Baño de Minas

Acá recibimos pelambres, colaboraciones y demás chismes, sin filtro.

Cunnilingus

Este post fue alguna vez publicado en nuestro blog amigo FAQWomen, donde los muchachos, muy interesados en aprender, nos dejaron escribir algunas técnicas que creemos importantes para hacernos felices. Sabemos que es placer de varios y varias hacerlo, y hay mucho interés masculino en hacerlo bien, y como la técnica se ha ido perfeccionando con el tiempo y algunos maestros nos han enseñado nuevas y mejores técnicas,  queremos compartirlas con ustedes.

El Cunnilingus es un arte y hay señores a los que la vida les ha negado el talento. Para empezar hay que tener claro que es una zona demasiado sensible y que hay que tratar con amor, no hacerlo a tontas y a locas porque al igual que el blowjob, requiere especial cuidado y dedicación. Hay quienes caen en el error de creer que mientras más dura la lengua y mas rápido y  fuerte se mueva, mejor (la mala técnica de la centrífuga). Pues no, grave error. Tampoco hay que succionar muy fuerte la zona del clítoris porque sólo produce incomodidad (la mala técnica de la aspiradora).

Y  porque no, no es fácil, trataremos de explicarlo en detalle:

  1. Primero, hay que mencionar que hay mujeres que necesitan más tiempo para excitarse, y que por lo mismo, requerirán una previa de besos y toqueteos varios en todo el cuerpo, con boca, lengua y manos. Mientras más caliente ella esté, mejor recibirá el cunnilingus. Mejor aún si mientras está en ello, mantiene presionada con su cuerpo la zona superior de la vagina,el famoso monte de Venus. Ahora, si nota que la muchacha en cuestión no requiere tanta previa (según su dilatación y lubricación) puede ir directo al grano, comenzando con los alrededores hasta llegar a la zona.
  2. Se recomienda comenzar lamiendo suavemente la parte exterior de la vagina y los labios superiores, succionándolos de vez en cuando, sobre todo entre ellos, con movimientos de arriba hacia abajo y circulares, o haciendo el movimiento del abecedario con la lengua, aumentando levemente la presión. Puede ayudarse con las yemas de los dedos, con movimientos de arriba hacia abajo por la zona aludida.

Todo esto suavecito y con paciencia, para que ella suelte la cabeza y comience a concentrarse en lo que está pasando abajo. El movimiento de lengua debe ser como el que se hace para lengüetear una tapa de yogurt; con la lengua suelta y blanda, haciendo suaves movimientos por los contornos. Sólo por los contornos, y a estas alturas ella debería desear que su lengua fuera cada vez más al centro.

(Se recomienda practicar comiéndose un yogurt entero sin cuchara)

  1. Cuando la muchacha comience a respirar más fuerte (es muy importante prestar atención a la respiración y gemidos, si ella está en silencio y mirando el techo debe esforzarse más) es momento de comenzar a prestar atención a la parte del medio, es decir: la abertura entre los labios, esa parte llamada labios inferiores que recubren el clítoris. Se recomienda lamer de arriba hacia abajo, primero suave, para ir aumentando la presión de a poco y subiendo hacia el clítoris mientras se acaricia con los dedos la parte ya aludida entre la vulva y los labios superiores.
  2. Si sigue estos consejos la fémina comenzará a respirar cada vez más fuerte, y si no es tan tímida, a moverse levemente según el movimiento que ella quiera que usted lleve; en ese momento, no pierda el ritmo ni lo cambie, porque significa que va muy bien, pero puede intentar introducir un dedo o acompañar con suaves movimientos de las yemas húmedas las lamidas, que pueden ir aumentando la presión desde el clítoris hacia la vulva. Nunca olvidar la presión sobre la vulva, que debe ser  superior a la presión sobre el clítoris.
  3. Puede tocar de vez en cuando tetas u otras partes o invitarla con su mano a tocarse ella misma, siempre y cuando esto no lo desconcentre de su trabajo. Cuando lo están haciendo bien, el placer se concentra en un solo lugar y a veces es mejor no distraerse.
  4. Es necesario, muy necesario, que preste atención a los sonidos, respiración, y movimientos involuntarios de ella. Esto porque si capta las señales, sabrá qué está haciendo bien, dónde y cómo debe seguir para que ella llegue al orgasmo. Nunca, jamás, varíe el movimiento de la lengua o dedos si los gestos de ella le dicen que está en éxtasis así tal cual lo estás haciendo; si cree necesario aumentar la presión, que sea muy sutilmente.
  5. Tenga mucha paciencia, la mujer que no está acostumbrada a estas artes, le cuesta relajar la cabeza y dejarse llevar. Pero si es paciente, suave y perseverante, logrando que ella llegue al orgasmo, le aseguro que será uno de los mejores de su vida o a lo menos diferente y muy intenso.
  6. Si tras estos pasos, ella no ha tenido un orgasmo, es el momento ideal para penetrar, para que no se pierda la continuidad ni tiempo. Lo ideal es que el hombre se mantenga arriba, y siga el movimiento que se tenía en el cunnilingus, es decir, penetración fuerte y profunda presionando el monte de Venus, ya que de esa forma se presiona el clítoris, dando mayor facilidad a la mujer para alcanzar el tan preciado orgasmo. Pero si sólo se ha demorado y la muchacha está vuelta loca, tenga paciencia, aunque se le acalambre la mandíbula, porque está cerca, muy cerca.

Ahora, si la compresión de lectura no es su fuerte, pregúntele siempre a su fémina si va bien, si quiere algo especial y siempre, siempre, lea las señales.

Mención honrosa para el músico de cuerdas y vientos que corren con ventaja. Ojo ahí chiquillas.

Puta que es rico cuando hay dedicación.

Y claro. Un día pasaba yo por ahí, irresponsablemente como si nada importante fuera a suceder y estabas tú. Con esos ojos y esa sonrisa que alguna vez soñé pero que no tenía cara. No pude quitar mis ojos de ti (sí, así como la canción). Te busqué entre la gente y tú a mí. Un imán gigante entre tú y yo nos acercaba, obedecimos sin chistar.

Luego vinieron las conversaciones irrelevantes para buscar un tema, luego el cine y la música que actuaron de perfectos celestinos. Como unos Cupidos que empujaban las palabras para decir la frase correcta:

-“Esta canción es de un grupo que nadie cacha”.

-“Es de The Guess Who”.

¡Bang! Punto para el Cupido musical. Me gané tus ojos brillantes.

Luego vinieron las conversaciones de vida, de la familia a la política, del “yo cuando era chico” a “en mi familia somos…”,  risas idiotas, acercamientos torpes y lo tan esperado: “El Beso”, ese primer beso que puede mandar todo al carajo o dejarte en situación de “sí, me gusta entero, mucho y quiero más”.

Lo que viene después de los primeros besos magníficos ya sabemos, incontrolable, no acorde a reglas de primeras citas ni consejos puritanos. Se hizo lo que se sintió y qué maravilloso se sintió, tan natural y cómodo, sin juegos de poder ni falsos suspiros. Lo siguiente que vino fueron mis: ‘nada en el whatsapp’ para pasar al ‘ay ctm, me escribió, me escribió’.

Saltos, gritos cara a la almohada, enrojecimiento facial, latidos a mil por hora y: ’ay, ay ¿qué le contesto?’. Volví a tener quince otra vez.

De ahí en adelante pasamos del chat interminable hasta llegar a las primeras conversaciones telefónicas nerviosas. De esas en que la coquetería es espontánea y te hace jugar con el pelo cuando te pregunta si quieres salir a tomarte algo, ir al cine o lo que sea. Te di un “sí” de respuesta a esa invitación que en verdad significa: ¡no me importa el panorama, sí a todo lo que quieras invitarme!”.

Y es ahí que me di cuenta de varias cosas, como por ejemplo; que el panorama es lo de menos cuando lo único que quería era verte, tenerte cerca, rozarte. Y que en el tiempo de espera a la junta caí en esas cosas que me parecían tan idiotas como el: “¿qué me pongo?”, “por la chucha no tengo nada”. Porque toda mujer en un romance incipiente se pone como una adolescente estúpida y eso es un derecho.

Llegó el día y mi corazón no paraba de latir. Y al acercarme noté que todos mis esfuerzos frente al espejo valieron esos ojos atentos y luminosos que adornan esa sonrisa nerviosa. Pero lo que no sabía era que no tiene que ver con lo que me puse, simplemente ansiabas verme tanto como yo a ti. Como era de esperarse la cita fue perfecta, la conversación y las risas fluyeron. Todo se volvió más cómodo y más cómodo y más cómodo… nada extraño a otras citas, todo es normal salvo la compañía. Eso era lo especial.

Luego vinieron más citas, panoramas diurnos y vespertinos. De que hoy me quedo en tu casa, mañana también y pasado tú en la mía y el día siguiente y el siguiente y así la cosa fue fluyendo. Dejé de caminar para comenzar a flotar.

Obvio no todo es algodón y mariposas. Las inseguridades propias de los corazones que no quieren ser dañados, también se manifestaron con las típicas preguntas de: “¿Y si…?”, “¿estará tan enganchado como yo?”, “¿y si le digo que lo quiero?”. Pero lo bueno del amor es que te nubla la razón y a veces lo que no quieres decir se te sale igual. Te dije que te quería y pareció que estabas igual de atragantado que yo, con esa frase que estaba a punto de salir y que tanto frenamos. Todas las inseguridades se disiparon de un sopetón por la pregunta que salió de tu boca: “¿Querí pololear conmigo?”. Te di un “sí” de respuesta a esa invitación que en verdad significaba: “¡Obvio que sí, no quiero estar con nadie más que tú!”.

Y así sigo flotando y queriendo verte cada día aún más que antes. No sé si serás el hombre de mi vida, pero sí sé que lo eres en este momento de mi vida. Me encantaría que esto funcionara, pero sino, créeme que con lo que llevamos hasta ahora me parece suficiente para creer que el amor sí existe.

Les presentamos a Mac que nos mandó esta linda colaboración que  nos llegó hasta el corazón. No es que alguna haya sido patas negras, no. Acá somos todas cabras temerosas de dios, no fumamos,  no tomamos ni bailamos apretado. En serio mamá 

 

Sentada al borde de tu cama, buscando mi ropa entre el desorden, buscaba también esos pedazos de mí que habían quedados tirados por ahí en el suelo la noche anterior.

Sin duda la luz del día cambió la perspectiva de las palabras que antecedieron a esta triste mañana. Yo sola sentada ahí, en una cama que no es la mía, en una casa distinta y que por todos lados grita el nombre de una mujer, que sin duda no soy yo.

Me tomo la cabeza y pienso, ¿en qué puto momento me subí a ese taxi y llegué hasta aquí? Viernes por la noche sola otra vez en casa, me había prometido a mí misma no verlo más. Para eso tenía que mantener ocupada esas noches. Él es deportista y entrena con regularidad, por lo tanto los viernes también “entrena”, conmigo. Yo ya me había cansado de eso y justo cuando pensé que la cosa iba en serio, me cuenta que tiene polola, sin mencionar que su “polola” era casi 15 años más joven que yo. Me vuelvo a tomar la cabeza y pienso ¡por la puta madre! Y me hice la superada, diciéndole: no es problema, está bien, sigamos así.

Hoy pienso y ni siquiera le puedo echar la culpa al copete… Mejor me visto rápido y salgo de aquí…

Tomo mis cosas, ordeno la cama y doy una última mirada al lugar donde pasé la noche. Siento pena, siento que se me rompió el corazón otra vez, a ratos me falta el aire, pero no me sale ni una lágrima… sin pensar mis ojos se clavan en la ropa, la ropa de ella que está ahí, junto con la de él.

Él, el que yo buscaba con tantas ansias conquistar, el que quería que viniera a mi casa a acurrucarme y abrazarme para que se pasara la pena o el frío. Me había costado tanto darme cuenta que sí, que quería estar con él, que quería que se transformara en un presente nombrable, presentable a la familia y los amigos; quería sacarlo de la oscuridad, de las visitas a las 4 de la mañana.

Pero yo no estaba ahí, yo no estaba entre su ropa, no era yo la que dormía entre sus brazos. Y fue como despertar de un sueño, caer de rodillas al suelo, esta vez para pedirme perdón a mí misma por lo que me he estado haciendo en este tiempo. He permitido que el desamor se vuelva algo normal y eso no es lo que me toca, me he obligado a vivir situaciones tan tristes, sin pensar en que no las merezco.

 

Salí del edificio, respiré profundo.

No contesté nunca más sus mensajes.

celosAl parecer ser celoso está en los genes femeninos y no importa lo que usted diga, en mayor o menor grado es celosa igual. (Puede encontrar su genotipo en este catálogo).

Pero hay algo que me interesa mucho y creo que es digno de estudio: ¿por qué nos ponemos tan hueonas cuando nos enamoramos? así, destacado.

¿Por qué rechuchas usted, señorita, cree que a ese pololo que tiene que antes no lo miraba nadie hoy todas y cada una de las mujeres del mundo se lo quieren comer?

¿En qué momento ese joven al que no le saltaba la liebre hace rato, que sufría por amor hasta que la conoció a usted, se transforma en un macho alfa galán sexual vikingo irresistible pinga de acero por el que las mujeres se derriten?

Yo he sido celosa y todas las mujeres a mi alrededor también. Algunas controladas luchan día a día por no ponerse hueonas y no tratar a su “irresistible” adonis como un objeto de su posesión porque entendieron que les hace mal, que sufren y se siente muy feo vivir insegura todo el tiempo pensando en que se las van a cagar. Superaron el trauma y dejaron las inseguridades y fantasías para el SPM, lo entendieron y dijeron: “Ok, esto que me pasa no es normal, quizás mis hormonas me hacen ver cosas” y lo controlan.

Otras viven de show en show en relaciones insufribles; “¿porqué la miras tanto?”, “¿porqué ya no eres tan cariñoso?”, “¿quién es esa que te escribe tanto en el face?”, “¿de dónde conoces a esa mina?”, “hablaste mucho con ella y a mí ni me pescaste”. Se enojan hasta con la tele si sale una mina que el macho encuentra rica y se compara con ella sintiéndose como la mierda. Algunas llegan al extremo y se loquean de verdad, revisando teléfonos, chat y hasta pagan para hackear el facebook del pololo o para seguirlo.

Todos sintiéndose mal, ella insegura, fea, poco querida. Él desesperado y cansado porque ya no sabe qué chucha hacer para tener contenta a la cabra que se enoja por todo y que no entiende que la quiere.

Si bien hay hueones muy frescos y caras de raja, – que más que una escena de celos necesitan un pasaje sin vuelta a solterilandia de una pura patá-, hay veces en que los celos sólo tienen cabida en la propia cabeza y van más allá de él y otras minas. Tiene que ver con celos de su tiempo, de lo que lo hace feliz, de sus espacios libres, de sus momentos agradables. ¿Suena patológico verdad? Lo es y quién siente eso sufre mucho.

La cosa es que al parecer, es verdad que todas llegan a sentir celos en algún momento y no hay que sentirse mal por eso, tampoco pescar mucho a la evolucionada tipo “nunca me ha pasado” porque compararse es el principal problema que tenemos las minas, querer ser perfectas y sentirnos mal y menos que otras porque no lo somos: el inicio de los celos.

Entonces, sin ánimo de aconsejar a nadie, quiero anotar algunas cosas que me han servido muchísimo:

1. Sentir o temer que “te van a cambiar por otra” muchas veces es un reflejo de “me van a cambiar por otra porque yo no soy suficiente”. En otras palabras, es pensar que están contigo porque no queda otra. Muy triste.

2. A veces a las minas nos hace falta pensar un poquito menos en que “no lo quiero perder” y más en “bueno, si se acaba, se acaba la hueá y si no, bacán”. Esa obsesión femenina insana con los amores para siempre nos priva de disfrutar lo actual o terminar relaciones negativas, estirar el chicle como le dice mi aweli.

3. Todo ese amor que usted siente por ese hombre no debe transformarse en idolatría, la admiración no debe llegar al punto en que te sientes inferior y que pienses que él es tan perfecto que todas te lo van a querer quitar… o sea.

4. Que te sientas incómoda con tu cuerpo, tu intelecto, tu situación económica o los cartones en la pared no es culpa de él. Él podría decirte todos los días que eres la mina más bacán del mundo y no le creerás igual, el arreglo hay que hacerlo en casa por amor propio y para no delegar nuestra felicidad en los demás.

5. Si la incomodidad sobre tu cuerpo, intelecto, situación económica o cartones en la pared no existían y ahora sí porque él de alguna forma lo hace notar, es porque ese tipo no es para ti, es dañino y se acabó. Patá en la raja y para la casa que la autoestima es frágil y hay que cuidarla.

6. Que las muestras de cariño no se exigen, se reciben y sólo cuando el otro las quiere dar de forma sincera. No como nos enseñaron las películas, no como el pololo de tu amiga que es tan, tan romántico más conocido como: “¿y por qué tu no hací eso?”. A veces hay que aprender a conocer al otro sacándose el deber ser de encima, porque si a su mino lo criaron como un robot, que un día te mande un corazón por whatsapp ya es caleta para él y quizás eso es más valioso que recibir flores y frases de Chickflick todos los días.

7. Que siempre van a existir minas más ricas y más feas que tú y eso está bien porque el mundo es así. Asúmalo y bote la Cosmopolitan.

8. Que la gente no es nuestra y tiene entretenciones, pasatiempos y amigos. Y que quiera ocupar tiempo en ellos sin ti no significa que te quieran menos.

9. Que ese que usted tanto adora,  es así gracias a amigos, familia y todo lo que lo rodeaba antes de conocerte a ti. Querer quitárselo es matarlo de a poquito, a usted y él. Nadie se merece tal cosa.

10. Que si te van a cagar, te van a cagar igual aunque estés encima de él todo el día y no te darás ni cuenta.

11. Que los celos no son otra cosa que un miedo patológico a perder a alguien que no es tuyo.

12. Que si un día te rompen el corazón en algún momento se va a sanar así que mejor no viva preocupada de hueás.

13. Que necesitar atención constante, única y exclusiva de él hacia ti, no es sano para nadie.

14. Que hay que respirar hondo y pensar antes de dejar la cagá por algo que puede estar sólo en tu cabeza o en tu baja autoestima.

15. Que lo más lindo del amor es confiar.

Eso.

En el fondo, bien en el fondo usted sabe lo que tiene al lado. Disfrute de su amor y no piense hueás que por algo están con usted.

Shao

A continuación, les presentamos  una colaboración de  la señorita Carla Pérez o la @LaPerraQuiltra para que amenice la mañana. 

 

     Muchas veces, a más de de una nos han llamado perras, pero si lo analizamos con detención TODAS en algún momento de nuestras vidas hemos actuado como tal, y no se espanten las más cartuchitas, porque ustedes también, y quizás, sólo tengan un mejor pedigree.

     Sí, todas nos hemos comportado como una, la única diferencia es que la raza adoptada va variando de acuerdo a la situación y a la persona con la que estemos. Un ejemplo de ello es que a veces nos parecemos a unas verdaderas poodles, y no me refiero a que andemos con un pompón en el culo, sino, que en ocasiones nos comportamos como tal, con esos celos pa’ callao, pero teniendo siempre claro que un escándalo es lo peor que podemos hacer -qué wea más atroz-.  Como hay que ser CASI siempre dignas, sólo marcamos el territorio, sí, lo meamos, pero nunca al punto de dejar la poza al lado de nuestro macho,  nos conformamos con dejar nuestro olor.

     Existen otras ocasiones -ojalá fueran todas así- en que somos unas verdaderas labradoras, nos volvemos locas cada vez que vemos a un “niño” y si éste es cariñoso con nosotras nos ponemos de inmediato a jugar, ya sea de día o de noche.

     Hay una raza que nunca falta, y no lo niegue porque sí que las hay. Son las perras cocker,  esas weonas lindas con care’ cuica pero que con cuea son clase media, siempre se las dan de más y buscan subir de rango social, generalmente lo logran gracias a su aspecto bonito, y es común verlas rodeadas de perros más finos que ellas. No cualquier mujer tiene alma de cocker, y no toda puede convertirse en una. No las detesto, al contrario, admiro la capacidad que tienen para surgir en la vida sin un mayor esfuerzo.

     Existen ocasiones en que podemos convertimos en unas rottweiller, demostrando abiertamente nuestros celos, logrando ser escandalosas e incluso, si es necesario, somos capaces de mostrar los dientes, y si la situación así lo amerita no hay limitante alguno para  mandarnos un Luis Suárez y lanzar directamente la mordida. Marcamos tanto el terreno que no dejamos que nadie se acerque a nuestro macho; porque ese perro es nuestro; y a él se le cuida.

    También están las pittbull, que son aquellas mujeres fuertes y atléticas,  poco románticas y generalmente parecen más las amigas que las pololas, suelen tratar a sus machimbres de “wena perrito”. También existe su lado opuesto, las femeninas, delicadas y  que gran parte del día están preocupadas por la facha, antes muerta que sencilla es su lema; ellas son las yorkshire.

    Pero hay una que no puede faltar y esa es la perra quiltra, es la fiel, la compañera, la que literalmente aperra en todas con su macho, en las buenas y en las malas, ya sea un paseo en La Dehesa como abajo del río Mapocho.  Ella no tiene problema alguno en follar donde sea, e incluso, es capaz de pelar los tomates por él, eso sí, sólo lo hace por su perro. Esta perrita que llevamos dentro sólo aparece cuando encontramos al hombre que nos provoca ese todo inexplicable que cada hembra, muchas veces necesita. Esta perra sólo florece cuando nos enamoramos.