispuesto a prestarte su hombro o quitarte la pena a punta de pene. Diciéndote cosas lindas para subirte la autoestima: “pero qué tipo tan imbécil, perder a una mujer como tú”, “si yo fuera él jamás  te hubiera dejado irs” Es el amigo cariñosito que intenta abrazarte y apretujarte cada vez que puede: “te quiero tanto amiga, ven, dame un abrazo” o te corre la cara cada vez que pueda, a ver si por ahí caes y por fin le das la tan ansiada pasada, y sino, seguirá esperando hasta que tenga una polola que lo haga olvidar, cosa que no asegura que perderá  la esperanza de que le resulte contigo.

Ojo, este no es el amigo/hermano/comparre de verdad. Este se hace el amigo porque te tiene ganas.

Frase común: “Amiga, sabes que puedes contar conmigo para lo que sea. De verdad, para lo que sea… lo que sea”   :*