“Hola, hablemos de mí: Mis peores defectos son ser demasiado perfeccionista, demasiado exigente conmigo mismo y demasiado insistente”. Yeah RIGHT.

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Este sujeto, tan requete conocido, es el pastel ególatra. Lo primero que se debe tener claro sobre este galán es que su gran amor de la vida es ÉL mismo. Después de él, normalmente viene su madre (o figura materna preferida, como la tía o abuelita que lo crió, o esa amiga un poco mayor que lo acogió cuando se vino solo a vivir a la ciudad).

De entradita le es harto fácil conquistarte -no te culpes- porque tiene tan claras sus ***múltiples*** virtudes que sabe perfecto cómo usarlas para despertar todas esas hormonas que un hombre seguro y decidido mueven en ti, sobre todo si vienes de una racha de pasteles poco interesantes.

El ególatra te deja viendo todo rosadito con su conversación interesante, su sonrisa ganadora, e incluso, su caballerosidad. Al principio no se va a notar que es un egocéntrico empedernido, pero a lo que vaya agarrando confianza, va a empezar a mostrar la hilasha salvajemente.

La cosa parte por burlarse del resto: “jajaja, pequeño padawan”, y hablar con rimbombancia a veces absurda: “… claro, porque las bolsas en Asia están al alza y en San Francisco todas se vuelven locas.”

Después vas a notar que sus temas SIEMPRE son más interesantes que los tuyos: “Sí amor, qué lindo, pero cacha que hoy conversé con mi profesor de filosofía griega y me contó una teoría tan interesante sobre la cacha’e la espada y la pata’e la guagua, pero le tuve que rebatir porque BLABLABLABLA…”.

A esto siguen las crecientes patadas a tu pobre autoestima: “Ay mi amor, no sea tontita, no ve que está hablando puras cabezas de pescao <3 tan lindi mi amorcita!”, “Ay pero obvio que te buscan, si tienes las medias tetas, riquita, los hombres somos animales, no les interesa lo que dices, yo sí te quiero”, “Si yo fuera mina y tuviera una foto bonita también tendría hartos seguidores en Twitter”.

Aquí, si no te empiezas a aterrar, estás en un grave problema, porque la cosa sigue con sus episodios de “me aburren tus/nuestros amigos, no se puede tener conversaciones serias con nadie. Al menos tú eres linda de mirar <3 cosita”. Y ahora es cuando, si todavía tienes un poco de amor propio, te das cuenta que bajo toda esa pachorra mal entendida, se esconde un pobre sujeto ávido de vítores y miradas suspironas, porque los ególatras tienen la autoestima secretamente TAN baja, que necesitan desesperadamente:

a.- Que todo el mundo se las suba y encuentre que son los más sexies, inteligentes y maravillosos del mundo.
b.- Bajarte a ti y a todo el resto a un nivel inferior al suyo. Estás en su círculo porque igual (iguols) eres “mejor que el resto” pero nunca NUNCA, mejor que él. Él es el más mejor.
c.- Llamar la atención. No le importa si cae mal o si lo pelan apenas se va. Puede soportar ser odiado y descuerado, pero jamás ¡Jamás! podría aceptar pasar desapercibido.

Así, ya estás advertida. Si quieres mucho al pastel, recomiéndale que se haga terapia, que se supere a sí mismo, pero recuerda: es muy fácil conquistar a un ególatra (basta con hablar de él) , pero muuuuuuuy difícil salir de sus redes cuando te dejas agarrar y recuperar la autoestima cuando te libras de él. Nadie espera que te hagas cargo del aplastante amor propio de un verdadero pastel ególatra. Que no se diga que no lo advertimos. Besitos :*