Les presentamos a Natalia, nuestra artista invitada de hoy que trae este cuento que nos tiene puro inventando finales y teorías conspirativas. Les advertimos que cualquier semejanza con los hechos y personajes de este relato con la realidad es pura coincidencia. FAQMen no se hace responsable de las interpretaciones libres, alucinaciones y futuras llamadas telefonicas que que el lector pueda hacer.

Hace días que tengo una jaqueca terrible. Este lunes me enteré que Gabriel se ha puesto de novio.

Te llamo, y te corto, porque recuerdo que hace más de tres años que no hablamos. Te escribo y te pregunto qué ha sido de tu vida, y me respondes que no mucho. Aceptas mi invitación para ir al matrimonio de la Carla, y empiezo a pensar qué me pondré.

Nos juntamos en mi casa y pedimos un taxi. Pasan unos minutos y no nos decimos nada. Intento explicarte lo que estoy haciendo pero no me entiendes – no importa. Sí, me gusta, sí, a veces soy feliz. Tú también eres feliz, se supone. Somos jóvenes y hablamos de corrido, y creo que me miran con envidia cuando entro tomada de tu brazo.

Te saco una foto con el celular y el cotillón. De vuelta  del baño me traes una piscola de la barra. Bailamos Juan Luis Guerra mal, descoordinados, me pisas y me saco los tacos de una vez por todas. Agarras la liga y te ganas una botella de whisky. Yo bailo con el suegro y me gano un espacio en el video de la fiesta.

Nos reímos de los casados que se van temprano a la casa, y de las eternas solteronas que invitan sin pareja. Nos reímos de la gente que se lleva los arreglos florales a la salida, pero también nos da un poco de pena. En el camino de vuelta en auto me haces cariño en la pierna, y yo hago me hago la loca.

Dejo mis aros largos y mi collar de varias vueltas sobre el microondas. Te sirvo un vaso de agua y me cuentas de tu mamá, y lo grave de su depresión. Miras con curiosidad mi desorden, pero no dices nada.

El abrazo interminable y las caricias espontáneas debajo del cubrecamas, hacen que no me importe que el sexo haya sido malo. Me gusta que me pidas que te rasque la espalda, me gusta desordenar pelo como el tuyo; también compartir mi cama de plaza y media durante flojas mañanas de domingo. Me enrosco como mascota con tu boca en mi cuello y tus manos bien pegadas a mi cintura. Pegas tu frente a la mía, y dormimos así un par de horas.

Me río mucho, y parece que te incomoda. No tengo ganas de hacerlo de nuevo, pero te las arreglas para convencerme. Qué fácil es cerrar los ojos y jugar a los besos lentos, pienso. Pongo la radio y suena una canción de Jorge González que habla de morder un corazón, con suavidad.

Es más de las una. Nos despedimos con un beso en la mejilla en el marco de mi puerta. Juego con tu carnet y te digo que en la foto te ves gordo. Me siento vacía y algo muerta cuando le cuento a una amiga por whatsapp que finalmente me tiré al Negro. Abro tu contacto en el celular y veo cómo estas en línea, y ya no, y de nuevo sí. Dejas pasar uno, dos días, y un Me Gusta en facebook me recuerda que existes.

Lo importante es que no ha vuelto a dolerme la cabeza.