Artistas Invitadas

A continuación, les presentamos  una colaboración de  la señorita Carla Pérez o la @LaPerraQuiltra para que amenice la mañana. 

 

     Muchas veces, a más de de una nos han llamado perras, pero si lo analizamos con detención TODAS en algún momento de nuestras vidas hemos actuado como tal, y no se espanten las más cartuchitas, porque ustedes también, y quizás, sólo tengan un mejor pedigree.

     Sí, todas nos hemos comportado como una, la única diferencia es que la raza adoptada va variando de acuerdo a la situación y a la persona con la que estemos. Un ejemplo de ello es que a veces nos parecemos a unas verdaderas poodles, y no me refiero a que andemos con un pompón en el culo, sino, que en ocasiones nos comportamos como tal, con esos celos pa’ callao, pero teniendo siempre claro que un escándalo es lo peor que podemos hacer -qué wea más atroz-.  Como hay que ser CASI siempre dignas, sólo marcamos el territorio, sí, lo meamos, pero nunca al punto de dejar la poza al lado de nuestro macho,  nos conformamos con dejar nuestro olor.

     Existen otras ocasiones -ojalá fueran todas así- en que somos unas verdaderas labradoras, nos volvemos locas cada vez que vemos a un “niño” y si éste es cariñoso con nosotras nos ponemos de inmediato a jugar, ya sea de día o de noche.

     Hay una raza que nunca falta, y no lo niegue porque sí que las hay. Son las perras cocker,  esas weonas lindas con care’ cuica pero que con cuea son clase media, siempre se las dan de más y buscan subir de rango social, generalmente lo logran gracias a su aspecto bonito, y es común verlas rodeadas de perros más finos que ellas. No cualquier mujer tiene alma de cocker, y no toda puede convertirse en una. No las detesto, al contrario, admiro la capacidad que tienen para surgir en la vida sin un mayor esfuerzo.

     Existen ocasiones en que podemos convertimos en unas rottweiller, demostrando abiertamente nuestros celos, logrando ser escandalosas e incluso, si es necesario, somos capaces de mostrar los dientes, y si la situación así lo amerita no hay limitante alguno para  mandarnos un Luis Suárez y lanzar directamente la mordida. Marcamos tanto el terreno que no dejamos que nadie se acerque a nuestro macho; porque ese perro es nuestro; y a él se le cuida.

    También están las pittbull, que son aquellas mujeres fuertes y atléticas,  poco románticas y generalmente parecen más las amigas que las pololas, suelen tratar a sus machimbres de “wena perrito”. También existe su lado opuesto, las femeninas, delicadas y  que gran parte del día están preocupadas por la facha, antes muerta que sencilla es su lema; ellas son las yorkshire.

    Pero hay una que no puede faltar y esa es la perra quiltra, es la fiel, la compañera, la que literalmente aperra en todas con su macho, en las buenas y en las malas, ya sea un paseo en La Dehesa como abajo del río Mapocho.  Ella no tiene problema alguno en follar donde sea, e incluso, es capaz de pelar los tomates por él, eso sí, sólo lo hace por su perro. Esta perrita que llevamos dentro sólo aparece cuando encontramos al hombre que nos provoca ese todo inexplicable que cada hembra, muchas veces necesita. Esta perra sólo florece cuando nos enamoramos.

Les presentamos a Natalia, nuestra artista invitada de hoy que trae este cuento que nos tiene puro inventando finales y teorías conspirativas. Les advertimos que cualquier semejanza con los hechos y personajes de este relato con la realidad es pura coincidencia. FAQMen no se hace responsable de las interpretaciones libres, alucinaciones y futuras llamadas telefonicas que que el lector pueda hacer.

Hace días que tengo una jaqueca terrible. Este lunes me enteré que Gabriel se ha puesto de novio.

Te llamo, y te corto, porque recuerdo que hace más de tres años que no hablamos. Te escribo y te pregunto qué ha sido de tu vida, y me respondes que no mucho. Aceptas mi invitación para ir al matrimonio de la Carla, y empiezo a pensar qué me pondré.

Nos juntamos en mi casa y pedimos un taxi. Pasan unos minutos y no nos decimos nada. Intento explicarte lo que estoy haciendo pero no me entiendes – no importa. Sí, me gusta, sí, a veces soy feliz. Tú también eres feliz, se supone. Somos jóvenes y hablamos de corrido, y creo que me miran con envidia cuando entro tomada de tu brazo.

Te saco una foto con el celular y el cotillón. De vuelta  del baño me traes una piscola de la barra. Bailamos Juan Luis Guerra mal, descoordinados, me pisas y me saco los tacos de una vez por todas. Agarras la liga y te ganas una botella de whisky. Yo bailo con el suegro y me gano un espacio en el video de la fiesta.

Nos reímos de los casados que se van temprano a la casa, y de las eternas solteronas que invitan sin pareja. Nos reímos de la gente que se lleva los arreglos florales a la salida, pero también nos da un poco de pena. En el camino de vuelta en auto me haces cariño en la pierna, y yo hago me hago la loca.

Dejo mis aros largos y mi collar de varias vueltas sobre el microondas. Te sirvo un vaso de agua y me cuentas de tu mamá, y lo grave de su depresión. Miras con curiosidad mi desorden, pero no dices nada.

El abrazo interminable y las caricias espontáneas debajo del cubrecamas, hacen que no me importe que el sexo haya sido malo. Me gusta que me pidas que te rasque la espalda, me gusta desordenar pelo como el tuyo; también compartir mi cama de plaza y media durante flojas mañanas de domingo. Me enrosco como mascota con tu boca en mi cuello y tus manos bien pegadas a mi cintura. Pegas tu frente a la mía, y dormimos así un par de horas.

Me río mucho, y parece que te incomoda. No tengo ganas de hacerlo de nuevo, pero te las arreglas para convencerme. Qué fácil es cerrar los ojos y jugar a los besos lentos, pienso. Pongo la radio y suena una canción de Jorge González que habla de morder un corazón, con suavidad.

Es más de las una. Nos despedimos con un beso en la mejilla en el marco de mi puerta. Juego con tu carnet y te digo que en la foto te ves gordo. Me siento vacía y algo muerta cuando le cuento a una amiga por whatsapp que finalmente me tiré al Negro. Abro tu contacto en el celular y veo cómo estas en línea, y ya no, y de nuevo sí. Dejas pasar uno, dos días, y un Me Gusta en facebook me recuerda que existes.

Lo importante es que no ha vuelto a dolerme la cabeza.

Les presentamos hoy a nuestra a Andi, Faquette Sysadmin supercomputinasexycochiñoña, siempre manejando los controles desde atrás y ayudándonos cuando nos queda la cagá y corremos en círculos. Hoy la sacamos de su cybercelda y la pusimos a escribir. Trátenla con cariño o si no nos baja el sitio.

Peter_pan_y_wendy_pelicula

-Un partido más y nos vamos, porfaaaaaa.
-Hace una hora me dijiste lo mismo
-Ya pu, una no más. Grabo y nos vamos
-No, vamos a llegar tarde al cumpleaños de tu papá
-Puta oh. Que eres pesá, siempre me hací lo mismo.

 

Con ustedes: Peter Pan

Te puedes meter con un Guapito Bipolar, con un Busca Drama y hasta con un Hombre Prohibido, pero ninguno… ninguno, te dará dolores de cabeza como un Peter Pan.

Al principio son los personajes más entretenidos, suelen tener siempre un panorama bajo la manga y son el alma de la fiesta. Todos lo quieren porque prende hasta el carrete más fome. Si usted encuentra uno de estos, le aseguro no se aburrirá por un buen rato.

Dentro de ese constante pasarlo bien, suelen tener necesidades que demandan ser atendidas. Desde las más simples y tiernas como el inocente: “¿Hazme cariño?” mientras ven una película en esos momentos de cucharita un día domingo, hasta su necesidad insaciable de pasarlo bien sin importar nada más, y como que el mundo se acabara después de ese carrete a los que, obvio, lo tienes que acompañar aunque no te puedas la caña.

“Pero cómo, ¿no me vas a acompañar? Vaaamos po! Lo vamos a pasar increíble, te lo prometo”.

Y atrévase a negar cualquiera de sus demandas, pues saldrán a la superficie sus características más especiales. Mostrarán lo vulnerables que son y podrá ver que en el fondo solo es un adorable niño que necesita de su compañía. No se extrañe si le sale con acusaciones del tipo: “es que tu no me quieres!” o “siempre haces lo mismo!”, mientras le coloca cara de perrito degollado.

 

Hábitat

Bares, Pichangas, Juegos Diana, Discoteques, Fiestas Mechonas, en las que hace rato no tiene nada que hacer. Fiestas electrónicas, pachangeras, rockeras, floclóricas, Hare Krishna, altiplánicas, mingas, curantos, tarreos, asados y cumpleaños infantiles saltando y empujando cabros chicos pa’ abajo del Barney inflable.

 

Cómo detectarlo

  • Cada vez que le pregunta por su futuro, éste es incierto y sin importancia, pues lo relevante es “pasarla bien”. Clásica la frase: “¿Y pa qué te preocupai? si falta caleeeeta”.
  • Cada vez que usted lo saca al supermercado, él le quita el carro sin piedad y lo usa para patinar por cuanto pasillo se le cruza, mientras grita “Wiii”. El único pasillo en el que pone atención y gasta horas, es en el de su comida/golosina favorita.
  • Pierde rápidamente el control mientras conduce cuando se forma un taco que retrasará la llegada al destino. Si es un partido de Chile, es pelea segura, “pero por la cresta! Viste como se cruzó el CSM?!” y “córrete po’ hueón!!” será lo menos que escuchará salir de su boquita juguetona.
  • Nunca concreta. Que va a empezar a juntar el pie del departamento, es algo que vienes escuchando los últimos 2 años, al menos.
  • Habla de un futuro juntos, pero a largo plazo. De verdad en el futuro. Algo así como 20 años para pensar en asentarse de cualquier forma posible.
  • Trata a todos sus amigos de viejos culiaos fomes cuando no quieren implementar alguna de sus ideas y se enoja… contigo; o suele irse disgustado de alguna junta cuando no era lo que esperaba. Esto lo mantiene en constantes discusiones con sus pares, sin embargo, lo adoran como a un hermano chico porque: “El Luchito es así”.
  • Se niega a trabajar en grandes empresas o por tiempos prolongados, argumentando que él es un “alma libre y creativa, un niño en crecimiento que necesita nutrirse de la sabiduría de la vida”. Mentira, entrar a las ocho es una tortura insufrible; peor que ir al colegio. Y tener que cumplir a un jefe le da terror.
  • Pasa más metido en sus recuerdos de la juventud que en planificar qué hará ahora que se quedó sin pega por n-ésima vez, ya sea por despido o por renuncia.
  • No logra entender por qué sus amigos cambian y “se ponen viejos”, ni por qué se fueron a vivir con sus minas y planean familia. “Cómo se le ocurrió ser papá a este hueón si recién tiene 36”.
  • No es capaz de manejar la frustración. Y su forma de demostrarlo será siempre a través de la pataleta: “Tú nunca me apoyas”, “Por qué siempre te pones en mi contra?”, “Tú no me quieres”.
  • El lolo se la pasa puro carreteando y con cueva va a trabajar: “Llama a mi jefe y dile que estoy enfermo… ya?”.

 

Misión

Divertirse y tener todo lo que necesitan al alcance de la mano. Si no lo apoyas, te armará pataleta acusando abandono y falta de cariño.

 

La Presa

Para mujeres con síndrome mamá-enfermera o mamá-psicóloga, éste es su tipo ideal de hombre. Siempre le dará trabajo y alguien a quién cuidar y aconsejar en el día a día. Y mejor aún, el lolo la necesitará siempre, pues le aterra quedarse solo en la vida. Él siempre buscará alguien que lo acompañe y satisfaga sus necesidades de atención.

Para las que no sufren de los síndromes descritos, créame cuando le digo, el vuelo libre por las estrellas al país de Nunca Jamás, tiene un aterrizaje forzoso directo en el barco del capitán Garfio y de lo único que terminará siendo presa es del Cocodrilo Tic-Tac.

 

Desde la calle Corazón Roto con esquina PLR, nos visita Carmen, con esta sentida carta al pécoro que tanto dolor le causó. Vaya a buscar helado, cuchara y dispóngase a leer. Eso sí, por si las moscas deje el teléfono lo más lejos que pueda.

 

Querido Ex:

Deseo escribirte estas palabras, porque las he tenido guardadas un buen tiempo.

Sé que las últimas veces me viste indigna y medio demacrada. También sé que mi estrategia de ser tu “amiga”  no resultó y fue patético, porque cada sonrisa que te daba cuando me contabas tus secretos ocultaban mis ganas de pegarte.

Te devolví cada regalo que me diste y me arrepiento, me debí haber quedado con cada peso que gastaste y haberlos quemado para sentir que te dolía o haberlos regalado a las hermanas de mis futuros novios.

Te perseguí en el auto con mis amigas a altas horas de la noche y pasé por tu casa para hacer una cosa patética:  Ver si tenías la luz prendida de tu pieza.

Te llamé de números diferentes para ver si estabas carreteando y le pedí a mis amigas que me describieran el “contexto” de cada llamada, haciendo preguntas como: “¿Había ruido?”, “¿sentiste a una mina?”,  “¿Crees que estaba solo?”. Lea el resto de este artículo »

Tenemos el agrado de presentarles a Rita, quien se ganó un poroto con este tema tan peliagudo que nos cuesta hablar incluso con las amigas (sí señores, nosotras también sabemos guardar secretos). Lea atentamente, usted no está sola en este mundo.

===================================

La publicidad, la tele y las conversaciones que escuchamos entre hombres nos han hecho creer que basta un par de tetas, un culo bonito, o a veces ninguna de las anteriores para tener un miembro duro siempre deseante frente a una mina. ¡Pero no! Todas hemos tenido experiencias que desmitifican la buena disposición masculina. Es decir, los hombres no son tan calientes como le vendieron la pomada a una.

Caso 1: El weón que no quiere

Imagínate que el weón lleva como medio año haciéndote los puntos. Llegan a la cama y el perla no quiere. Utilizas todas las técnicas de seducción infalibles, y nada. No se entiende por qué diablos, si se le para y se le nota que está caliente, no quiere.

Posibles razones:

  1. El weón prefiere postergarlo porque es tan malo pa’ tirar que sabe que si accede no lo van a pescar más. Tiene que asegurarse que la mina está idiota por él antes que mostrarle sus (dis)capacidades amatorias.
  2. Al weón lo invade la moral y descubre a última hora que la fornicación es pecado. Lea el resto de este artículo »