“How can a woman be expected to be happy with a man who insists on treating her as if she were a perfectly normal human being” – Oscar Wilde

Nombre: El jote cibernético

Descripción: Un poeta del teclado, un don Juan del chat. Gracioso y canchero siempre tiene la frase perfecta a flor de dedo, el romanticismo a un solo click. Mayores detalles los encontrará en.

Técnica de  ataque: Todo parte por un “qué linda te ves en esa foto”, para después enviarte videos, memes, comentar y dar “Like” hasta a tus “jajaja”. A la primera respuesta positiva que tenga de ti, atacará por chat o dm,  hasta que agarre confianza para mandarte incluso los buenos días en la mañana y un “que descanses, hermosa”, en la noche. Siempre enterado de la contingencia, te manda todo tipo de ciber obsequios: links, textos, música y gif de gatitos. Un hombre muy culto, que  te sorprenderá en la mañana buscando conversa del tipo: “¿Supiste del atentado en Siria?, estoy impactado”.

Pero ojo, no importa cuánto te caliente, al único contacto que puedes aspirar con él es a  un cachondeo por webcam (no recomendable por cierto, mejor use snapchat) o un chat cochino, porque este ciber galán, huirá cual conejo del lobo a la primera señal de avistamiento de cita, donde no lo proteja la pantalla de su computador por tres razones:

a) Tiene agorafobia

b) Es un vampiro que se destruye con la luz del sol

c) Te dijo que era más musculoso que Vin Diesel y en verdad se parece a Fido Dido

d) Tiene mina.

Frase común: “Qué sexy tu avatar, ¿de dónde es esa foto?”

 

Nombre: El avicultor

Descripción: Un verdadero galán, sensible, adora la naturaleza, las puestas de sol  y las canciones con guitarra (también se le conoce como “el sembrador”.  Interesante y con miles de temas para compartir, siempre tiene la frase correcta a flor de piel, para hacerte reír o para consolarte. Pero no sólo a ti, a sus amigas y a tus amigas también. Con tiempo y paciencia logra su cometido.

Técnica de ataque: Él va tirando alpiste a las avecillas que encuentre por el camino, siendo galán y atento con todas, dejando un séquito de babosas pajaritas atrás.

Muy parecido al ciber jote y a el sembrador, se queda en el puro coqueteo. Es un calienta sopas profesional que la tendrá ahí, toda confundida, no sabiendo qué carajos quiere este tipo que aún no le da el mordisco.

Él no se apura, puede estar un año coqueteando sin lanzarse, lo que termina por hacer que tú te termines lanzando encima de él en un arranque de pasión por haberte tenido tanto tiempo a puro  pan y agua.

Frase común: “¿Estás triste?, ¿quieres hablar?”

 

Nombre: El amigui o el forever friendzoneado

Descripción: A este lo conocemos todas, es el paciente amigo fiel. Siempre atento a tus necesidades: te compra helado cuando tienes pena, te abraza cuando estás falta de cariño. Antes que te pase algo, él ya te está llamando para saber cómo estás. Se hace amigo de tus amigos, familiares y pololos. Sería el hombre ideal… si te calentara.

Técnica de ataque: Siempre está a tu lado, en los momentos difíciles estará dispuesto a prestarte su hombro o quitarte la pena a punta de pene. Diciéndote cosas lindas para subirte la autoestima: “pero qué tipo tan imbécil, perder a una mujer como tú”, “si yo fuera él jamás  te hubiera dejado irs” Es el amigo cariñosito que intenta abrazarte y apretujarte cada vez que puede: “te quiero tanto amiga, ven, dame un abrazo” o te corre la cara cada vez que pueda, a ver si por ahí caes y por fin le das la tan ansiada pasada, y sino, seguirá esperando hasta que tenga una polola que lo haga olvidar, cosa que no asegura que perderá  la esperanza de que le resulte contigo.

Ojo, este no es el amigo/hermano/comparre de verdad. Este se hace el amigo porque te tiene ganas.

Frase común: “Amiga, sabes que puedes contar conmigo para lo que sea. De verdad, para lo que sea… lo que sea”   :*

A continuación, les presentamos  una colaboración de  la señorita Carla Pérez o la @LaPerraQuiltra para que amenice la mañana. 

 

     Muchas veces, a más de de una nos han llamado perras, pero si lo analizamos con detención TODAS en algún momento de nuestras vidas hemos actuado como tal, y no se espanten las más cartuchitas, porque ustedes también, y quizás, sólo tengan un mejor pedigree.

     Sí, todas nos hemos comportado como una, la única diferencia es que la raza adoptada va variando de acuerdo a la situación y a la persona con la que estemos. Un ejemplo de ello es que a veces nos parecemos a unas verdaderas poodles, y no me refiero a que andemos con un pompón en el culo, sino, que en ocasiones nos comportamos como tal, con esos celos pa’ callao, pero teniendo siempre claro que un escándalo es lo peor que podemos hacer -qué wea más atroz-.  Como hay que ser CASI siempre dignas, sólo marcamos el territorio, sí, lo meamos, pero nunca al punto de dejar la poza al lado de nuestro macho,  nos conformamos con dejar nuestro olor.

     Existen otras ocasiones -ojalá fueran todas así- en que somos unas verdaderas labradoras, nos volvemos locas cada vez que vemos a un “niño” y si éste es cariñoso con nosotras nos ponemos de inmediato a jugar, ya sea de día o de noche.

     Hay una raza que nunca falta, y no lo niegue porque sí que las hay. Son las perras cocker,  esas weonas lindas con care’ cuica pero que con cuea son clase media, siempre se las dan de más y buscan subir de rango social, generalmente lo logran gracias a su aspecto bonito, y es común verlas rodeadas de perros más finos que ellas. No cualquier mujer tiene alma de cocker, y no toda puede convertirse en una. No las detesto, al contrario, admiro la capacidad que tienen para surgir en la vida sin un mayor esfuerzo.

     Existen ocasiones en que podemos convertimos en unas rottweiller, demostrando abiertamente nuestros celos, logrando ser escandalosas e incluso, si es necesario, somos capaces de mostrar los dientes, y si la situación así lo amerita no hay limitante alguno para  mandarnos un Luis Suárez y lanzar directamente la mordida. Marcamos tanto el terreno que no dejamos que nadie se acerque a nuestro macho; porque ese perro es nuestro; y a él se le cuida.

    También están las pittbull, que son aquellas mujeres fuertes y atléticas,  poco románticas y generalmente parecen más las amigas que las pololas, suelen tratar a sus machimbres de “wena perrito”. También existe su lado opuesto, las femeninas, delicadas y  que gran parte del día están preocupadas por la facha, antes muerta que sencilla es su lema; ellas son las yorkshire.

    Pero hay una que no puede faltar y esa es la perra quiltra, es la fiel, la compañera, la que literalmente aperra en todas con su macho, en las buenas y en las malas, ya sea un paseo en La Dehesa como abajo del río Mapocho.  Ella no tiene problema alguno en follar donde sea, e incluso, es capaz de pelar los tomates por él, eso sí, sólo lo hace por su perro. Esta perrita que llevamos dentro sólo aparece cuando encontramos al hombre que nos provoca ese todo inexplicable que cada hembra, muchas veces necesita. Esta perra sólo florece cuando nos enamoramos.

-Ya po si no te va a dolerbad guy
-No, te dije que no quiero
-Ya po, un poquito, si lo hago despacito
-No hueón, no quiero
-Ya po, porfi
-No
-Ya, ya, no insisto más………………………………
-¡Auch! Te dije que no quería hueón
-Ay si fue sin querer, me equivoqué.

Con ustedes, el egoísta

En la entrega anterior  hablamos de El Generoso, ese cabro simpático que se deleita con tu deleite, vive y goza por él, a ese que le gusta que te guste y se esmera en ello, que te hace decir “qué hice tan bueno en la vida para merecer esto mi dio”, ay  generoso (suspiro)… te queremos mucho.

Pero bueno, no nos desconcentremos. En esta entrega nos referiremos a su antagonista, al villano de nuestro súper héroe. El Egoísta.

El egoísta es ese tipo que quiere tirar, pero no le importa si usted lo pasa bien o no. Desde un comienzo usted notará que él no es muy delicado, ni atento, ni cariñoso ni bueno para tocar lo que usted quiere que le toquen. No, él la quiere en pelota luego y rapidito, ojalá sin mucha parafernalia ni previa porque quiere meterla y rápido.

Entonces comienzan los problemas de ausencia de calentura. Claro, porque la damisela no alcanzó a entibiarse cuando el otro le estaba pidiendo ya que se diera vuelta, y es que El Egoísta se cree muy protagonista de película porno, pero sin las dotes del actor. Quiere que usted grite como la jovencita de la película pero sin hacer ningún mérito por lograrlo.

Al egoísta no le importa si a usted le duele, no la escucha si le pide que más despacio o más fuerte. El loco está tirando solo y tú estás supliendo el lugar de la mano.

El egoísta es el que te corta el orgasmo única y exclusivamente porque ya estaba aburrido y quiere variar a su ritmo, no le importa que le digas: “sigue así” si es que él tiene en su mente otros planes.

Ese con el que estás todo el rato tratando de acoplar el ritmo, llevarle las manos a lugares estratégicos, pero nada. El loco está tirando solo y no está ni ahí contigo.

Te pedirá por la ciudad más grande del estado estadounidense de Michigan hasta el cansancio o hasta que le digas que sí, porque él no entiende que no te guste o te duela. Ahora bien, el éxito de su insistencia dependerá única y exclusivamente de lo pelotuda que sea usted.

Tampoco le importará si estás justo empezando a pasarla bien y él se quiere ir. Cagaste cabrita, arréglatelas sola porque el ya terminó contigo, en realidad nunca estuvo tirando contigo.

Probablemente después de esa mala cacha te mirará con aire triunfador como diciendo: ‘te gustó, obvio que te gustó gatita’  seguido de decirte algo del tipo: “parece que se rompió el condón, supongo que tomas pastillas porque yo no estoy ni ahí con ser…”.

Olvídate del desayuno porque con cuea te ayudará a buscar los calzones, si es que no te echa rapidito y a poto pelado para la calle porque: ‘¡ups, va a venir mi polola, no me pongas esa cara si tu nunca me preguntaste!’. Pelota, pelota, pelota.

 

La autocrítica

El egoísta es aquél por el que al otro día te sientes como la pelotuda más grande en la historia de las mujeres pelotudas y por quién sientes culpa con frases autocariñosas del tipo: ‘¿puedo ser tan hueona?,¿cómo me fui a meter con este saco de hueas… tomé mucho?’ o ‘ahora sí que caí bajo’. Porque la sensación con la que te deja el egoísta es justamente esa: ¡por qué chucha me metí con este tipo! O peor ¿por qué rechucha le permití tanto sin echarlo a la primera?.

Y ahí está la causa del problema… tú que te quieres tan poco que aguantas cosas que jamás deberías aguantar, porque la calentura nunca superará el amor propio.

Pero no todo es malo, lo bueno de conocer un egoísta es que te ayuda a conocer límites y replantearte cosas del tipo: ‘loco piérdete, en serio no hay segunda’ o darse cuenta de lo ahueoná que usted puede ser para dejar de serlo porque por algo hay que partir.

 

Chau Pescau

Hola amigo, sé que te carga que te diga así, pero eso es lo que eres. Mi amigo.

Disculpa si alguna vez te hice creer lo contrario, te pasaste algún rollo o creíste que pasarías ese umbral del abrazo fraternal. Y sí, sé que tus amigos piensan que soy una perra fría, que no tengo corazón y que abuso de tu cariño para subirme la autoestima, también sé que todas las minas que te agarraste me odian y me maraquean a tus espaldas.

Sé que pediste consejos y lo intentaste todo;  que te bancaste mis llantos por otro, que aguantaste estoico mis historias con ese tipo con el que me lancé, que te calentaste cuando te conté mis cochinás, y que te tuviste que bancar a todos esos tipos que te presenté y que siempre para ti fueron unos sacos de huea; feos, tontos, arrogantes, fomes sin ni un brillo.

En mi defensa, debo decir que nunca te quise hacer entender que eras más que amigo. No digas que nunca lo notaste si nunca fui muy cariñosa, ni calienta sopas. Creo que pegarte en el brazo, agarrarte a chuchás, pasearme chascona y en pijama de polar frente a ti fueron suficiente prueba de que siempre fuiste lo que fuiste. Mi amigo.

Yo sé también que hace rato me di cuenta de lo que pasaba y me hice la idiota. Porque es más fácil hacer como que nada ha pasado que enfrentarse a saber que le estoy haciendo mal a quien quiero.

Tú podrás enojarte y decir que prefiero a un saco de hueas antes que a ti, que tengo el gusto en la patas y que soy una idiota por no querer estar contigo que me quieres tanto y me tratas tan bien. Yo te hago una pregunta: ¿Tú crees que en verdad soy tan tonta para no darme cuenta de que eres un gran hombre y que sería muy feliz si pudiera enamorarme de ti?  ¿De verdad crees que no lo intenté?  ¿Que no lo pensé?.

Obvio que en algún momento traté y fue el peor error que cometí. Jamás debí responderte ese beso, jamás debí curarme tanto y acostarme contigo, la verdad es que quería saber si podría sentir algo más que un amor infinito de amigos, pero no. Por eso no lo volví a hacer. Acepto, después de eso, que tus amigos hayan tenido todo el derecho de tratarme de perrafríamaracasincorazón por intentarlo, pero tenía que hacerlo. Quizás podría haber resultado y yo sería tu feliz polola, pero no. Lo siento, no resultó. Sólo fue más confuso para ti, sólo me sentí más como la mierda yo.

Lamento en lo más profundo no responder a tus cariños y que mi afecto sea tan distinto al tuyo. No soy un robot y no me puedo programar para quererte, ni siquiera puedo hacer que me calientes. ¿Qué culpa tengo yo de no poder corresponderte?

Y sí, es verdad que a algunos les resultó y que luego de años de perseverancia lograron que esa amiga lo mirara con otros ojos y vivieron felices para siempre pero ¿en verdad quieres perder tantos años en algo que quizás no suceda nunca? Yo no, porque te quiero y la mejor muestra de mi amistad es ya no ser más tu amiga.

Te prometo que ya no correré a llorar contigo cuando tenga pena, no te llamaré para contarte que me saqué la cresta y fue tan gracioso, no te contaré copuchas, no te invitaré a almorzar con mi familia, no te presentaré más pololos, no veremos películas volados ni putearemos a la humanidad hasta que amanezca. Ya no te buscaré más y tampoco estaré ahí para ti cuando necesites hablar.

¿Tú crees que perdiste solo? Entonces quizás nunca fuiste verdaderamente mi amigo.

Llegó el invierno y para calentar motores les dejamos una colaboración de Ale, lectora anónima con la que iniciamos la temporada de relatos para subir la temperatura. La invitamos cordialmente a ponerse cochina y mandar el suyo. 

El Bomberobombero

Hay que decirlo, el mundo bomberil es fascinante. Hubo un antes y un después de verlo colocarse las botas, traje y casco en menos de 25 segundos. No es difícil imaginar sus piernas y brazos capaces de correr a levantar 10 kilos de ropa después de despertar abruptamente por el sonido ensordecedor de una llamada de emergencia.

En una de mis primeras visitas a aquella bomba, decidió darme un tour. Mientras sus compañeros dormían, me contaba la historia de cada foto colgada en el salón… directo en mi oído… despacito, para no despertar a nadie. Un concierto se escuchaba a lo lejos.

Me llevó al pasillo donde se visten ante una llamada. Un intenso olor a hombre y humo… que lejos de ser desagradable, tenía un sex appeal difícil de explicar (ok, puede que haya influido el cine y la publicidad).

Estaba oscuro, era tarde y no se escuchaba más que la música a un par de cuadras. Una tenue luz exterior alumbraba la bitácora sobre un mesón. Fue en ese minuto cuando reconocí ese agarre intenso, que sólo unas manos fuertes y entrenadas pueden tener. Unos dedos firmes tomaban mi cadera, mientras su otro brazo enderezaba mi torso hasta esa posición exquisita donde su boca roza mi oído; no me podía mover. Me tomó firmemente del pelo y me besó largo y fuerte. La intensidad del momento me obligaba a gemir, pero a cada gemido alguien se movía en el piso sobre nosotros, obligándome a un silencio desesperante.

Sentí un fuerte tirón del brazo que me obligó a caminar hacia esa gran pieza oscura.  Dos carros bomba nos recibieron. Me levantó para subirme sobre el lado de un carro y me agarré fuertemente de su entrepierna para no caer con el impulso. Se podían observar mangueras, hachas e instrumentos de diversos tamaños que sólo aumentaban mi excitación; su pene en mi mano crecía tras el pantalón, duro,  grande… él lo supo y me sonrió.

Sin pensarlo abrí la puerta del carro y lo incité a seguirme. Desde esa altura veíamos con claridad la calle, tras ese portón de vidrio que cubría el frontis del edificio.

Lo desvestí y me acerqué mirándolo a los ojos, y con una sonrisa ansiosa de él, comencé a jugar con mi lengua en su pene. Le hice sexo oral hasta que suplicó que parara.

Recobró aliento por unos segundos y me levantó agarrando mis axilas fuertemente. Una sola mirada directo a los ojos y un excitante beso, mientras me volteaba hasta quedar mirando hacia la calle.

Me desnudó delicadamente, mientras me besaba el cuello y los hombros como sólo esos labios sabían hacerlo… Y lo sentí, intenso, eterno… qué exquisita forma de entrar en mí. Sus manos en mis caderas, asegurando el control de la velocidad y la intensidad… su gemido y el mío en un sonido completamente armónico de placer. Su torso desnudo sobre mi espalda para luego elevarse y comenzar a moverse. Movió sus dedos a mis pezones agarrando firmemente mis pechos, pero con una suavidad perfecta y exquisita. Sentí su respiración acelerada, como subiendo escaleras con 25 kilos encima… Sus manos firmes nuevamente en mis caderas y hombros, traían a mi mente imágenes de la fuerza al sostener esa manguera con presión infinita de agua.

Ya no se escuchaba música a lo lejos. De a poco la calle comenzó a llenarse de gente. Al pasar, muchos miraban el frontis del edificio. Más de un par de ojos miraron más de la cuenta, quizás vieron algo, quizás no. No me importó.

En un movimiento inesperado, me levantó volteándome en el aire hacia él. Me sostuvo con sus brazos y al sentarse, lentamente me bajó hasta su entrepierna. Mientras me penetraba nuevamente, me agarré de él en un instinto de no dejarlo ir, provocándonos una exquisita sensación que nos obligó a gemir muy fuerte. Comenzó a besar mis pezones mientras los acariciaba intensamente con sus dedos… No daba más de la excitación. Perdí el sentido, acabando en un orgasmo largo, intenso, maravilloso. Terminó conmigo mientras gemía en su oído.

Las fantasías se hicieron para realizarlas…


Cualquier similitud con hechos reales, es sólo una exquisita coincidencia.