Autor » Karen

Lo que dice: Estoy confundido.
Lo que piensa: Me gusta estar contigo, pero no tanto / me gusta otra mina / sorry, rico todo pero no me gustas tanto como para enseriarme.

Lo que dice: Sólo te puedo ofrecer una relación abierta.
Lo que piensa: Te advierto altiro que ando hueviando y no dejaré de agarrarme otras minas por ti.

Lo que dice: Aló, hola ¿te acuerdas de mí? Sorry que no te haya llamado, es que estuve con problemas.
Lo que piensa: Ando caliente y me acordé que me diste la pasá la otra vez, ¿repitámosla?

Lo que dice: ¿Estás bien? Cuéntame, quizás te puedo ayudar.
Lo que piensa: Tarararan taraaaaaan, súper héroe al rescate.

Lo que dice: ¿Y ella quién es?
Lo que piensa: ¡¡CSM la mina riiiiiiiiiiiicaaaaaa weón oh!!

Lo que dice: No estoy preparado para una relación seria.
Lo que piensa: No quiero una relación seria contigo porque no me gustas tanto.

Lo que dice: ¿Por qué no te quedas a dormir?
Lo que piensa: Parece que me agarré 

Lo que dice: ¿Vas a salir así?
Lo que piensa: Anda a vestirte primero, pa’ la otra salí en pelota / te ves como el pico.

Lo que dice: Necesito un tiempo.
Lo que Piensa: Estoy chato / quiero ver qué pasa con la otra mina para ver si me quedo aquí o allá / necesito salir a hueviar un ratito más que sea / creo que ya no te quiero, pero no estoy 100% seguro.

Lo que dice: ¿Por qué no sales más con tus amigas? Podrías tomar clases de algo…
Lo que piensa: Loca ¡muévete! Búscate alguna entretención que no sea yo, me estás asfixiando.

Lo que dice: Te quiero presentar a mi mamá.
Lo que piensa: Cagué, me agarré ctm.

Lo que dice: ¿Y ese loco? Parecen bien amigos.
Lo que piensa: Te lo tiraste / ese hueón caliente care’ pao cree que uno es hueón.

Lo que dice: Eres mi mejor amiga, jamás podría pensar en algo más.
Lo que piensa: No me calientas ni un poco, quizás curao.

Lo que dice: Decide tú, haz lo que quieras.
Lo que piensa: Me tení chato, ¿sabí que más? Haz la hueá que querai.

Lo que dice: Me regalaron unos (inserta cosa que te interese aquí) y me acordé que te gustan, si quieres podemos…
Lo que piensa: Quiero verte y esto fue lo primero que se me ocurrió como excusa para  hablarte.

Lo que dice: Dejemos que esto sea sólo entre nosotros.
Lo que piensa: Ni se te ocurra contarle a alguien que culiamos  porque puede quedar la cagá o me cagas la onda con tus y mis conocidas.

Lo que dice: No quiero hablar.
Lo que piensa: Tengo un problema, estoy preocupado, pero estoy buscando la solución.

Lo que dice: Justo mañana andaré cerca de tu trabajo/casa/bar favorito, podría pasar a verte.
Lo que piensa: Quiero verte, ¡péscame po’!

Lo que dice: Siempre he pensado que haríamos súper buena pareja.
Lo que piensa: Hace rato te tengo ganas, dame la pasá por favoooooor, no te vas a arrepentir.

jijijiji :*

Cunnilingus

Este post fue alguna vez publicado en nuestro blog amigo FAQWomen, donde los muchachos, muy interesados en aprender, nos dejaron escribir algunas técnicas que creemos importantes para hacernos felices. Sabemos que es placer de varios y varias hacerlo, y hay mucho interés masculino en hacerlo bien, y como la técnica se ha ido perfeccionando con el tiempo y algunos maestros nos han enseñado nuevas y mejores técnicas,  queremos compartirlas con ustedes.

El Cunnilingus es un arte y hay señores a los que la vida les ha negado el talento. Para empezar hay que tener claro que es una zona demasiado sensible y que hay que tratar con amor, no hacerlo a tontas y a locas porque al igual que el blowjob, requiere especial cuidado y dedicación. Hay quienes caen en el error de creer que mientras más dura la lengua y mas rápido y  fuerte se mueva, mejor (la mala técnica de la centrífuga). Pues no, grave error. Tampoco hay que succionar muy fuerte la zona del clítoris porque sólo produce incomodidad (la mala técnica de la aspiradora).

Y  porque no, no es fácil, trataremos de explicarlo en detalle:

  1. Primero, hay que mencionar que hay mujeres que necesitan más tiempo para excitarse, y que por lo mismo, requerirán una previa de besos y toqueteos varios en todo el cuerpo, con boca, lengua y manos. Mientras más caliente ella esté, mejor recibirá el cunnilingus. Mejor aún si mientras está en ello, mantiene presionada con su cuerpo la zona superior de la vagina,el famoso monte de Venus. Ahora, si nota que la muchacha en cuestión no requiere tanta previa (según su dilatación y lubricación) puede ir directo al grano, comenzando con los alrededores hasta llegar a la zona.
  2. Se recomienda comenzar lamiendo suavemente la parte exterior de la vagina y los labios superiores, succionándolos de vez en cuando, sobre todo entre ellos, con movimientos de arriba hacia abajo y circulares, o haciendo el movimiento del abecedario con la lengua, aumentando levemente la presión. Puede ayudarse con las yemas de los dedos, con movimientos de arriba hacia abajo por la zona aludida.

Todo esto suavecito y con paciencia, para que ella suelte la cabeza y comience a concentrarse en lo que está pasando abajo. El movimiento de lengua debe ser como el que se hace para lengüetear una tapa de yogurt; con la lengua suelta y blanda, haciendo suaves movimientos por los contornos. Sólo por los contornos, y a estas alturas ella debería desear que su lengua fuera cada vez más al centro.

(Se recomienda practicar comiéndose un yogurt entero sin cuchara)

  1. Cuando la muchacha comience a respirar más fuerte (es muy importante prestar atención a la respiración y gemidos, si ella está en silencio y mirando el techo debe esforzarse más) es momento de comenzar a prestar atención a la parte del medio, es decir: la abertura entre los labios, esa parte llamada labios inferiores que recubren el clítoris. Se recomienda lamer de arriba hacia abajo, primero suave, para ir aumentando la presión de a poco y subiendo hacia el clítoris mientras se acaricia con los dedos la parte ya aludida entre la vulva y los labios superiores.
  2. Si sigue estos consejos la fémina comenzará a respirar cada vez más fuerte, y si no es tan tímida, a moverse levemente según el movimiento que ella quiera que usted lleve; en ese momento, no pierda el ritmo ni lo cambie, porque significa que va muy bien, pero puede intentar introducir un dedo o acompañar con suaves movimientos de las yemas húmedas las lamidas, que pueden ir aumentando la presión desde el clítoris hacia la vulva. Nunca olvidar la presión sobre la vulva, que debe ser  superior a la presión sobre el clítoris.
  3. Puede tocar de vez en cuando tetas u otras partes o invitarla con su mano a tocarse ella misma, siempre y cuando esto no lo desconcentre de su trabajo. Cuando lo están haciendo bien, el placer se concentra en un solo lugar y a veces es mejor no distraerse.
  4. Es necesario, muy necesario, que preste atención a los sonidos, respiración, y movimientos involuntarios de ella. Esto porque si capta las señales, sabrá qué está haciendo bien, dónde y cómo debe seguir para que ella llegue al orgasmo. Nunca, jamás, varíe el movimiento de la lengua o dedos si los gestos de ella le dicen que está en éxtasis así tal cual lo estás haciendo; si cree necesario aumentar la presión, que sea muy sutilmente.
  5. Tenga mucha paciencia, la mujer que no está acostumbrada a estas artes, le cuesta relajar la cabeza y dejarse llevar. Pero si es paciente, suave y perseverante, logrando que ella llegue al orgasmo, le aseguro que será uno de los mejores de su vida o a lo menos diferente y muy intenso.
  6. Si tras estos pasos, ella no ha tenido un orgasmo, es el momento ideal para penetrar, para que no se pierda la continuidad ni tiempo. Lo ideal es que el hombre se mantenga arriba, y siga el movimiento que se tenía en el cunnilingus, es decir, penetración fuerte y profunda presionando el monte de Venus, ya que de esa forma se presiona el clítoris, dando mayor facilidad a la mujer para alcanzar el tan preciado orgasmo. Pero si sólo se ha demorado y la muchacha está vuelta loca, tenga paciencia, aunque se le acalambre la mandíbula, porque está cerca, muy cerca.

Ahora, si la compresión de lectura no es su fuerte, pregúntele siempre a su fémina si va bien, si quiere algo especial y siempre, siempre, lea las señales.

Mención honrosa para el músico de cuerdas y vientos que corren con ventaja. Ojo ahí chiquillas.

Puta que es rico cuando hay dedicación.

Y claro. Un día pasaba yo por ahí, irresponsablemente como si nada importante fuera a suceder y estabas tú. Con esos ojos y esa sonrisa que alguna vez soñé pero que no tenía cara. No pude quitar mis ojos de ti (sí, así como la canción). Te busqué entre la gente y tú a mí. Un imán gigante entre tú y yo nos acercaba, obedecimos sin chistar.

Luego vinieron las conversaciones irrelevantes para buscar un tema, luego el cine y la música que actuaron de perfectos celestinos. Como unos Cupidos que empujaban las palabras para decir la frase correcta:

-“Esta canción es de un grupo que nadie cacha”.

-“Es de The Guess Who”.

¡Bang! Punto para el Cupido musical. Me gané tus ojos brillantes.

Luego vinieron las conversaciones de vida, de la familia a la política, del “yo cuando era chico” a “en mi familia somos…”,  risas idiotas, acercamientos torpes y lo tan esperado: “El Beso”, ese primer beso que puede mandar todo al carajo o dejarte en situación de “sí, me gusta entero, mucho y quiero más”.

Lo que viene después de los primeros besos magníficos ya sabemos, incontrolable, no acorde a reglas de primeras citas ni consejos puritanos. Se hizo lo que se sintió y qué maravilloso se sintió, tan natural y cómodo, sin juegos de poder ni falsos suspiros. Lo siguiente que vino fueron mis: ‘nada en el whatsapp’ para pasar al ‘ay ctm, me escribió, me escribió’.

Saltos, gritos cara a la almohada, enrojecimiento facial, latidos a mil por hora y: ’ay, ay ¿qué le contesto?’. Volví a tener quince otra vez.

De ahí en adelante pasamos del chat interminable hasta llegar a las primeras conversaciones telefónicas nerviosas. De esas en que la coquetería es espontánea y te hace jugar con el pelo cuando te pregunta si quieres salir a tomarte algo, ir al cine o lo que sea. Te di un “sí” de respuesta a esa invitación que en verdad significa: ¡no me importa el panorama, sí a todo lo que quieras invitarme!”.

Y es ahí que me di cuenta de varias cosas, como por ejemplo; que el panorama es lo de menos cuando lo único que quería era verte, tenerte cerca, rozarte. Y que en el tiempo de espera a la junta caí en esas cosas que me parecían tan idiotas como el: “¿qué me pongo?”, “por la chucha no tengo nada”. Porque toda mujer en un romance incipiente se pone como una adolescente estúpida y eso es un derecho.

Llegó el día y mi corazón no paraba de latir. Y al acercarme noté que todos mis esfuerzos frente al espejo valieron esos ojos atentos y luminosos que adornan esa sonrisa nerviosa. Pero lo que no sabía era que no tiene que ver con lo que me puse, simplemente ansiabas verme tanto como yo a ti. Como era de esperarse la cita fue perfecta, la conversación y las risas fluyeron. Todo se volvió más cómodo y más cómodo y más cómodo… nada extraño a otras citas, todo es normal salvo la compañía. Eso era lo especial.

Luego vinieron más citas, panoramas diurnos y vespertinos. De que hoy me quedo en tu casa, mañana también y pasado tú en la mía y el día siguiente y el siguiente y así la cosa fue fluyendo. Dejé de caminar para comenzar a flotar.

Obvio no todo es algodón y mariposas. Las inseguridades propias de los corazones que no quieren ser dañados, también se manifestaron con las típicas preguntas de: “¿Y si…?”, “¿estará tan enganchado como yo?”, “¿y si le digo que lo quiero?”. Pero lo bueno del amor es que te nubla la razón y a veces lo que no quieres decir se te sale igual. Te dije que te quería y pareció que estabas igual de atragantado que yo, con esa frase que estaba a punto de salir y que tanto frenamos. Todas las inseguridades se disiparon de un sopetón por la pregunta que salió de tu boca: “¿Querí pololear conmigo?”. Te di un “sí” de respuesta a esa invitación que en verdad significaba: “¡Obvio que sí, no quiero estar con nadie más que tú!”.

Y así sigo flotando y queriendo verte cada día aún más que antes. No sé si serás el hombre de mi vida, pero sí sé que lo eres en este momento de mi vida. Me encantaría que esto funcionara, pero sino, créeme que con lo que llevamos hasta ahora me parece suficiente para creer que el amor sí existe.

celosAl parecer ser celoso está en los genes femeninos y no importa lo que usted diga, en mayor o menor grado es celosa igual. (Puede encontrar su genotipo en este catálogo).

Pero hay algo que me interesa mucho y creo que es digno de estudio: ¿por qué nos ponemos tan hueonas cuando nos enamoramos? así, destacado.

¿Por qué rechuchas usted, señorita, cree que a ese pololo que tiene que antes no lo miraba nadie hoy todas y cada una de las mujeres del mundo se lo quieren comer?

¿En qué momento ese joven al que no le saltaba la liebre hace rato, que sufría por amor hasta que la conoció a usted, se transforma en un macho alfa galán sexual vikingo irresistible pinga de acero por el que las mujeres se derriten?

Yo he sido celosa y todas las mujeres a mi alrededor también. Algunas controladas luchan día a día por no ponerse hueonas y no tratar a su “irresistible” adonis como un objeto de su posesión porque entendieron que les hace mal, que sufren y se siente muy feo vivir insegura todo el tiempo pensando en que se las van a cagar. Superaron el trauma y dejaron las inseguridades y fantasías para el SPM, lo entendieron y dijeron: “Ok, esto que me pasa no es normal, quizás mis hormonas me hacen ver cosas” y lo controlan.

Otras viven de show en show en relaciones insufribles; “¿porqué la miras tanto?”, “¿porqué ya no eres tan cariñoso?”, “¿quién es esa que te escribe tanto en el face?”, “¿de dónde conoces a esa mina?”, “hablaste mucho con ella y a mí ni me pescaste”. Se enojan hasta con la tele si sale una mina que el macho encuentra rica y se compara con ella sintiéndose como la mierda. Algunas llegan al extremo y se loquean de verdad, revisando teléfonos, chat y hasta pagan para hackear el facebook del pololo o para seguirlo.

Todos sintiéndose mal, ella insegura, fea, poco querida. Él desesperado y cansado porque ya no sabe qué chucha hacer para tener contenta a la cabra que se enoja por todo y que no entiende que la quiere.

Si bien hay hueones muy frescos y caras de raja, – que más que una escena de celos necesitan un pasaje sin vuelta a solterilandia de una pura patá-, hay veces en que los celos sólo tienen cabida en la propia cabeza y van más allá de él y otras minas. Tiene que ver con celos de su tiempo, de lo que lo hace feliz, de sus espacios libres, de sus momentos agradables. ¿Suena patológico verdad? Lo es y quién siente eso sufre mucho.

La cosa es que al parecer, es verdad que todas llegan a sentir celos en algún momento y no hay que sentirse mal por eso, tampoco pescar mucho a la evolucionada tipo “nunca me ha pasado” porque compararse es el principal problema que tenemos las minas, querer ser perfectas y sentirnos mal y menos que otras porque no lo somos: el inicio de los celos.

Entonces, sin ánimo de aconsejar a nadie, quiero anotar algunas cosas que me han servido muchísimo:

1. Sentir o temer que “te van a cambiar por otra” muchas veces es un reflejo de “me van a cambiar por otra porque yo no soy suficiente”. En otras palabras, es pensar que están contigo porque no queda otra. Muy triste.

2. A veces a las minas nos hace falta pensar un poquito menos en que “no lo quiero perder” y más en “bueno, si se acaba, se acaba la hueá y si no, bacán”. Esa obsesión femenina insana con los amores para siempre nos priva de disfrutar lo actual o terminar relaciones negativas, estirar el chicle como le dice mi aweli.

3. Todo ese amor que usted siente por ese hombre no debe transformarse en idolatría, la admiración no debe llegar al punto en que te sientes inferior y que pienses que él es tan perfecto que todas te lo van a querer quitar… o sea.

4. Que te sientas incómoda con tu cuerpo, tu intelecto, tu situación económica o los cartones en la pared no es culpa de él. Él podría decirte todos los días que eres la mina más bacán del mundo y no le creerás igual, el arreglo hay que hacerlo en casa por amor propio y para no delegar nuestra felicidad en los demás.

5. Si la incomodidad sobre tu cuerpo, intelecto, situación económica o cartones en la pared no existían y ahora sí porque él de alguna forma lo hace notar, es porque ese tipo no es para ti, es dañino y se acabó. Patá en la raja y para la casa que la autoestima es frágil y hay que cuidarla.

6. Que las muestras de cariño no se exigen, se reciben y sólo cuando el otro las quiere dar de forma sincera. No como nos enseñaron las películas, no como el pololo de tu amiga que es tan, tan romántico más conocido como: “¿y por qué tu no hací eso?”. A veces hay que aprender a conocer al otro sacándose el deber ser de encima, porque si a su mino lo criaron como un robot, que un día te mande un corazón por whatsapp ya es caleta para él y quizás eso es más valioso que recibir flores y frases de Chickflick todos los días.

7. Que siempre van a existir minas más ricas y más feas que tú y eso está bien porque el mundo es así. Asúmalo y bote la Cosmopolitan.

8. Que la gente no es nuestra y tiene entretenciones, pasatiempos y amigos. Y que quiera ocupar tiempo en ellos sin ti no significa que te quieran menos.

9. Que ese que usted tanto adora,  es así gracias a amigos, familia y todo lo que lo rodeaba antes de conocerte a ti. Querer quitárselo es matarlo de a poquito, a usted y él. Nadie se merece tal cosa.

10. Que si te van a cagar, te van a cagar igual aunque estés encima de él todo el día y no te darás ni cuenta.

11. Que los celos no son otra cosa que un miedo patológico a perder a alguien que no es tuyo.

12. Que si un día te rompen el corazón en algún momento se va a sanar así que mejor no viva preocupada de hueás.

13. Que necesitar atención constante, única y exclusiva de él hacia ti, no es sano para nadie.

14. Que hay que respirar hondo y pensar antes de dejar la cagá por algo que puede estar sólo en tu cabeza o en tu baja autoestima.

15. Que lo más lindo del amor es confiar.

Eso.

En el fondo, bien en el fondo usted sabe lo que tiene al lado. Disfrute de su amor y no piense hueás que por algo están con usted.

Shao

-Ya po si no te va a dolerbad guy
-No, te dije que no quiero
-Ya po, un poquito, si lo hago despacito
-No hueón, no quiero
-Ya po, porfi
-No
-Ya, ya, no insisto más………………………………
-¡Auch! Te dije que no quería hueón
-Ay si fue sin querer, me equivoqué.

Con ustedes, el egoísta

En la entrega anterior  hablamos de El Generoso, ese cabro simpático que se deleita con tu deleite, vive y goza por él, a ese que le gusta que te guste y se esmera en ello, que te hace decir “qué hice tan bueno en la vida para merecer esto mi dio”, ay  generoso (suspiro)… te queremos mucho.

Pero bueno, no nos desconcentremos. En esta entrega nos referiremos a su antagonista, al villano de nuestro súper héroe. El Egoísta.

El egoísta es ese tipo que quiere tirar, pero no le importa si usted lo pasa bien o no. Desde un comienzo usted notará que él no es muy delicado, ni atento, ni cariñoso ni bueno para tocar lo que usted quiere que le toquen. No, él la quiere en pelota luego y rapidito, ojalá sin mucha parafernalia ni previa porque quiere meterla y rápido.

Entonces comienzan los problemas de ausencia de calentura. Claro, porque la damisela no alcanzó a entibiarse cuando el otro le estaba pidiendo ya que se diera vuelta, y es que El Egoísta se cree muy protagonista de película porno, pero sin las dotes del actor. Quiere que usted grite como la jovencita de la película pero sin hacer ningún mérito por lograrlo.

Al egoísta no le importa si a usted le duele, no la escucha si le pide que más despacio o más fuerte. El loco está tirando solo y tú estás supliendo el lugar de la mano.

El egoísta es el que te corta el orgasmo única y exclusivamente porque ya estaba aburrido y quiere variar a su ritmo, no le importa que le digas: “sigue así” si es que él tiene en su mente otros planes.

Ese con el que estás todo el rato tratando de acoplar el ritmo, llevarle las manos a lugares estratégicos, pero nada. El loco está tirando solo y no está ni ahí contigo.

Te pedirá por la ciudad más grande del estado estadounidense de Michigan hasta el cansancio o hasta que le digas que sí, porque él no entiende que no te guste o te duela. Ahora bien, el éxito de su insistencia dependerá única y exclusivamente de lo pelotuda que sea usted.

Tampoco le importará si estás justo empezando a pasarla bien y él se quiere ir. Cagaste cabrita, arréglatelas sola porque el ya terminó contigo, en realidad nunca estuvo tirando contigo.

Probablemente después de esa mala cacha te mirará con aire triunfador como diciendo: ‘te gustó, obvio que te gustó gatita’  seguido de decirte algo del tipo: “parece que se rompió el condón, supongo que tomas pastillas porque yo no estoy ni ahí con ser…”.

Olvídate del desayuno porque con cuea te ayudará a buscar los calzones, si es que no te echa rapidito y a poto pelado para la calle porque: ‘¡ups, va a venir mi polola, no me pongas esa cara si tu nunca me preguntaste!’. Pelota, pelota, pelota.

 

La autocrítica

El egoísta es aquél por el que al otro día te sientes como la pelotuda más grande en la historia de las mujeres pelotudas y por quién sientes culpa con frases autocariñosas del tipo: ‘¿puedo ser tan hueona?,¿cómo me fui a meter con este saco de hueas… tomé mucho?’ o ‘ahora sí que caí bajo’. Porque la sensación con la que te deja el egoísta es justamente esa: ¡por qué chucha me metí con este tipo! O peor ¿por qué rechucha le permití tanto sin echarlo a la primera?.

Y ahí está la causa del problema… tú que te quieres tan poco que aguantas cosas que jamás deberías aguantar, porque la calentura nunca superará el amor propio.

Pero no todo es malo, lo bueno de conocer un egoísta es que te ayuda a conocer límites y replantearte cosas del tipo: ‘loco piérdete, en serio no hay segunda’ o darse cuenta de lo ahueoná que usted puede ser para dejar de serlo porque por algo hay que partir.

 

Chau Pescau