“How can a woman be expected to be happy with a man who insists on treating her as if she were a perfectly normal human being” – Oscar Wilde

funny-pictures-porn-watching-catVH-El porno, ese viejo amigo de la vida que nos ha acompañado en tantos días solitarios y también acompañados… en fin, el porno, tan necesario en nuestras vidas, en su afán de satisfacer sólo a las masas masculinas, nos ha traído más de un problema que hasta ahora no hemos podido resolver.

A mí me gusta el porno, el hentai y el lésbico son mis favoritos, hay algo erótico en ellos que me satisface más que el pa’dentro y pa’fuera, pero como buena asidua a él, me he dado cuenta de que no soy una comensal a la que inviten a ponerse cómoda cuando entro a sus páginas, más bien me siento como en un club de fútbol de barrio donde las minas sólo sirven para hacer barra, porque, muy simple: no lo hicieron para nosotras.

Pero veamos qué problemas nos ha traído este porno hecho sólo para ellos:

1.- Se olvidaron de tocar

Se han dado cuenta, amigas ¿que hay hueones que quieren puro meterla? Y no en el buen sentido, sino que así no más, sin preparación, ni cariñito, ni beso ni una agarradita de teta siquiera. No, fuerte y derecho, al centro y pa’dentro. Y claro, el cabro empezó a pelar su banana con la rubia exótica de”Nalgas Cremosas II: Aventuras en Miami”, que al primer “hello baby” se bajaba los calzones y estaba lista. Así creció, pensando que la vida era fácil y que para un orgasmo sólo bastaba que su sacrosanta pija entrara al altar.

Entonces ahí está una, mientras el lolo juega a meterla y sacarla, tratando de disimular la cara de aburrida pensando si se irá a demorar mucho en irse o hay que empezar a fingir.

La porno de verdad, no fingida, empieza cuando él lo hace contigo: está ahí, presente y no actuándola. Te agarra, te aprieta, te chupetea, te lengüetea, se le distorsionan los ojos cuando te mira las tetas y se las lleva a la boca, usa la lengua, te agarra la cintura y el rollito. Te amasa el culo, lo abre, lo cierra lo acaricia… ay, me calenté.

2.- Les puedes fingir un orgasmo

Sí, todos vieron “Cuando Harry conoció a Sally”. Es muy, muy fácil fingirle un orgasmo a un hombre, pero no a cualquiera, sólo al que se convence con el gemido porno. Quizás porque quiere creerlo, quizás porque en realidad no le importa que lo estés pasando bien de verdad, sólo le basta con que gimas para sentirse satisfecho y como es fome, porque él está recreando la porno con primer plano de mete y saca, tú gimes más fuerte y más y más Y MÁÁÁÁÁÁÁS y se fue… por fin. Y no me venga con que “yo nunca he fingido” porque todas algunas vez nos hemos topado con un tipo tan fome, o tan incómodo, que no hay nada que hacer más que lograr finalizarlo pronto.

En la porno de verdad, el muchacho está pendiente no sólo de tus gemidos sino también de tus respiraciones y movimientos, él se calienta con tu calentura, así es que no va a dejar pasar ciertos detalles que a él lo dejan con la erección de acero, por ejemplo y tan fácil, como que estés húmeda (o mojadita como me gusta a mí). Así, si te toca y estás como el desierto de Atacama, no importa cuánto grites, él sabe que no lo estás pasando tan bien.

3.- Nunca seré Jessica Rabbit

Está absolutamente fuera de mi genética y de mi bolsillo, tener 105 de tetas, 48 de cintura y 99 de raja, absolutamente fuera de mi realidad y de aquella de las minas que conozco. Para ser siglo XXI, aún hay demasiadas mujeres que apagan la luz para tirar y que no las vean, porque se ven demasiado lejos de la imagen porno que calienta.

No voy a hacer un tutorial para tirar bien porque he aprendido con la edad maraqueo que lo rico o no rico es muy subjetivo, pero sí puedo decir que no se necesitan 45 consejos Cosmo para saber que olvidándose del rollo del cuerpo, se desenrolla la cabeza y ahí es cuando una empieza a gozar y a sentir, a disfrutar cómo te toca entera, lo mira todo, te besa todo, te aprieta todo y una se suelta y se empieza a sentir la Sasha Grey de su propia porno casera.

4.- A lo muñeca

Hay hombres que tienen la depilación completa como requisito, incluso hay algunos que no hacen sexo oral si no estás depilada, así de simple. Cada loco con su tema, pero qué pena para la autoestima tener que siempre cumplir las cláusulas de un contrato para que te hagan cositas ricas, cuando lo único que una pide para dar amor, es la limpieza.

5.- Me demoro mucho buscando porno que me guste

Porque no está hecho para nosotras, ¿sabía usted que el porno que más nos gusta a las mujeres es el lésbico? ¿Y sabe por qué? Porque es el único porno dónde a la mina la tocan y no sólo le están metiendo la pija. Las lesbianas son más delicadas; tocan a la amiga, la calientan, la besan, le lengüetean las tetas, la hacen sentir rica, cosas que saben que a una le gustan porque sienten lo que una siente. Aguante el porno lésbico, el único porno dónde uno puede creer que la mina de verdad está súper caliente.

6.- No se puede culiar con tanto maquillaje sin terminar como mapache

O quizás mi maquillaje es muy penca y debo cortarla con Natura, porque cuando una hace sexo oral con amor, ese que se hace con la devoción de chupárselo al hombre que ama (no hay chupada más real que esa) se te corre hasta el punto de la media y quedas más parecida a “It” que a la jovencita de teleserie venezolana. Imagínese en pleno febrero, mandándose una maratón a las dos de la tarde: tu cara será una obra de arte, pero un Pollock.

7.- Toparse con un adicto al porno es un cacho

Un cacho de paraguas muchas veces, porque volviendo al punto tres, el tipo necesita a la mujer que lo guió en sus cachas juveniles para calentarse y ella está en Miami filmando “Nalgas Cremosas: volumen XV”. Entonces las minas normales como usted, como yo y como la mayoría, no lo satisfacen, a menos que le montes el Circo Ruso arriba de un caballo en patines. Un cacho para la autoestima que necesita ayuda profesional.

8.- Por detrás; muy común del porno pero no es tan fácil como parece

No a todas las mujeres les gusta porque no todas son iguales y no todos los penes del mismo tamaño. Hay mujeres que son muy delicadas y requieren mucha preparación o simplemente no lo pueden hacer porque no lo disfrutan, otras lo hacemos con gusto porque tuvimos la suerte de tener un compañero que tuvo paciencia y delicadeza para mostrarnos lo rico que puede llegar a ser, sin ser tan catete. Una vez que se cruza ese umbral ¡no hay vuelta atrás! O más bien sí, porque cuando le agarras el gustito puede llegar a ser increíble.

PD: sin preparación a él también le duele y mucho.

9.- Los tríos no son tan simples como uno cree

No es tan fácil encontrar un compañero o compañera con quien coordinar y compatibilizar en lo que para uno significa tirar rico, ¡imagina encontrar dos! Armonizar los tres sin que nadie compita o arranque solo o entusiasmarse con uno y que el otro quede tirado, peor si hay una pareja y un extra… hay que pensarla bien, encontrar la gente adecuada y bajar las expectativas de que sea perfecto.

Por ejemplo, si las dos minas no son curiosas y no interactúan es un verdadera lata y presión para el lolo, que no va a saber que hacer para dejarlas contentas a las dos.

10.- No a todos se les para automáticamente

Algunos (la mayoría diría yo) también quieren que una los toque, los agarre y besuquee, que los haga sentir ricos y que una les muestre que está caliente o los guíe en lo que los calienta, porque no son adivinos. A ellos también se los jodió un poco el porno que espera de ellos un pico parado siempre, eternamente erecto y que se vaya cinco veces seguidas. No es así y no tiene porqué serlo. A veces una larga basta y una cortita también, para todo lo demás, están las películas o los dildos; para sexo rico estamos las personas y todo lo imperfecto que eso significa.

Estamos cagadas si queremos que la industria se haga cargo de los traumas que nos crearon, tampoco le vamos a cambiar los gustos a los fanáticos, pero uno sí puede decidir qué mandar a la mierda y qué no. Si ese tipo está agarrándote las tetas con una erección que revienta, es porque no eres tan charcha y algo de ti, de la mina chascona en pelota a su lado le gusta ¿no?

Veamos porno para calentarnos y después apaguemos la tele para concentrarnos en tirar.

Yo sé que más de alguna madre de ustedes por ahí, les dijo cuando eran adolescentes que para sobrevivir a este mundo se debe “elegir las batallas”. Así como su forma de decirte que, como no las vas a ganar todas, mejor elegir a cuáles ponerle pino de verdad. Bueno, hoy quiero hablar de una de las más inganables de todas, según yo: las antireglas de la soltería.

Sí, ya dimos harto jugo con esto en el libro (<3), pero me quedé pensando lo mucho que me alegra la suerte de “ola de desnaturalización” de los conceptos sexistas y machistas que nos han acompañado desde nuestra niñez y que ahora hacen ruido de forma más colectiva. Hasta pa’ ser soltera estás marcada por un falo¯\_(ツ)_/¯, o sea, ni siquiera en la carencia de compañía masculina nos libramos, igual somos “relativas a”. Revisemos:

1.- Te falta pico:
Cada vez que estás enojada, alterada, enferma o con la regla, el mundo lo atribuye a que te falta pico para ser feliz. Porque obvio que es la única manera de ser feliz y a todas nos falta si no tenemos uno entrando y saliendo cada cierto rato.

2.- ¡Maraca!desk_flip
Si ~evidentemente~ no te falta pico, entonces te has puesto muy suelta y/o has bajado tus estándares. Como te faltaba pico, decidiste dejar de ser tan quisquillosa, empezaste a prestar el cuerpo a lo que viniera, y ahora eres “damaged goods”. Porque el equilibrio perfecto no existe si no estás en pareja: O eres puta o te falta pico.

3.- Eres inmadura y te falta crecer.
Tu madurez emocional es tuya, sí, muy en toda la volá de amar, comer, correr, cocinar, rezar y eso. Pero cuando llegas a cierta edad soltera, las reglas sociales dicen que tienes que “conocerte a ti misma”, “aprender a estar contigo”, “quererte”, etc. Pero ¿¿para qué?? PA’ PODER ESTAR CON ALGUIEN PO’. La titulación final de tu universidad emocional es efectivamente tener una pareja estable que no sea un saco de weas y que le demuestre al mundo que ya no eres una histérica maniática incapaz de amar. Miren, ahora soy bacán porque soy como todos ustedes y me pesca un hueón relativamente normal. Yeaii.

4.- Estás muy vieja para eso.
Nuestra sociedad diaboliza la vejestud femenina y, al contrario, enaltece la masculina. Así, para muchas cosas, cuando llegas a la edad en que ser soltera es un “algo” (a los 20 es un nada, es un estado de paso y perdonable entre parejas, al menos para el mundo), estás demasiado vieja para ir a bailar, por ejemplo (las discos son de uso exclusivo de los sub 27 como máximo), muy vieja pa’ hacerte un tatuaje, muy vieja para seguir esperando pa’ tener guagua, incluso muy vieja para elegir con cierta complejidad al hombre con el que quieres pasar el resto de tu vida, porque ya no te puedes regodear, maldita vieja.

5.- Debes tener “algo”.
Esto corre tanto para hombres como para mujeres, pero en los hombres es como 10 años después, o 15 incluso, porque, nuevamente, sexismo. Llegar a esta edad en la que ser soltero/a es tema, implica que ALGO contigo no está bien. Obviamente si no estás en una relación llegado cierto momento de tu vida, es porque eres una mierda de persona, un sociópata o psicópata incapaz de sentir empatía. Una hueona loca imposible de amar, demasiado complicá, bruja, etc. Básicamente eres una lacra de ciudadano. Y, cuando no lo eres, porque evidentemente el mundo se da cuenta de que no estás loco/a, se rascan la cabeza y se cuestionan todo en la vida: ¿Cómo es posible que él/ella esté soltero/a?? ¿Qué cagazo estará pagando ese pobre ser humano? ES UN DESPERDICIO.

  • Bonus track: el hoyo negro
    Le puse así a la dicotomía fundamental en la vida de la soltera:
    “¡Me quiero casar!” : Hueona loca, desesperada, así nadie te va a querer, con ese vestido en la cartera, patética.
    “¡No me quiero casar!”: Hueona amargá, enciérrate en tu cueva, si igual, quién te va a querer, loca psicópata. Patética.
    La soltería, cuando es tema, es un maldito candado chino.

Así es que ya sabes, si se te ocurre la imbecilidad de ser soltera en esa edad en que todo el mundo te juzga por ello, lávate las orejas con puré, practica el fino arte de mandar mentalmente a todos a la súperchucha  y cuídate(la-lo).
Cariños,

Javi :*

4-73

Tenía la fantasía hace mucho rato; dos hombres para mí. Dos lenguas, cuatro brazos y dos penes para complacerme. Porque esa era mi fantasía: que me complacieran, que me acariciaran y besaran dándome placer, yo eligiendo quién me penetraría, dónde y a qué velocidad.

La figura de tener sexo con dos hombres, uno por cada lado, poniéndome en la posición que ellos quisieran no me excitaba en lo más absoluto y al contrario, me provocaba cierto temor; temor de perder el control y que me doliera, así es que opté por esperar hasta encontrar al adecuado que me ayudara a encontrar al otro adecuado.

El señor Adecuado, -desde ahora, ‘A’- era mi tiramigo, un gran tiramigo por cierto; generoso y atento, encontraba placer calentándome, le gustaba llevarme a la desesperación alternando su lengua y sus dedos hasta que le pidiera, suplicando por favor que me lo metiera.

Le di la idea cundo me contó que era un voyerista, que se calentaba mucho viendo a otros teniendo sexo o imaginándome con otro: “ésta es la mía” pensé, y le pregunté con delicadeza qué le parecería verme con otro o incluso invitar a un tercero. Los ojos le brillaron de esperanza y accedió.

Le hablé de mis condiciones y miedos, él me respondió que jamás permitiría que alguien me hiciera algo que no quisiera y que lo importante era que yo lo disfrutara. Así comenzamos la búsqueda; practicamos doble penetración con juguetes (tiene técnica) y fuimos a bares swinger en busca del tercero, pero la falta de confianza en desconocidos nos hizo buscarlo en nuestros círculos.

La verdad es que no fue nada de fácil y estuvimos buscando al esquivo tercero durante un año; la mayoría de los hombres quieren hacer un mujer-hombre-mujer, pero muy pocos se atreven a un hombre-mujer-hombre por el miedo a “lo gay” (ustedes saben lo delicados que son con ese tema que el choque de espadas y “qué pasa si se equivoca y me lo pone a mí” les da pavor).

Cada uno buscaba por su lado, atentos a cualquier conversación cochina de carrete donde los amigos más deslenguados sacaran el tema.

Hasta que un día:

– ¡Lo encontré!

– ¿Mi calzón calipso?

– No, ese nunca apareció. ¡El tercero! Mira, te mando sus fotos de Facebook. Es un compañero de la U, recién terminó una relación y quiere hacer todo que con la polola no pudo; o sea, trío.  Sacó el tema y le conté de ti jajajaja y prendió.  ¿Te gusta? Lo encuentro encachado, como de tu gusto, encachao’ como yo, jajajaja.

– Oye sí, es guapo, ¿pero le hablaste del asunto como lo conversamos?

– Según lo que he indagado, es  generoso como dices tú y le dije que carreteáramos un día para que te conociera y decidieras tú.

Así, nos juntamos un día con el señor ‘B’, solo para conocerlo y ver si me movía las hormonas (y ojalá el clítoris). Me gustó de inmediato, hablamos de sexo e indagué en sus gustos y sus historias que después de un rato, ayudadas por lo tomado y lo fumado, me fueron calentando.

Tomé la iniciativa y me acerqué a ‘A’, empecé a besarlo suavecito, apretando las tetas contra su torso. ‘A’, que me conocía bien, sabía que esta era una invitación y empezó a tocarme la pierna y la subió a la suya para agarrar mi cadera por debajo de falda, sin prisa, como si estuviéramos solos.  Subió sus manos de a poco y comenzó a jugar con mi escote. A mí se me había olvidado el señor ‘B’ cuando lo sentí sentarse a mi lado derecho y empezar a tocar mi pelo de la nuca con su nariz, empezó a apretarse más, pero yo aún no lo miraba, absorta en los besos de ‘A’.

El señor ‘B’ hizo lo mismo que ‘A’ y comenzó a tocar mi pierna subiendo suavemente con su mano hasta mi muslo descubierto. Llegó hasta mi minúsculo calzón y empezó a jugar con él, llevando su mano cada vez más cerca de mi pubis.

A esas alturas yo estaba en éxtasis, humedecida  totalmente, cuando llegaron sus dedos a mi vagina. Sin apuro, movió sus dedos suaves por el contorno antes de empezar a masturbarme, deje de besar a  ‘A’ y me puse de frente entre los dos para recibir sus atenciones: ‘A’ besaba mi cuello y tocaba mis pezones, ‘B’ me besaba en la boca mientras me masturbaba.

‘A’ paró y me tomó la mano para llevarme a la pieza. Me desnudaron entre los dos y me senté de espaldas encima de ‘B’, a la orilla de la cama, y mientras ‘A’ empezaba a hacerme sexo oral, comencé a moverme encima de ‘B’, masturbándolo con el culo mientras me tocaba las tetas, sentado y apretándome fuerte, respirando en mi oreja; se sentía su agitación, su erección era gigante y se movía a la par conmigo.

El señor ‘A’, muy alfa, se detuvo. Le dije a ‘B’ que se acostara y me puse encima de él, para instalar un condón en su hermoso pene antes de penetrarme: “no creo que dure mucho”, me dijo, yo lo besé tiernamente y disminuí la velocidad. Hicimos contacto mientras ‘A’ solo miraba extasiado; paré y lo invité a levantarse. ‘A’ se acostó y yo me subí encima de él de espaldas, para que me penetrara por atrás. Quería sentir la doble penetración y no se me ocurría de otra forma, además ‘A’ era el principal, y atrás iba él y solo él.

Mientras ‘A’ me penetraba por atrás, ‘B’ me miraba atento, comenzando a tocar mi vagina con sus dedos. Lo miré con complicidad y tomé su pene para dirigirlo a mi vagina. Tenía uno abajo en mis espaldas, y el otro dispuesto a penetrarme por adelante. Comenzó a besarme y tratar de penetrarme pero no entraba. Lo ayudé moviéndome y guiándolo pero no había caso: el pene de ‘A’ era muy grande y no dejaba espacio para que entrara ‘B’ por delante. Después de un rato de intentarlo, se conformó con masturbarme y hacerme sexo oral -debo decir que ‘B’ era un experto en sexo oral o no sé si yo estaba muy caliente, pero acabé de inmediato, al igual que ‘A’. Fue uno de los mejores orgasmos de mi vida, la cantidad de sensaciones era increíble, no sabía de qué parte de mi cuerpo venía la mayor excitación, o si lo era todo.

Me separé de ‘A’ y me acerqué a ‘B’ a gatas, mirándolo aún muy erecto y le saqué el condón para tocar la punta de  su pene mojado y brillante con la yema de los dedos, lo tomé de abajo y le pasé la punta de la lengua como una gatita tomando leche; él ya no me miraba, tenía la cabeza hacia atrás disfrutando mis atenciones. Lo metí a la boca y comencé a chupar suavemente acelerando la velocidad y apretándole la base del pene de a poco… lo hice con tanto gusto que se fue rápido.

‘A’ yacía donde lo dejé con los ojos cerrados, y ‘B’ a los pies de la cama de la misma forma. Me sentí una triunfadora, mi fantasía se cumplió con creces y mis compañeros fueron los correctos.

Ahora solo me falta encontrar la forma de lograr que hagamos la doble penetración.

“¡¡Hola, hola, qué tal!! ¡¿Cómo están todos?! ¡Bienvenidos a la mañana de Pepitoo! Con toda la energía, saludamos a todos nuestros amigos que nos están escuchando, en especial a nuestra querida Juanita que siempre nos escribe y nos manda buenas vibras, guachita linda pechocha ¡eres la mejor!”

Tu locutor favorito, mientras tú te desmayas en pijama <3

Estas semanas nos ha tocado ir a radios y canales de televisión gracias a nuestra guagua, “Jotes y Pasteles, Manual de Chilean Lovers” <3. Con tanto paseo a switches y micrófonos, no pude evitar acordarme de un jote de mi adolescencia, es parecido al Artista, porque tiene y usa ese mismo efecto fama que derrite churrines. Conozcamos al Jote Locutor de Radio.

Puede que le digan “DJ Freddy Krueger” con justa razón, pero tú igual lo encontrai rico. Puede que ni siquiera le hayas visto la cara pero te lo imaginas como el hermano mino de Brad Pitt y es suficiente. Así es el efecto del jote locutor. El sujeto tiene una voz que te mata, una risita hueona provoca tiritones y una frase típica que a estas alturas ya te da los turururus de puro enamorá. Eres una groupie sin mucho remedio y te despiertas a las 6 am en vacaciones sólo para escuchar su programa desde el principio.

Te gastaste todos los minutos del celular al 17 del mes porque llamaste para todos los concursos, hora feliz, tanda de saludos y no puedes más contigo misma porque el loco reconoce tu voz, se acuerda de tu nombre y te dice “Juanita liiiiiiinda, mi amorcito cómo le va, nos tienes botados! ¿Qué vamos a escuchar esta mañana guachita hermosa?” (Silbidos, aplausos y suspiros envasados de fondo).

Hasta ahí todo inocente, hasta que te ganas las entradas a la fiesta del año que organiza tu radio favorita. Es tu oportunidad de conocer al famoso DJ Care’poto y la de él para ver si tus fotos de redes sociales se condicen con la realidad (porque obvio que ya te sapeó y te encontró rica).

Y como te encontró rica (insisto, nada de esto pasa si no te encuentra potable al menos), se las arregla para pasarte él mismo las entradas; chao con la productora buena onda a la que le toca pasarle los premios a los feos y feas, como es habitual. El jote locutor de radio se guarda sólo para las posibles cachitas ocasiones especiales y como se sabe un poco estrella, se da sus lujitos, como la posibilidad de jotearte en persona.

Como tú te vas a desmayar de la emoción, ni siquiera te das cuenta que te están tasando, o te importa un pico y llegas a la radio más arreglá que mesa de cumpleaños, con tanto push up que en cualquier momento tuh peshoh invadirán algún territorio. Todo muy romántico <3

Ya en el terreno del joteo, nuestro amigo locutor te mete conversa (es OBVIAMENTE seco para eso) y quedan de juntarse en la fiesta, donde te llevará al vip, y hasta le pide al productor que anote tu teléfono para que se pongan de acuerdo y eso. “Qué rico conocerte”, “¡¡Eres demasiado simpática!!”, “Oye tu voz es súper radial, deberías grabarnos una cortina…” (true story, Y LA GRABÉ). 

Y bueno, te dio un infarto y te moriste y nunca sabremos cómo termina tu historia de amor. NO, MENTIRA, te fuiste a tu casa flotando en una nube a probarte el closet completo y el de tus amigas. El efecto jote locutor de radio te tiene mal y ya a estas alturas le prestarías todo, TODO, de puro amor ¿vamos entendiendo cómo funciona esto?

Pudahuel es mi radiooooooo

Como ya dijimos, para llamar su atención tienes que contactarlo en su hábitat: el programa de radio. Hazte la chistosa, la cocoroca. No es necesario que lo stalkees en cuanta red social lo encuentres, a este jote no le gustan tanto las minas que le tiran los calzones por mensaje directo, prefiere que se los tires cuando están en persona. Obvio. Como te buscó pa’ ver si la voz era tan rica como el cuero (esto es en la época actual, porque cuando yo fui adolescente era pura cuea si la mina era rica o no. No había Facebook para comprobarlo), probablemente ya se siguen en Twitter y te dice cosas como “Tenís que venir a vernos, ven a darte una vuelta por la radio 😛 ;)” o “Cachai esta canción? Es de un tipo que conocí hace poco, encuentro que hay que fomentar la música chilena…” (link de canción muy romántica de Nano Stern o alguien así) o incluso las clásicas del Ciberjote como “Qué linda/cool tu foto, ¿¿dónde te la sacaste??”. Así te va metiendo conversa, después te manda saludos al aire cuando le tuiteas un piropo y te tiene completamente cociná.

Volvamos a tu historia de amors: cuando llegas a la fiesta toda cenicienta pero sin hora tope, te busca, te saluda y tú mueres de amor y te juras la señora DJ Chewbacca pero OJO, disfruta tu noche estelar, pásalo bien y recuérdalo como una bonita aventura, porque es altamente improbable que seas la primera, la última o la única auditora regalona de este Atila care’combo y voz de guachón rico churrasquito palta.

Besitos!

:*

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¡Estamos llenitas de amor y felicidad!

Quedamos muy sorprendidas por la cantidad de gente que participó en nuestro concurso ♥.

Sorteamos 2 libros de nuestro amado Jotes y Pasteles, Manual de Chilean Lovers y luego de una (no menor) búsqueda, ¡logramos encontrar a nuestras 2 ganadoras!

¡¡¡Felicitaciones Marina y Maka!!!

Nos juntamos con ellas en un conocido pub de Santiago y les hicimos entrega de sus premios personalmente, además de dedicarles el libro especialmente ♥