Baño de Minas

Acá recibimos pelambres, colaboraciones y demás chismes, sin filtro.

Desde la calle Corazón Roto con esquina PLR, nos visita Carmen, con esta sentida carta al pécoro que tanto dolor le causó. Vaya a buscar helado, cuchara y dispóngase a leer. Eso sí, por si las moscas deje el teléfono lo más lejos que pueda.

 

Querido Ex:

Deseo escribirte estas palabras, porque las he tenido guardadas un buen tiempo.

Sé que las últimas veces me viste indigna y medio demacrada. También sé que mi estrategia de ser tu “amiga”  no resultó y fue patético, porque cada sonrisa que te daba cuando me contabas tus secretos ocultaban mis ganas de pegarte.

Te devolví cada regalo que me diste y me arrepiento, me debí haber quedado con cada peso que gastaste y haberlos quemado para sentir que te dolía o haberlos regalado a las hermanas de mis futuros novios.

Te perseguí en el auto con mis amigas a altas horas de la noche y pasé por tu casa para hacer una cosa patética:  Ver si tenías la luz prendida de tu pieza.

Te llamé de números diferentes para ver si estabas carreteando y le pedí a mis amigas que me describieran el “contexto” de cada llamada, haciendo preguntas como: “¿Había ruido?”, “¿sentiste a una mina?”,  “¿Crees que estaba solo?”.

Hice la llamada a altas horas de la noche (la llamada prohibida) para exigirte explicaciones, mientras tú me cortabas y te reías de mí.

Traté de acercarme a tus amigos para ver si estabas bien o estabas sufriendo. Cosa que fue peor porque para ellos siempre estuviste bien.

Meses pensé que me llamarías y no me despegué del teléfono ni un minuto. Te visualicé con todas las minas del mundo, hasta con tu mejor amiga, mientras escuchaba la canción de Arjona “Te conozco”.

Me aprendí todas las canciones de Luis Fonsi, Cristian Castro, Ricardo Arjona y Alejandro Sanz. Las canté con fuerza; en mi pieza, en el auto, karaokes y camino a la Universidad.

Revisé tu Facebook y twitter buscando fotos de tus amigos para ver si estabas. Te imaginé feliz y contento, mientras yo estaba tirada llorando en mi cama.

Te imaginé llegando a mi casa y pidiendo perdón por todo. Cosa que nunca pasó.

No tuve piedad de mis amigos quiénes saben cuánto calzas, qué te gusta y qué haces los lunes. Me emborraché en tu honor y se lo conté a todo el Bar. Todos sabían tu nombre a las 4 de mañana.

Hice cosas estúpidas por un estúpido. Y es que nadie me ha partido el corazón como tú lo hiciste. Yo te amé por sobre todas las cosas y estaba dispuesta a estar a tu lado. Me mentiste cuando dijiste que esto sería para siempre y te doy gracias, porque sin ti soy lo que soy ahora. Fui tu amiga, tu hermana y tu madre, busqué todos los roles para ver si cambiabas, pero creo que nada dio resultado.

Hoy soy otra y no te necesito, porque me quiero y sé lo que valgo. Te pido que madures por tu bien. El único responsable de ti eres tú.

Sé que esto nunca lo vas a leer, pero me encantaría pasártelo por la cara para decirte de corazón ¡FUCK YOU!.

@CarmenVcastillo

¿Por qué vamos juntas al baño? ¿Qué hablamos cuando nos vamos a empolvar la nariz con la amiga al tocador? A esto: A llorar, a pelar, a tirar chuchadas al pérfido, a contar intimidades cochinonas o a ver como lo haremos para agarrarnos a tal tipo.

Por eso hoy inauguramos la sección Baño de Minas en FAQMen: de desahogos varios, moquilleos y ¡maricón me cagaste la vida! de parte de nuestras adoradas lectoras. Así que agarren sus potes de helado de 2 litros, los pañuelos desechables y sean bienvenidas a pelar con los relatos de dos lloronas despechadas artistas invitadas. 

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Manteniendo la dignidad (o aparentando mantenerla)

Por Leonessa

Dignidad, complicada palabra. Todos tenemos una hasta que: no nos pescan, nos patean, nos cagan o nos la ponen difícil. Y digo “hasta” siempre que el sujeto en cuestión sea relevante… que tampoco se diga que las mujeres pueden perder la dignidad por cualquiera. (Asienta con la cabeza aunque se mienta a sí misma, solo por mantener intacta la palabrita con la que comienza este texto).

Cuando no nos pescan: no se trata del típico weón que “no te pesca”; en realidad es mucho peor que eso. Es el típico ‘semental’ (estoy siendo amable) que te mira, que envía señales de esas bien obvias, su lenguaje corporal parece decir a gritos “juegue”… ¿Peeeero?: No. Increíble pero cierto: ahí se queda, en los acercamientos discretos y… sería.

Cuando nos patean: Aquí, el estallido de cierta clase de fluidos es inminente: llanto, mocos, desesperación, todos los “¿por qué?” de la vida y las relaciones de causalidad más ridículas que llegan hasta: “Si no hubiésemos ido en 2009 a la casa de la Sole… snif y no hubiésemos follado cuando llevaba puesto el calzón de mi vieja, nada de esto estaría pasando”.

Cuando nos cagan: la mezcla perfecta entre rabia, orgullo herido y ganas de tomártelo todo: se analiza a la culpable de tu desgracia, lloras, lanzas objetos y haces numeritos. Él es un hijo de puta. Tú eres la víctima; y es que, siendo sinceras, siempre es mejor cuando es una la que se manda la gran cagá, por más que después derrochemos cargo de conciencia por todos los poros del cuerpo.

Cuando nos la ponen difícil o póngale el nombre que quiera: “que anda frío”, “que no me entiende”, “que llega tarde de la pega”, “que se va a una conferencia no sé dónde mierda con todas las compañeritas de la oficina”. No sé, en la cabeza de una mujer hay miles – si, miles – de razones (y no tan razones) para decir que un hombre “nos la pone difícil”.

Entonces, ¿qué pasa? algo se nos tiene que ocurrir. Hay que quedarse con la última palabra porque eso nos hace sentir victoriosas; y como la comunicación es nula y ya estamos con la mierda hasta el cuello, recurrimos al peor aliado: redes sociales.

Como intentar mantener la dignidad pública intacta

Facebook:

  1. Aprenda la sabia lección de la “no-textualidad”. Hay miles de formas de decir las cosas sin tener que ‘megustear’ páginas terriblemente chulas para tirar un palo.
    Los megusteos tipo “Me perdiste, ahora sabrás como se viBe sin tenerme y no hay vuelta atrás”, “Si te gusto tanto… ¿Por qué no me violai?”, “Mi corazón late por tiiii… protéJelo antes de que sea tarde”. Hacen que nos veamos patéticas. La dignidad desciende a cero y lo peor – realmente lo peor – es que no solo te hacen parecerlo frente al mino en cuestión, sino frente a todos tus contactos y a los amigos de tus amigos, y a cualquier weón ocioso que esté pendiente de la información instantánea (créeme: son muchos).
  2. Actualizaciones de estado desesperadas. Cualquier cosa que empiece con “Me carga…”, “Qué triste que…”, “La vida me enseñó a…”, y ya luego podemos irnos por cualquier adjetivo como “maricón”, “pobre weón” y la mártir que anda “chata”, “Desilusionada” o “destrozada” (resta aun más puntos de dignidad, si van con mayúscula y decenas de signos de exclamación)
    Convengamos en que las amiguis pondrán palabras de aliento, pero de ahí no pasa. Por cada  amiga de esas tiernas que te prestan el hombro, hay por lo menos cuatro pelándote en el chat por “alumbrada”.
  3. Las canciones. Peligrosa cosa. Un guiño por ahí, quizás, no esté demás (como para removerle la conciencia al sujeto). Pero cuidado: cuidado primero con los gustos. Seguramente esa canción mamona de Camila te hace mierda, pero NO. Y un “no” rotundo. Prohibido Arjona, Luis Miguel, Natalino y cualquier cosa que se le parezca. Sofistiquemos las preferencias antes, para que por lo menos el palo vaya acompañado de algo de buen gusto.

Twitter:

No hay nada peor – métete esto en la cabeza – nada PEOR que colgarse de un hashtag para desahogarte. Es que si en facebook ya la cosa raya lo miserable, en twitter la cuestión te convierte automáticamente en una arrastrada. Y la tentación es grande, porque hay tanta mujer y tanto hombre sembrando el germen del despecho por ahí, que resulta que surgen y surgen tendencias idóneas para sacar afuera toda la mierda que quieres vomitar. No lo hagas. Se nota y mucho. Haz el ejercicio de revisarlos en este preciso momento: no hace falta más que una sola neurona para detectar a una despechada al segundo… y así mismito te detectarán a ti.

Dime de que presumes y te diré de lo que careces:

Comprenda que la regla se aplica a la inversa. Si no encontró en su mente mejor técnica que tirar frases que hagan alarde de ‘shuper’ independencia, del tipo “Hola. Terminamos hace 24 horas y ya te olvidé”, note que se entiende igual – o peor – que en los dos casos anteriores. Al menos en esos casos se agradece la sinceridad.

El pateticismo romanticón viene en el paquete completo y se eleva cuando nos va como el orto en el amor: grita y llora con el perro (discreción segura) o con una amiga de esas bien, bien piolas y si no la tienes (porque en realidad son pocas) asegúrate de qué, al menos, no tenga contacto alguno con el sujeto objeto de tu desesperación, para que el numerito que te mandes no llegue jamás a sus oídos.

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¿Tiene su desahogo y quiere colaborar? No sea tímida y mándenos su catarsis (bien escrita por supuesto) a ladies@faqmen.org :*