Síntomas de la PLR

1.- Tu mamá lo odia

La vieja te llevó nueve meses en la guata, te cambió los pañales y te alimentaste de sus tetas,  se dedicó a analizar tus gestos cuando no hablabas por muchos años para saber qué chucha querías, nadie en la vida te conoce mejor que ella (salvo tu mejor amiga). Y no, por más que quieras, a ella no te la engrupes con “ay, somos súper felices, él es un hombre maravilloso”.

Ella sabe perfectamente cuántas veces al mes lloraste o si ese domingo antes de almuerzo pelearon por x cosa, si los celos te comen o estás comiendo menos porque el pelota te dijo que estabas “más gordita”.

No suficiente con eso, es mujer y cuando te dice: “cuando tú empezaste a usar jeans, yo ya me los había hecho shores” es cierto, ya pasó esto con sus ex pololos y probablemente con tu papá.

2.- Te sientes fea el 70% del tiempo

De la noche a la mañana te quieres corchetear la guata, hacerte un lifting y ponerte poto. Tu autoestima se fue a la supercresta cuando él, el Leonardo di Congrio, te dijo que miraba porno porque tú no eras tan sexy (miran porno porque les gusta el porno, fin), o cuando te pidió que te pusieras a dieta porque ya no eras la misma que cuando te conoció, o cuando te preguntó si te pondrías silicona porque le encantaría verte con tetas más grandes. Si usted cree que eso es amor y él lo hace porque la quiere, usted es hueona mija.

El asunto es súper fácil, al que no le gusta que se vaya a buscar a  Irina Shayk ¡a ver si te pesca CTM!

3.- Tu mejor amiga tampoco lo soporta

Lo intentó, carreteó con él, pero no hay caso.  Quizás no te lo diga para que no te pongas hueona y te alejes de ella porque: “¡¡TÚ NO ME KIEREZ BER FELIS!!”, pero hay señales que no pasan desapercibidas como:

  • Nunca los verás hablando mucho rato de algo, menos riéndose por una talla interna.
  • Trata de ponerse contenta cuando tú estás contenta, ojo, trata y se le nota.
  • El pololo de tu amiga lo encuentra “ahueonao”.
  • Cuando pelean, ella siempre te encuentra la razón y él siempre es el pelotudo.
  • Va a sus cumpleaños solo porque se lo pides, pero se va temprano y ni se cura (lo que es raro y demuestra falta de confianza).
  • No se ríe con sus tallas y lo mira con cara de: “puta el hueón fome” o mira para otra parte.
  • Sus interacciones a veces se ponen densas cuando no están de acuerdo.
  • Los carretes de él le son una lata y lo mismo piensa él de los de ella.
  • Es súper incómodo tenerlos juntos porque tienes que prestarle atención a los dos porque ellos no interactúan solos.

4.- No es feliz con tu éxito

  Si te va bien en algo te responde con algo que le pasó a él o te resta mérito:

“Mi amor, me gané una beca para estudiar astrofísica en Harvard”

“Ah sí, leí por ahí que están incorporando minas para que no les digan machistas” WHAT???

La fiscalía descansa. 

5.- Pelean demasiado

Es que tú siempre entiendes todo mal,

Es que tú no sabes decir las cosas,

Pero es que tú no escuchas,

Pero es que tú no hablas,

Es que tú,

¡No, es que tú!

Y cada uno de guata en su trinchera, listos para disparar los defectos del otro. Si le refriegas en la cara a alguien sus defectos tres veces por semana, te terminará odiando. Es así. 

6.- Lo pasas mejor cuando sales sola que con él

      Te ríes más y te sientes más relajada. Raro po’ mija, desconchetumadrízate.

7.- Constantemente recuerdas las cosas que dejaste porque a él no le gustaban

      ¿Debo explicar algo más?

8.-  No confías en él

 Te sientes hasta psicótica porque crees que le coquetea hasta el perro y la verdad es que si no eres una celosa endógena y desde que estás con él estás constantemente pensando en que te van a cagar, es una señal de que algo no está bien con los dos. 

9.- ¡No lo quiere nadie oh, entiende!

     Si le cae mal a tus amigos, a tus hermanos y el gato le mea sus cosas ¡preste atención carajo!

La única que lo quiere es usted y ya ni sabe por qué. Y como les cae mal a todos, dejaste de ver seguido a tus amigos porque se cacha clarito que no lo pasan y con tu familia tampoco hay feeling, entonces tu vida se está transformando en una fomedad y te sientes sola.

10.- Estás leyendo esto porque frecuentemente andas buscando columnas que te lo confirmen.

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Una relación de años que ya pasó por el coqueteo, las llamadas nerviosas y  las mariposas en la guata. Se conocen las mañas, los olores y el lado favorito para dormir en la cama. Las familias ya son casi amigas y se mandan regalos para los cumpleaños.

Las invitaciones a cualquier evento son siempre con +1, obvio, todos tus amigos conocen al pololo y hasta se ha hecho amigo de alguno.

De pronto comienzas a sentir que las cosas ya no son como antes y recuerdas aquella vez hace años cuando salían harto: citas en un café, una cervecita en algún bar, el restaurante favorito donde ya los conocen o esas  invitaciones al cine a ver películas que ninguno de los dos vio en beneficio del besuqueo. Recuerdas también nostálgica cuando él, que no había bailado ni vals chilote, se ponía canchero y te invitaba a la disco para demostrarle que era un cabro entretenido.

Las palabras lindas de antes, los “nunca me había sentido así”, “creo que lo nuestro es especial” ya no las escuchas como antes y son sólo un recuerdo bonito y lejano.

También te das cuenta de que los celos, los: ¿Por qué no me llamaste?, ¿Quién es esa o ese que te escribe tanto en facebook?, las peleas, las inseguridades y las reconciliaciones, esas reconciliaciones ricas que uno se manda después de un desencuentro y donde prometes que nunca más,  ya tampoco ocurren tanto. Algo ha pasado, ya ni siquiera tienes ganas de pelear.

De pronto viene la pregunta: ¿cuándo fue la última vez que tiramos? y caes en la cuenta de que ya no hay cacha seguida, igual hay pero poquita y que las invitaciones a comer se redujeron a un “compremos un completo para comerlo en la casa”, y el macho que el primer mes lucía sus mejores pasos en la pista, ahora ya no le encuentra ni un brillo a bailar. Tu también te pusiste latera y de un momento a otro esas conversaciones que antes les llenaban la guata de mariposas las empiezas a encontrar una lata. Ambos se esfuerzan, pero ya no es lo mismo.

Él comienza a sentir que ya no es el cazador de antes, tiene a la presa al lado, segura y nadie se la va a venir a quitar, por lo mismo comienza a mirar pa’l lado en búsqueda de nuevos desafíos.  Tú comienzas a sentirte desperdiciada, poco mina y aburrida, ese lolo de la pega que nunca habías pescado ya no te es tan indiferente. Ya no te enojas con los piropos de otros, al contrario, los recibes con agrado.

Por arte de magia, cada uno comienza a acordarse de que tenían amigos antes de encuevarse y empiezan a buscarlos: ¿Salgamos a bailar chiquillas?¡Cabros! ¿Vamos a tomarnos una cosita?. Y así comienzan a pasarlo bien por separados. Esos ratos que antes añoraban para estar juntos, ahora prefieren pasarlos con otras personas, los ‘voy a tu casa’ se convierten en obligación y las salidas a comer se reducen a aniversarios y cumpleaños.

De pronto ya no duermen abrazados, cada uno mirando para su lado y las conversaciones se reducen a lo cotidiano: “¿Cómo te fue?”, “¿Qué hiciste hoy?”. Los dos están chatos, pero ninguno se ha dado cuenta porque así es más fácil, tienen una vida formada y un entorno que los entiende juntos. Qué lata terminar y empezar todo de cero, qué miedo mirar al otro y decir: Fue un gusto, ya no te amo.

Él a veces te busca para tener sexo, tú buscas excusas para no tenerlo. Ese tipo que antes te tocaba y te ponía la piel de gallina ahora no te mueve ni una sola hormona, ya no sientes nada. El cuerpo también se desenamora.

Hasta que un día el quiebre es inminente. Se acabó, quedó la cagá y sin vuelta atrás. La familia pregunta qué pasó, otros dirán que siempre lo supieron y comienza el pelambre: “nunca me gustó para ti”, “qué bueno que terminaron”,   ¿cómo estás? y ¿no hay vuelta?, “pucha, se veían tan lindos”, “a  mí ese hueón nunca me agradó”.

Luego pasamos a las prestaciones mutuas: se hace la entrega formal de devolución de las cosas, bloqueos de redes sociales (el psicopateo no es normal) las frases protocolares tipo: “fuimos felices”, “nunca te olvidaré”, “ojalá te vaya bien” o “ni me hablí de es@ CTM”.

Las primeras semanas son de abstinencia.  Ese incómodo momento en que alguno de los dos se quedó sin carrete y comienzan a extrañar la cucharita  y que es tan o más peligroso que curarse con el celular en la mano, donde ambos se preguntan “¿la cagué?” o que hace que uno, vulnerable, quiera volver o se embarque en nuevas relaciones donde al principio todo es maravilloso y diferente. Porque en ese momento no recuerdas el porqué de la ruptura, sólo piensas que estás solo y que no hay nada peor que eso. A veces el amor a “estar en pareja” es más fuerte que el amor por “esa persona que es tu pareja”, cosa que le sucede a la mayoría de los habitantes de la tierra, los mismos que pasan su vida infelices. Infelices, pero acompañados.

Pasadas semanas, meses o años, el recuerdo de ese amor intenso, de esa persona que algún día fue perfecta comienza a hacerse difuso y cada vez menos recordable, ahí te das cuenta de que tomaste la decisión correcta. Un día escuchas una historia de él o ella, te llegan con noticias o se encuentran en la calle y te das cuenta que ya no sientes nada. Ahí recuerdas a Fito y la frase  “hoy sólo te vuelvo a ver” cobra sentido.

Mejor un momento doloroso de ruptura a una vida entera de amores mediocres. Cosas maravillosas pueden perderse por quedarse donde no se debe, simplemente por la cobardía de no querer quedarse solo.

No aspire a menos cuando puede aspirar a más, afuera puede estar esperando algo mucho mejor.

Chaolín

 

For no One  http://youtu.be/HuphFPEqJqw

Hablar de los breakups es como ponerte a hablar de guaguas: Toooooooodo el mundo mundial cree tener el mejor dato y solución para todos tus problemas. Desde la crema de matico hasta emborracharse al punto de que se te olvide cómo te llamas y a quién le prestaste el poto, cada quién parece tener lo que, en estado de desesperación, es un buen consejo.

Sin embargo, queridas chiquillas, el punto acá es llegar hasta la raíz de los problemas. O, por lo menos, evitar a toda costa el pajeo mental que significa lograr entender la volá detrás de una patá en la raja, de esas dadas con ganas. Como usted bien sabe, los machitos son terrile descifrables; se les pilla en las mentiras, se les nota siempre la cara de babosos y, para su beneficio señorita, cuando se trata de pasteles, se les puede reconocer en actitudes que denotan cierta inclinación por apretar cuea y pegar la patá.

En esta pequeña serie, encontrará las distintas técnicas y actitudes previas que ciertos pasteles demuestran antes de decidirse por la PLR, se las decimos aquí para que después no se ande quejando y diga “ay pucha, no lo vi venir :(“. Lea y ponga atención a esta primera técnica de la serie:

La Bicicleta

Cual Ronaldo jugando su mejor golazo, el pololi que le salga con la bicicleta previa antes de patearla es bien CSM. Tirando pataditas locas pa acá y pa allá, tanteará el terreno con harto cuidado antes de decidirse por la amarga despedida. Digo que es bien marrrdito porque es uno de los que más engañada la tendrá: No le cambian los arrumacos (que ya, evidentemente, hace por costumbre) ni los regalitos, ni los mensajitos. Ni siquiera se le van las escenas de celos, aunque sí se vuelven cada vez más esporádicas.

Entonces, ¿Cómo cachar que se viene la PLR?

Ponga usted mucho ojo a las siguientes actitudes:

  • Si de repente la llama cada vez menos, pero cuando habla con usted le dice “mi gordita linda la he extrañado tanto últimamente, a ver si encontramos un tiempito para juntarnos“. El weón nunca quiso hacerse ningún tiempito, pero gana momentum para seguir pensándola, gallineando hasta que se le junten las suficientes razones y la esquiva valentía para poner fin a lo que ya se le murió.
  • El cicletero tendrá siempre una salida por el ladito cuando no esté todavía listo para chutearle el traste: “Tengo tanta pega/que estudiar”, “Mi mamá quiere que le ayude”, “me comprometí con el Rolo para acompañarlo”, “el Juancho terminó con la polola así que andamos al rescate”, y etcétera. No significa que siempre que le digan esas cosas sea mentira, pero fíjese bien si las dice justo cuando usted quiere conversar porque la tienen intrigada varias actitudes de su pololi o, peor aún, cuando las usa todas juntas, una tras otra.
  • En este momentum, también debe notar usted que las conversaciones se vuelven más actuales: ya no le habla de dónde van a vivir juntos, de irse a hacer un postgrado y vivir la vida de patiperros, de las gracias que harán los niños (porque cuando los hombres se proyectan, no hablan directamente de los hijos, sino de lo que les van a enseñar y de los orgullos de padre chocho). Ahora con cuea le dicen que tienen el cumpleaños de tal o cual, o que van a ir a la celebración de algún compadre. Incluso le cuentan con ese tono de “pero si te da lata, puedo ir yo”.

La bicicleta es típica de los weones que no se atreven a dejar la cagá hasta que se les hace insostenible. Y entonces dejan la ZORRA, se mandan a cambiar y, como son bieeeen gallinitas, prefieren hacerse humo tras la escoba.

¿Y ahora, Quién Podrá Ayudarme?

Nosotras la ayudamos: esté atenta a los síntomas y oblíguese a ver desde afuera su relación cuando los detecte; de seguro encontrará razones por las que hay que terminar ya con la tontera. Antes de pegar la patá usted primero, como las locas, y luego de pensar bien PERO BIEN BIEN lo que quiere usted, converse honestamente con el pierno y no sea gallinita usted también.