Llegó el invierno y para calentar motores les dejamos una colaboración de Ale, lectora anónima con la que iniciamos la temporada de relatos para subir la temperatura. La invitamos cordialmente a ponerse cochina y mandar el suyo. 

El Bomberobombero

Hay que decirlo, el mundo bomberil es fascinante. Hubo un antes y un después de verlo colocarse las botas, traje y casco en menos de 25 segundos. No es difícil imaginar sus piernas y brazos capaces de correr a levantar 10 kilos de ropa después de despertar abruptamente por el sonido ensordecedor de una llamada de emergencia.

En una de mis primeras visitas a aquella bomba, decidió darme un tour. Mientras sus compañeros dormían, me contaba la historia de cada foto colgada en el salón… directo en mi oído… despacito, para no despertar a nadie. Un concierto se escuchaba a lo lejos.

Me llevó al pasillo donde se visten ante una llamada. Un intenso olor a hombre y humo… que lejos de ser desagradable, tenía un sex appeal difícil de explicar (ok, puede que haya influido el cine y la publicidad).

Estaba oscuro, era tarde y no se escuchaba más que la música a un par de cuadras. Una tenue luz exterior alumbraba la bitácora sobre un mesón. Fue en ese minuto cuando reconocí ese agarre intenso, que sólo unas manos fuertes y entrenadas pueden tener. Unos dedos firmes tomaban mi cadera, mientras su otro brazo enderezaba mi torso hasta esa posición exquisita donde su boca roza mi oído; no me podía mover. Me tomó firmemente del pelo y me besó largo y fuerte. La intensidad del momento me obligaba a gemir, pero a cada gemido alguien se movía en el piso sobre nosotros, obligándome a un silencio desesperante.

Sentí un fuerte tirón del brazo que me obligó a caminar hacia esa gran pieza oscura.  Dos carros bomba nos recibieron. Me levantó para subirme sobre el lado de un carro y me agarré fuertemente de su entrepierna para no caer con el impulso. Se podían observar mangueras, hachas e instrumentos de diversos tamaños que sólo aumentaban mi excitación; su pene en mi mano crecía tras el pantalón, duro,  grande… él lo supo y me sonrió.

Sin pensarlo abrí la puerta del carro y lo incité a seguirme. Desde esa altura veíamos con claridad la calle, tras ese portón de vidrio que cubría el frontis del edificio.

Lo desvestí y me acerqué mirándolo a los ojos, y con una sonrisa ansiosa de él, comencé a jugar con mi lengua en su pene. Le hice sexo oral hasta que suplicó que parara.

Recobró aliento por unos segundos y me levantó agarrando mis axilas fuertemente. Una sola mirada directo a los ojos y un excitante beso, mientras me volteaba hasta quedar mirando hacia la calle.

Me desnudó delicadamente, mientras me besaba el cuello y los hombros como sólo esos labios sabían hacerlo… Y lo sentí, intenso, eterno… qué exquisita forma de entrar en mí. Sus manos en mis caderas, asegurando el control de la velocidad y la intensidad… su gemido y el mío en un sonido completamente armónico de placer. Su torso desnudo sobre mi espalda para luego elevarse y comenzar a moverse. Movió sus dedos a mis pezones agarrando firmemente mis pechos, pero con una suavidad perfecta y exquisita. Sentí su respiración acelerada, como subiendo escaleras con 25 kilos encima… Sus manos firmes nuevamente en mis caderas y hombros, traían a mi mente imágenes de la fuerza al sostener esa manguera con presión infinita de agua.

Ya no se escuchaba música a lo lejos. De a poco la calle comenzó a llenarse de gente. Al pasar, muchos miraban el frontis del edificio. Más de un par de ojos miraron más de la cuenta, quizás vieron algo, quizás no. No me importó.

En un movimiento inesperado, me levantó volteándome en el aire hacia él. Me sostuvo con sus brazos y al sentarse, lentamente me bajó hasta su entrepierna. Mientras me penetraba nuevamente, me agarré de él en un instinto de no dejarlo ir, provocándonos una exquisita sensación que nos obligó a gemir muy fuerte. Comenzó a besar mis pezones mientras los acariciaba intensamente con sus dedos… No daba más de la excitación. Perdí el sentido, acabando en un orgasmo largo, intenso, maravilloso. Terminó conmigo mientras gemía en su oído.

Las fantasías se hicieron para realizarlas…


Cualquier similitud con hechos reales, es sólo una exquisita coincidencia.