Cada cierto tiempo agradezco a la vida el haberme presentado a seres profundamente histéricos, enrollados, problemáticos, alcohólicos, drogadictos y no resueltos, porque son los que más me han dado material para escribir. Y sí: las historias son entretenidas para escribir en los blogs, aunque a veces se hacen tremendamente agotadoras en la vida real. Ya a estas alturas, (además de hablar de “a estas alturas” como vieja culiá),  no me interesa hacerme más atados de los que ya tengo y con suerte, logro identificar cada vez mejor cuando se avecina un rey del drama y escapar (sabemos que esto último  de “escapar” es súper mentira, pero pa’ que quedara bonita la frase). Pero es verdad: agradezco -aunque parezca chiste-  porque de una u otra manera, que alguien pase por tu vida y se quede un rato, siempre te enseña algo y en el intertanto he escrito hartos posts al respecto que me han hecho escribir otros tantos posts en otros lados y bien.

    • Distancia: Cuando algo no está bien claro o al contrario, cuando está demasiado claro que no hay vuelta atrás; cuando algo anda rarito, cuando la cosa no está funcando como debería, siempre es buena la distancia. A veces te puede doler abandonar el taller de técnicas de respiración del yoga, dejar de tomar el metro a la misma hora o simplemente dejar de llamarse cada vez que te vino esa pena de las 8 piscolas y piensas que él está en la misma cuando en verdad se está tirando a otra hueona y ni se ha acordado de ti. Sí, la distancia -y no sólo física, también esa de dejarse de andar buscando al otro- es buena. Bien ahí. En una de esas EN 5 REENCARNACIONES MÁS pueden volver a conversar en buena onda y no tener ganas de tirar como animales.
    • Ternura: A veces, en esta cosa de la mujer empoderada-súper-independiente-y-la-cacha-de-la-espada, se nos olvida la ternura, o como dije por ahí, la relegamos a instancias de nuestra vida súper concretas, a veces hasta con vergüenza. Lo que me han dejado algunos hijos de puta es que no hay que ahorrarse ninguna ternura. Puede que la otra persona no empatice con ella, puede que lo tome como una tontera. Pero puede que no y más importante aún: siempre un gesto tierno, que sale de verdad desde la guata, desde lo más íntimo, irradia una sensación muy bacán, tanto en la persona que la da, como en la que la recibe.
    • Conversar: Pucha, cae de cajón que hay que conversar, pero a veces no es tan obvio. Más cuando estás en otra, cuando lo que quieres es pasarlo bien sin enrollarse. Pero somos seres humanos que le damos vueltas a las cosas, que nos gusta entender “por qué” o explicar que uno hizo algo por esta u otra razón. Y me avoco a ese gran dicho árabe (creo) que dice ” Deja que el tiempo aclare las cosas y vivirás toda tu vida un mal entendido”. El hueón que dijo eso merece un Nobel al decir tanta verdad en tan pocas letras. Los “es que yo pensé”, “yo supuse”, “yo asumí”, son pa’ puras guerras mundiales.
    • El vino es bueno excepto para hablar cosas importantes: Alcohol, drogas, baile intenso, etc. son buenos para disfrutar, pero jamás para la conversación aclaratoria de dudas existenciales. Y si además a eso le sumamos redes sociales, es una pésima, pero PÉSIMA combinación. Si tiene que hablar algo importante, haga el intento de hacerlo sin ellos. De verdad que se puede y queda todo mejor aclarado. No ceda a su mismo ímpetu y timidez sobria, que o sino le agrega mierda a una situación que puede ser más mierda aún.
    • La perfección no existe: ¿Lo leíste de nuevo? LA PERFECCIÓN NO EXISTE. Todos tenemos nuestro talón de aquiles, ese algo que nos descontrola, algo que es nuestro trauma, nuestro “pero”. Buscar a alguien -y ya lo hemos repetido hasta el cansancio- tal como está en nuestra cabecita, es imposible. O como dicen otros “tsiii, tanto que despotrican en contra de los hombres ¿Y cómo tiene que ser? ¿Quieren a un hueón perfecto?” Algo que me gustaba harto de un chiquillo por ahí, era precisamente eso: yo no me tenía que mostrar como nada más de lo que era y en ese relajo era que disfrutaba de su compañía. Ahí estábamos, los peores, con nuestros egos, nuestros tiempos, nuestros errores más graves. Ahí, sin escondernos, sin tratar de parecer muy educada, comportada, señorita.Yo era así, tal como venía y él también. Amarse y amar desde eso, desde lo que somos, sin pretender que ese alguien tiene que cambiar.
    • Nunca estás sola en la batalla: Pretender que tienes el partido ganado porque llegaste sola a la cancha, es un tremendo error. Siempre hay, hubo o habrán jugadoras en la vida de tal ser humano. Súper zorro decirlo, pero hay que estar atenta a las jugadas, y no estoy hablando de hacerle la vida imposible al resto, sino más bien estar atenta, no dormirse en los laureles. Una cree que todo el mundo juega con sus mejores intenciones, pero no siempre es así y es facilito terminar en un enredo de teleserie venezolana sólo por no estar suficientemente alerta. Riegue la planta, mantenga la atención y la presencia, asegúrese de que nadie cercano salga perjudicado y dele. Pero mire con atención, que siempre hay algunA puma por ahí dispuesta a la caza de los chiquillos que usté pueda tener aguachados.
    • Tiempos: Vital es dejar que las cosas ocurran y con eso me refiero a no detener y no acelerar los procesos que se van dando. Hay cosas que se demoran en pasar y otras que van sucediendo tan rápido como uno ni se imagina y parece que te conocieras de toda la vida. ¿Entonces cómo saber si las cosas están ocurriendo? A mí me gusta cuando las cosas ocurren paritariamente como en el tenis, donde vamos jugando y tratamos de salir del empate, el otro lo alcanza, y volvemos a jugar (eeella, la que más juega tenis). Creo que esa es mi única medida para saber si las cosas pasan en el otro como en una, eso del dar y recibir en medidas parecidas, como jugando. También con el tiempo es saber que algunas cosas YA FUERON Y NO HAY VUELTA, otras se demoraron mucho y terminaron siendo una teleserie preadolescente que sacaron del aire por fome. Sin demora pero sin prisa, como dicen por ahí.
    • Llore, grite, patalee, pero que se le pase: Si tuvo algo no tan formal, muchas veces las amigas tienden a ayudarte a que esto pase rapidito,aquí no ha pasado nada, no hay dolor. Pero el cucharón es porfiado y dele con que te duela cuando no te tenía que doler. Llore si quiere llorar, grite, siéntase triste si es lo que tiene que ser. Viva la hueá aunque se supone que no debería, aunque uno no debe sufrir por hueones, menos hueones pencas. Pero si duele, que duela. Búsquese nanais, regalonee con los de siempre, coma chocolates, haga la hueá que sea necesaria, pero permítase sentir también esos momentos de pena o los de alegría máxima por pequeñeces y busque ayuda entre los que la puedan contener sin preguntarle hueás. De seguro que al cabo de un tiempo ( limitado también, no se vaya al chancho) va a ser para mejor. Guardarse penas, de verdad que no sirve para nada bueno.
    • Conocer a la gente a la Old School: Mi ejercicio favorito del último rato es conocer gente desde cero y en vivo y en directo. Parece obvio también que lo diga, pero el ejercicio de andar hace un par de semanas sin smartphone, me ha puesto en escenarios súper distintos como tener que levantar la mirada, encontrarme en la mirada de otros y no tener elementos que me distraigan del aquí y ahora.  Quiero ver, tocar, escuchar, volver a mirar y compartir en 3D con la gente que me cae bien y para eso sólo necesito juntarme con ella. No quiero mensajearme, no quiero tuitearme con alguien que conozco más del “juntémonos” o para discutir un tema que está en la palestra. Pero para contarle mi vida a alguien que estimo a través de una pantalla, no, menos si está tan cerca como para verse, que a lo sumo sea sólo un medio para verse más. Tal vez se me quite en un rato más el ostracismo, arregle mi cel y vuelva a convivir con el recibir notificaciones mientras intento conversar con alguien. Pero por el momento estoy disfrutando mucho del face to face.

PD: Y a ustedes (¿Holi? Sí, ustedes saben quienes son, besi :*) GRACIAS. Gracias, hijos de puta queridos, por enseñarme estas cosas que me sirven hoy con gente más sanita, algo así como un “Nadie sabe para quien trabaja”. Gracias también por tanta historia entretenida, por tanto material para artículos chistosos, por darme tanto caldo de cultivo para desarrollar mis letras de los últimos años.

Les presentamos a Natalia, nuestra artista invitada de hoy que trae este cuento que nos tiene puro inventando finales y teorías conspirativas. Les advertimos que cualquier semejanza con los hechos y personajes de este relato con la realidad es pura coincidencia. FAQMen no se hace responsable de las interpretaciones libres, alucinaciones y futuras llamadas telefonicas que que el lector pueda hacer.

Hace días que tengo una jaqueca terrible. Este lunes me enteré que Gabriel se ha puesto de novio.

Te llamo, y te corto, porque recuerdo que hace más de tres años que no hablamos. Te escribo y te pregunto qué ha sido de tu vida, y me respondes que no mucho. Aceptas mi invitación para ir al matrimonio de la Carla, y empiezo a pensar qué me pondré.

Nos juntamos en mi casa y pedimos un taxi. Pasan unos minutos y no nos decimos nada. Intento explicarte lo que estoy haciendo pero no me entiendes – no importa. Sí, me gusta, sí, a veces soy feliz. Tú también eres feliz, se supone. Somos jóvenes y hablamos de corrido, y creo que me miran con envidia cuando entro tomada de tu brazo.

Te saco una foto con el celular y el cotillón. De vuelta  del baño me traes una piscola de la barra. Bailamos Juan Luis Guerra mal, descoordinados, me pisas y me saco los tacos de una vez por todas. Agarras la liga y te ganas una botella de whisky. Yo bailo con el suegro y me gano un espacio en el video de la fiesta.

Nos reímos de los casados que se van temprano a la casa, y de las eternas solteronas que invitan sin pareja. Nos reímos de la gente que se lleva los arreglos florales a la salida, pero también nos da un poco de pena. En el camino de vuelta en auto me haces cariño en la pierna, y yo hago me hago la loca.

Dejo mis aros largos y mi collar de varias vueltas sobre el microondas. Te sirvo un vaso de agua y me cuentas de tu mamá, y lo grave de su depresión. Miras con curiosidad mi desorden, pero no dices nada.

El abrazo interminable y las caricias espontáneas debajo del cubrecamas, hacen que no me importe que el sexo haya sido malo. Me gusta que me pidas que te rasque la espalda, me gusta desordenar pelo como el tuyo; también compartir mi cama de plaza y media durante flojas mañanas de domingo. Me enrosco como mascota con tu boca en mi cuello y tus manos bien pegadas a mi cintura. Pegas tu frente a la mía, y dormimos así un par de horas.

Me río mucho, y parece que te incomoda. No tengo ganas de hacerlo de nuevo, pero te las arreglas para convencerme. Qué fácil es cerrar los ojos y jugar a los besos lentos, pienso. Pongo la radio y suena una canción de Jorge González que habla de morder un corazón, con suavidad.

Es más de las una. Nos despedimos con un beso en la mejilla en el marco de mi puerta. Juego con tu carnet y te digo que en la foto te ves gordo. Me siento vacía y algo muerta cuando le cuento a una amiga por whatsapp que finalmente me tiré al Negro. Abro tu contacto en el celular y veo cómo estas en línea, y ya no, y de nuevo sí. Dejas pasar uno, dos días, y un Me Gusta en facebook me recuerda que existes.

Lo importante es que no ha vuelto a dolerme la cabeza.