Cómo se ve a sí mismo su guapito.

Las abuelitas tenían mucha razón, encuentro sho. Ellas sí sabían tratar a sus machos y creo que deberíamos aprender de ellas, ya que dentro de nuestros queridos hombres, yacen ciertas características que se repiten más de lo que ellos mismos quisieran aceptar y que, muchas veces, tiene hartazo que ver con nosotras mismas. Pasemos a revisar e identificar estos aspectos:

1.- Lo que usté quiera, mi amor

¿A qué mujer no le gusta escuchar eso? Todas tenemos ganas de mandar en mayor o menor grado, y qué mejor que te den en el gusto de puro lindos PERO, mucho cuidado con el mandoneo: De tanto mandarlos, la tonterita se convierte en hábito y después los hombres se acomodan en eso de dejarle todo a una, aburridos de pensar. Dése cuenta que en poquito tiempo ya todo lo tendrá que pensar usted, los paseos, las noches de pasión, qué comemos, dónde vamos, qué hacemos. De repente, cuando no se dio ni cuenta, el súper macho lleno de inspiración que tenía por pololo, se convirtió en el weón más latero de la vida, no decide ná, no le hace ni sugerencias indecorosas y, válgame Dios, no vaya a ser que se le ocurra sorprenderla con algo. ¿Pa qué? si total, usté es la que sabe lo que quiere y lo que le gusta y él, lo que menos quiere es llevarle la contra, porque quiere que puro sea feliz nomás. No diga que no le dije.

2.- Qué lindo, se lleva tan bien con los ñiños

Pásese la siguiente película: está con el pololi en la casa, en la que vive con su familia (o de visita en la misma, si ya es independiente) y sus hermanos o sobrinos o primos adolescentes los invitan a jugar Play, Wii, Winning Eleven, tacataca, etc. Gustosos aceptan y pasan una entretenida tarde familiar, puro amors. El pololi y los niños se llevan regio, se saben todos los tips, se dan consejos, se emocionan y usted ya no puede más de felicidad. Hasta que, cuando quiere salir, le dicen “pero un ratito máas” y ese ratito se vuelve horas mientras ve a su pololi  convertirse en uno más de los niños, organizar pichangas, salir a andar en skate y revivir su adolescencia que nunca perdió, en realidad. La verdad es que este vicio tiene poco remedio y es de los más sanos, así que mi consejo es: Si quiere organizar una salida, evento o tarde compartida para dos, evite el contacto con “los niños” y hágase el tiempo con el pololi para ir a visitar este mundo, los beneficios asociados valdrán la pena.

3.- Creen que un NO en realidad es un SÍ

Al pelotudo de Arjona todos lo trollean. Después del terremoto, más aún. Sin embargo, el pobre hombre, no contento con cantar pelotudeces, también canta verdades terribles de la naturaleza masculina: Todos, en distintos niveles, claro, creen que un NO encierra un SÍ. A menos que usted sea medio bipolar, esquizofrénica o MUY confundida, un verdadero NO se nota.

No es lo mismo responder “no te preocuuuupes”, cuando un hombre se muestra interesado en llevarte las bolsas a responder “No gracias, no quiero bailar contigo” o “NO, gracias, no quiero salir”. Lamentablemente para nosotras, los hombres generalmente no reconocen esa sutileza (ojo lectores machos, que se denota con un verbo o forma verbal que disminuye la negación: “No hace falta, no te molestes…”) y, algo que me extraña, escogen pensar que siempre hay un sí escondido. ¡Qué chucha eso!

Niñas, mucha atención: Como hay muy pocos que se escurren lo suficiente para saber que cuando la respuesta será un “para qué te vas a molestar” tienen que hacerla nomás; van a tener que aceptar lo siguiente: el NO hay que repetirlo más veces de lo que quisieran, les cuesta demasiado creer que te niegas a su tentadora oferta y, cuando sea un SÍ, por favor no weveen con la mente del pobre sujeto. Sean lo más directas que puedan.

4.- Nunca tienen la culpa de ná

Si te ponen el gorro, fue porque la mina estaba muy rica o tú andabas demasiado weona, o estaban muy copeteados. Se ensuciaron el pantalón porque la comida se chorreaba mucho, se curaron porque había mucho copete, se cayeron porque la vereda está como las weas, no metieron el gol en la pichanga del domingo porque el [inserte apodo de amigo aquí] se comió la pelota, se comieron la pelota porque el resto de los weones son pésimos, les metieron el penal porque el otro se tiró un piscinazo, la mina le hizo una guagua y se lo cagó, están guatones porque los alimentas mal, chocaron porque el aweonao del otro auto venía muy rápido o porque venía manejando una mina o porque los caminos y señaléticas están como el hoyo, se estresaron porque el jefe (o peor, JEFA) se los cagó con el overtime, les fue mal en la prueba porque no pudieron estudiar … AND SO ON.

A diferencia de nosotras, los hombres son mucho más sanos y jamás se culpan a sí mismos. Evitan dramas y culpabilidades tan olímpicamente, que llega a ser carerrrrraja, pero viven con un nivel de preocupaciones considerablemente menor. Este vicio es inevitable e inherente a la naturaleza masculina más básica, por lo que lucharlo puede llevar irremediablemente a frustraciones permanentes. Usted no lo haga.

5.- Oye, pero si yo soy TAN BACÁN

El ego y los hombres es como la luna y las mareas: condiciona gran parte de su funcionamiento y puede llegar a dejarles la cagá. Para los hombres, tener un ego elevado es altamente beneficioso, porque son más productivos, se atreven a ser mejores, son más felices y la vida siempre les sonríe. Los egos masculinos son una joyita que ellos cuidan y cultivan cada vez que pueden, algunos hasta dependen de mantenerlo elevado por sobre el de otras personas, lo que puede llegar a convertirlos en monstruos.

En este sentido, proteger el ego de un hombre, siempre SIEMPRE es una excelente medida para la convivencia, en todo tipo de relaciones humanas, no vaya a ser que la relación o el proyecto superhiperbacán de la vida se le vaya a las pailas porque se puso a competir por tonteras con un macho. Increíblemente BIG NO-NO.

De esta característica deriva que los hombres sean tan competitivos. Todo es siempre una lucha por ser el más pelúo, el más musculoso, el más hipster, el más hippie, el más pacífico, el más artishta, el más surfer, el más ejecutivo top, EL MÁS. Sea cual fuere su meta filosófica, siempre querrán ser el mejor por sobre los otros, lo que no es necesariamente malo, pero obviamente, provocará conflictos que nosotras solemos no comprender, a menos que sea usted tan competitiva como ellos, algo que también le va a traer puros dolores de cabeza. Así que, en lugar de luchar por cada pequeño detalle (que para ellos es un ataque directo al pico), elija sus batallas, gánelas con dignidad y logre igual todo lo demás siendo un poco más estratégica.

En la próxima entrega, un post completo dedicado al mayor de los vicios masculinos: La relación de un hombre y su pene tan preciado.

Nos vemos!

🙂