“How can a woman be expected to be happy with a man who insists on treating her as if she were a perfectly normal human being” – Oscar Wilde

celosAl parecer ser celoso está en los genes femeninos y no importa lo que usted diga, en mayor o menor grado es celosa igual. (Puede encontrar su genotipo en este catálogo).

Pero hay algo que me interesa mucho y creo que es digno de estudio: ¿por qué nos ponemos tan hueonas cuando nos enamoramos? así, destacado.

¿Por qué rechuchas usted, señorita, cree que a ese pololo que tiene que antes no lo miraba nadie hoy todas y cada una de las mujeres del mundo se lo quieren comer?

¿En qué momento ese joven al que no le saltaba la liebre hace rato, que sufría por amor hasta que la conoció a usted, se transforma en un macho alfa galán sexual vikingo irresistible pinga de acero por el que las mujeres se derriten?

Yo he sido celosa y todas las mujeres a mi alrededor también. Algunas controladas luchan día a día por no ponerse hueonas y no tratar a su “irresistible” adonis como un objeto de su posesión porque entendieron que les hace mal, que sufren y se siente muy feo vivir insegura todo el tiempo pensando en que se las van a cagar. Superaron el trauma y dejaron las inseguridades y fantasías para el SPM, lo entendieron y dijeron: “Ok, esto que me pasa no es normal, quizás mis hormonas me hacen ver cosas” y lo controlan.

Otras viven de show en show en relaciones insufribles; “¿porqué la miras tanto?”, “¿porqué ya no eres tan cariñoso?”, “¿quién es esa que te escribe tanto en el face?”, “¿de dónde conoces a esa mina?”, “hablaste mucho con ella y a mí ni me pescaste”. Se enojan hasta con la tele si sale una mina que el macho encuentra rica y se compara con ella sintiéndose como la mierda. Algunas llegan al extremo y se loquean de verdad, revisando teléfonos, chat y hasta pagan para hackear el facebook del pololo o para seguirlo.

Todos sintiéndose mal, ella insegura, fea, poco querida. Él desesperado y cansado porque ya no sabe qué chucha hacer para tener contenta a la cabra que se enoja por todo y que no entiende que la quiere.

Si bien hay hueones muy frescos y caras de raja, – que más que una escena de celos necesitan un pasaje sin vuelta a solterilandia de una pura patá-, hay veces en que los celos sólo tienen cabida en la propia cabeza y van más allá de él y otras minas. Tiene que ver con celos de su tiempo, de lo que lo hace feliz, de sus espacios libres, de sus momentos agradables. ¿Suena patológico verdad? Lo es y quién siente eso sufre mucho.

La cosa es que al parecer, es verdad que todas llegan a sentir celos en algún momento y no hay que sentirse mal por eso, tampoco pescar mucho a la evolucionada tipo “nunca me ha pasado” porque compararse es el principal problema que tenemos las minas, querer ser perfectas y sentirnos mal y menos que otras porque no lo somos: el inicio de los celos.

Entonces, sin ánimo de aconsejar a nadie, quiero anotar algunas cosas que me han servido muchísimo:

1. Sentir o temer que “te van a cambiar por otra” muchas veces es un reflejo de “me van a cambiar por otra porque yo no soy suficiente”. En otras palabras, es pensar que están contigo porque no queda otra. Muy triste.

2. A veces a las minas nos hace falta pensar un poquito menos en que “no lo quiero perder” y más en “bueno, si se acaba, se acaba la hueá y si no, bacán”. Esa obsesión femenina insana con los amores para siempre nos priva de disfrutar lo actual o terminar relaciones negativas, estirar el chicle como le dice mi aweli.

3. Todo ese amor que usted siente por ese hombre no debe transformarse en idolatría, la admiración no debe llegar al punto en que te sientes inferior y que pienses que él es tan perfecto que todas te lo van a querer quitar… o sea.

4. Que te sientas incómoda con tu cuerpo, tu intelecto, tu situación económica o los cartones en la pared no es culpa de él. Él podría decirte todos los días que eres la mina más bacán del mundo y no le creerás igual, el arreglo hay que hacerlo en casa por amor propio y para no delegar nuestra felicidad en los demás.

5. Si la incomodidad sobre tu cuerpo, intelecto, situación económica o cartones en la pared no existían y ahora sí porque él de alguna forma lo hace notar, es porque ese tipo no es para ti, es dañino y se acabó. Patá en la raja y para la casa que la autoestima es frágil y hay que cuidarla.

6. Que las muestras de cariño no se exigen, se reciben y sólo cuando el otro las quiere dar de forma sincera. No como nos enseñaron las películas, no como el pololo de tu amiga que es tan, tan romántico más conocido como: “¿y por qué tu no hací eso?”. A veces hay que aprender a conocer al otro sacándose el deber ser de encima, porque si a su mino lo criaron como un robot, que un día te mande un corazón por whatsapp ya es caleta para él y quizás eso es más valioso que recibir flores y frases de Chick-flick todos los días.

7. Que siempre van a existir minas más ricas y más feas que tú y eso está bien porque el mundo es así. Asúmalo y bote la Cosmopolitan.

8. Que la gente no es nuestra y tiene entretenciones, pasatiempos y amigos. Y que quiera ocupar tiempo en ellos sin ti no significa que te quieran menos.

9. Que ese que usted tanto adora,  es así gracias a amigos, familia y todo lo que lo rodeaba antes de conocerte a ti. Querer quitárselo es matarlo de a poquito, a usted y él. Nadie se merece tal cosa.

10. Que si te van a cagar, te van a cagar igual aunque estés encima de él todo el día y no te darás ni cuenta.

11. Que los celos no son otra cosa que un miedo patológico a perder a alguien que no es tuyo.

12. Que si un día te rompen el corazón en algún momento se va a sanar así que mejor no viva preocupada de hueás.

13. Que necesitar atención constante, única y exclusiva de él hacia ti, no es sano para nadie.

14. Que hay que respirar hondo y pensar antes de dejar la cagá por algo que puede estar sólo en tu cabeza o en tu baja autoestima.

15. Que lo más lindo del amor es confiar.

Eso.

En el fondo, bien en el fondo usted sabe lo que tiene al lado. Disfrute de su amor y no piense hueás que por algo están con usted.

Shao

Es como tu mejor-mejor amiga de la adolescencia, de esas que erai poto y calzón, pero con tula. Te mira las uñas y enchueca la boca si no le parece como te las pintaste o no te combinan con lo que llevas puesto. Te afirma la puerta del baño o te piropea si le parece que tu look es perfecto. Te quita el celular cuando vas a cometer el crimen de llamar de nuevo a ese conchesumadre y te dice “No hueona, cualquier cosa, pero esa hueá no” o te emperifolla como si fueras la drag queen de la hueá y te incentiva a que te sientas la más rica del planeta. Y tiene razón. Porque también tú has estado en la misma con él, porque al gay como que le gusta esa cosa de la emoción, de la sufrida y de la full producción-arreglada-máxima y a una también. Te complementai.

Tiene permiso para decirte y hacer todo lo que un hombre no puede, porque te ofenderías terriblemente. Te puede decir HUEONA, MARACA, PUTA, SUELTA, YEGUA ( y todos estos apelativos juntos o en diversas combinaciones) pegarte una nalgada, agarrarte una teta, sentarse encima tuyo y un largo etcétera y tú dale que te da risa. Anda a ver si alguno de los otros te dice lo mismo, qué dices. Al amigo gay le aguantas y haces cosas que no le aguantarías a nadie, porque simplemente tienen una cercanía única. Una suerte de matrimonio sin sexo, una sensación de seguridad, porque ese hueón además de todo lo bueno, no te está mirando el escote ni te quiere pa’ culiar. Te está escuchando, te está aconsejando. ¡Ay, amiga!

Es el que sabe cómo piensa un hombre porque él también lo es. O sea, es básicamente un infiltrado en el mundo de los hombres, que te reporta de las cosas que piensan y que NUNCA te dirán: “Amiga: Ese hueón está con otra mina, OBVIO”, “Ya mira, ya caché, lo que pasa es que le caís bien pero no quiere seguir tirando contigo”, “Hueona, yo ví cómo te miraba y un hueón que mira así es porque lo tenís loquito”,  “Igual el loco ha sido buena onda, es ahueonado, pero fíjate que pa’ tener esos detalles siendo hombre…”, “Al loco no se le para porque…”,  etcétera. O sea, todas esas cosas que se te pasan por la cabeza y que tus amigas te dicen que no pa’ que no sufrai, él te las dice no más. Con cariño, pero sin anestesia. Porque el loco, en el fondo, es hombre.

Lejos puede ser uno de los mejores paños de lágrimas del mercado. Te entiende, te aconseja, te mima, te aleona y te dice que no te puedes quedar ahí, pasiva, como gallina de loza. Porque no pretende comerte, como podría ser en el caso de otro hombre o agarrarse al mino por el que estás sufriendo, osea, está fuera del target de preocupación. También se conectó con su lado femenino, con la delicadeza, con los afectos, con el demostrar, con el ponerse bien los pantalones, la falda, la boa, los tacos o lo que fuera. Con ese lado maternal-femenino-geisha-zorra, incluso más que tú.

Tiene sentido del estilo y de la estética que dan ganas de decirle que les dé charla a todos esos hueones que nunca aprendieron a combinar colores o a verse bien, porque el hueón parece que nació con ese buen gusto. Vaya a saber uno si viene de fábrica, si su medio lo ayudó, la cosa es que a veces se transforma en además tu mejor coolhunter, porque como decía el punto 2, además te va a decir EN SERIO si no te queda bien.

Te mostró su mundo y le encantó que supieras lo que era. Te enseñó que Manhunt era bastante menos ahueonada y bastante más directa que Tinder. Cada vez que tarareaste frases como “La pantera duerme en mi ropa interior”, te decía “hueona, esa canción que me encantaaaa” y sabías perfectamente que era de Mónica Naranjo, aunque la mayoría de tus amigos hétero no tengan idea quién es. Se cagaron de la risa con  Amigas y rivales y el backstage del mismo programa;  hace rato se te había pegado el decir “PAVRE”, mucho antes de twitter  y hasta bailaste una salsa con el Ché de los Gays.Y cuando fuiste a otros locales gays sin él, le encantó y preguntó por ese par de locos que seguro que andaban ahí y que seguro no se quería encontrar. Porque como eres su amiga, le encanta que compartas con él ese mundo también.

A veces es como si fuera el hombre ideal, pero ni en 20 reencarnaciones ni aunque naciera de nuevo, al hueón le gustarían las minas, pero apuesto que más de alguna vez pensaste que te gustaba, porque como era posible que un hueón fuera tan bacán. Es ideal porque el hueón te entiende, le gusta la labor doméstica, te acompaña, te apaña, te hace reír y con un par de encachás hasta se ve mino. Pero no. Es gay, le gustan los hombres. Puede ser tu perfecto wingman, ese que te sirve de pantalla si es necesario o de protección al final del mambo. O incluso, en un extremo, a lo Bombal, podría ser tu marido ¿Qué cosa más bacán sería que él fuera tu pareja si el loco tiene todos los atributos que te encantaría que tuviera alguno de esos pelotudos con los que has estado? Fiel, el más fiel que todas las zorras de tus amigas. El hombre ideal en otra dimensión, el más prohibido de todos pues no le gusta lo que a tí te encantaría. El verdadero hombre ideal… pero para ser tu amig@. Tu buen, incluso, mejor amig@.

Nombre: El jote cibernético

Descripción: Un poeta del teclado, un don Juan del chat. Gracioso y canchero siempre tiene la frase perfecta a flor de dedo, el romanticismo a un solo click. Mayores detalles los encontrará en.

Técnica de  ataque: Todo parte por un “qué linda te ves en esa foto”, para después enviarte videos, memes, comentar y dar “Like” hasta a tus “jajaja”. A la primera respuesta positiva que tenga de ti, atacará por chat o dm,  hasta que agarre confianza para mandarte incluso los buenos días en la mañana y un “que descanses, hermosa”, en la noche. Siempre enterado de la contingencia, te manda todo tipo de ciber obsequios: links, textos, música y gif de gatitos. Un hombre muy culto, que  te sorprenderá en la mañana buscando conversa del tipo: “¿Supiste del atentado en Siria?, estoy impactado”.

Pero ojo, no importa cuánto te caliente, al único contacto que puedes aspirar con él es a  un cachondeo por webcam (no recomendable por cierto, mejor use snapchat) o un chat cochino, porque este ciber galán, huirá cual conejo del lobo a la primera señal de avistamiento de cita, donde no lo proteja la pantalla de su computador por tres razones:

a) Tiene agorafobia

b) Es un vampiro que se destruye con la luz del sol

c) Te dijo que era más musculoso que Vin Diesel y en verdad se parece a Fido Dido

d) Tiene mina.

Frase común: “Qué sexy tu avatar, ¿de dónde es esa foto?”

 

Nombre: El avicultor

Descripción: Un verdadero galán, sensible, adora la naturaleza, las puestas de sol  y las canciones con guitarra (también se le conoce como “el sembrador”.  Interesante y con miles de temas para compartir, siempre tiene la frase correcta a flor de piel, para hacerte reír o para consolarte. Pero no sólo a ti, a sus amigas y a tus amigas también. Con tiempo y paciencia logra su cometido.

Técnica de ataque: Él va tirando alpiste a las avecillas que encuentre por el camino, siendo galán y atento con todas, dejando un séquito de babosas pajaritas atrás.

Muy parecido al ciber jote y a el sembrador, se queda en el puro coqueteo. Es un calienta sopas profesional que la tendrá ahí, toda confundida, no sabiendo qué carajos quiere este tipo que aún no le da el mordisco.

Él no se apura, puede estar un año coqueteando sin lanzarse, lo que termina por hacer que tú te termines lanzando encima de él en un arranque de pasión por haberte tenido tanto tiempo a puro  pan y agua.

Frase común: “¿Estás triste?, ¿quieres hablar?”

 

Nombre: El amigui o el forever friendzoneado

Descripción: A este lo conocemos todas, es el paciente amigo fiel. Siempre atento a tus necesidades: te compra helado cuando tienes pena, te abraza cuando estás falta de cariño. Antes que te pase algo, él ya te está llamando para saber cómo estás. Se hace amigo de tus amigos, familiares y pololos. Sería el hombre ideal… si te calentara.

Técnica de ataque: Siempre está a tu lado, en los momentos difíciles estará dispuesto a prestarte su hombro o quitarte la pena a punta de pene. Diciéndote cosas lindas para subirte la autoestima: “pero qué tipo tan imbécil, perder a una mujer como tú”, “si yo fuera él jamás  te hubiera dejado irs” Es el amigo cariñosito que intenta abrazarte y apretujarte cada vez que puede: “te quiero tanto amiga, ven, dame un abrazo” o te corre la cara cada vez que pueda, a ver si por ahí caes y por fin le das la tan ansiada pasada, y sino, seguirá esperando hasta que tenga una polola que lo haga olvidar, cosa que no asegura que perderá  la esperanza de que le resulte contigo.

Ojo, este no es el amigo/hermano/comparre de verdad. Este se hace el amigo porque te tiene ganas.

Frase común: “Amiga, sabes que puedes contar conmigo para lo que sea. De verdad, para lo que sea… lo que sea”   :*

A continuación, les presentamos  una colaboración de  la señorita Carla Pérez o la @LaPerraQuiltra para que amenice la mañana. 

 

     Muchas veces, a más de de una nos han llamado perras, pero si lo analizamos con detención TODAS en algún momento de nuestras vidas hemos actuado como tal, y no se espanten las más cartuchitas, porque ustedes también, y quizás, sólo tengan un mejor pedigree.

     Sí, todas nos hemos comportado como una, la única diferencia es que la raza adoptada va variando de acuerdo a la situación y a la persona con la que estemos. Un ejemplo de ello es que a veces nos parecemos a unas verdaderas poodles, y no me refiero a que andemos con un pompón en el culo, sino, que en ocasiones nos comportamos como tal, con esos celos pa’ callao, pero teniendo siempre claro que un escándalo es lo peor que podemos hacer -qué wea más atroz-.  Como hay que ser CASI siempre dignas, sólo marcamos el territorio, sí, lo meamos, pero nunca al punto de dejar la poza al lado de nuestro macho,  nos conformamos con dejar nuestro olor.

     Existen otras ocasiones -ojalá fueran todas así- en que somos unas verdaderas labradoras, nos volvemos locas cada vez que vemos a un “niño” y si éste es cariñoso con nosotras nos ponemos de inmediato a jugar, ya sea de día o de noche.

     Hay una raza que nunca falta, y no lo niegue porque sí que las hay. Son las perras cocker,  esas weonas lindas con care’ cuica pero que con cuea son clase media, siempre se las dan de más y buscan subir de rango social, generalmente lo logran gracias a su aspecto bonito, y es común verlas rodeadas de perros más finos que ellas. No cualquier mujer tiene alma de cocker, y no toda puede convertirse en una. No las detesto, al contrario, admiro la capacidad que tienen para surgir en la vida sin un mayor esfuerzo.

     Existen ocasiones en que podemos convertimos en unas rottweiller, demostrando abiertamente nuestros celos, logrando ser escandalosas e incluso, si es necesario, somos capaces de mostrar los dientes, y si la situación así lo amerita no hay limitante alguno para  mandarnos un Luis Suárez y lanzar directamente la mordida. Marcamos tanto el terreno que no dejamos que nadie se acerque a nuestro macho; porque ese perro es nuestro; y a él se le cuida.

    También están las pittbull, que son aquellas mujeres fuertes y atléticas,  poco románticas y generalmente parecen más las amigas que las pololas, suelen tratar a sus machimbres de “wena perrito”. También existe su lado opuesto, las femeninas, delicadas y  que gran parte del día están preocupadas por la facha, antes muerta que sencilla es su lema; ellas son las yorkshire.

    Pero hay una que no puede faltar y esa es la perra quiltra, es la fiel, la compañera, la que literalmente aperra en todas con su macho, en las buenas y en las malas, ya sea un paseo en La Dehesa como abajo del río Mapocho.  Ella no tiene problema alguno en follar donde sea, e incluso, es capaz de pelar los tomates por él, eso sí, sólo lo hace por su perro. Esta perrita que llevamos dentro sólo aparece cuando encontramos al hombre que nos provoca ese todo inexplicable que cada hembra, muchas veces necesita. Esta perra sólo florece cuando nos enamoramos.

-Ya po si no te va a dolerbad guy
-No, te dije que no quiero
-Ya po, un poquito, si lo hago despacito
-No hueón, no quiero
-Ya po, porfi
-No
-Ya, ya, no insisto más………………………………
-¡Auch! Te dije que no quería hueón
-Ay si fue sin querer, me equivoqué.

Con ustedes, el egoísta

En la entrega anterior  hablamos de El Generoso, ese cabro simpático que se deleita con tu deleite, vive y goza por él, a ese que le gusta que te guste y se esmera en ello, que te hace decir “qué hice tan bueno en la vida para merecer esto mi dio”, ay  generoso (suspiro)… te queremos mucho.

Pero bueno, no nos desconcentremos. En esta entrega nos referiremos a su antagonista, al villano de nuestro súper héroe. El Egoísta.

El egoísta es ese tipo que quiere tirar, pero no le importa si usted lo pasa bien o no. Desde un comienzo usted notará que él no es muy delicado, ni atento, ni cariñoso ni bueno para tocar lo que usted quiere que le toquen. No, él la quiere en pelota luego y rapidito, ojalá sin mucha parafernalia ni previa porque quiere meterla y rápido.

Entonces comienzan los problemas de ausencia de calentura. Claro, porque la damisela no alcanzó a entibiarse cuando el otro le estaba pidiendo ya que se diera vuelta, y es que El Egoísta se cree muy protagonista de película porno, pero sin las dotes del actor. Quiere que usted grite como la jovencita de la película pero sin hacer ningún mérito por lograrlo.

Al egoísta no le importa si a usted le duele, no la escucha si le pide que más despacio o más fuerte. El loco está tirando solo y tú estás supliendo el lugar de la mano.

El egoísta es el que te corta el orgasmo única y exclusivamente porque ya estaba aburrido y quiere variar a su ritmo, no le importa que le digas: “sigue así” si es que él tiene en su mente otros planes.

Ese con el que estás todo el rato tratando de acoplar el ritmo, llevarle las manos a lugares estratégicos, pero nada. El loco está tirando solo y no está ni ahí contigo.

Te pedirá por la ciudad más grande del estado estadounidense de Michigan hasta el cansancio o hasta que le digas que sí, porque él no entiende que no te guste o te duela. Ahora bien, el éxito de su insistencia dependerá única y exclusivamente de lo pelotuda que sea usted.

Tampoco le importará si estás justo empezando a pasarla bien y él se quiere ir. Cagaste cabrita, arréglatelas sola porque el ya terminó contigo, en realidad nunca estuvo tirando contigo.

Probablemente después de esa mala cacha te mirará con aire triunfador como diciendo: ‘te gustó, obvio que te gustó gatita’  seguido de decirte algo del tipo: “parece que se rompió el condón, supongo que tomas pastillas porque yo no estoy ni ahí con ser…”.

Olvídate del desayuno porque con cuea te ayudará a buscar los calzones, si es que no te echa rapidito y a poto pelado para la calle porque: ‘¡ups, va a venir mi polola, no me pongas esa cara si tu nunca me preguntaste!’. Pelota, pelota, pelota.

 

La autocrítica

El egoísta es aquél por el que al otro día te sientes como la pelotuda más grande en la historia de las mujeres pelotudas y por quién sientes culpa con frases autocariñosas del tipo: ‘¿puedo ser tan hueona?,¿cómo me fui a meter con este saco de hueas… tomé mucho?’ o ‘ahora sí que caí bajo’. Porque la sensación con la que te deja el egoísta es justamente esa: ¡por qué chucha me metí con este tipo! O peor ¿por qué rechucha le permití tanto sin echarlo a la primera?.

Y ahí está la causa del problema… tú que te quieres tan poco que aguantas cosas que jamás deberías aguantar, porque la calentura nunca superará el amor propio.

Pero no todo es malo, lo bueno de conocer un egoísta es que te ayuda a conocer límites y replantearte cosas del tipo: ‘loco piérdete, en serio no hay segunda’ o darse cuenta de lo ahueoná que usted puede ser para dejar de serlo porque por algo hay que partir.

 

Chau Pescau