Les presentamos a Mac que nos mandó esta linda colaboración que  nos llegó hasta el corazón. No es que alguna haya sido patas negras, no. Acá somos todas cabras temerosas de dios, no fumamos,  no tomamos ni bailamos apretado. En serio mamá 

 

Sentada al borde de tu cama, buscando mi ropa entre el desorden, buscaba también esos pedazos de mí que habían quedados tirados por ahí en el suelo la noche anterior.

Sin duda la luz del día cambió la perspectiva de las palabras que antecedieron a esta triste mañana. Yo sola sentada ahí, en una cama que no es la mía, en una casa distinta y que por todos lados grita el nombre de una mujer, que sin duda no soy yo.

Me tomo la cabeza y pienso, ¿en qué puto momento me subí a ese taxi y llegué hasta aquí? Viernes por la noche sola otra vez en casa, me había prometido a mí misma no verlo más. Para eso tenía que mantener ocupada esas noches. Él es deportista y entrena con regularidad, por lo tanto los viernes también “entrena”, conmigo. Yo ya me había cansado de eso y justo cuando pensé que la cosa iba en serio, me cuenta que tiene polola, sin mencionar que su “polola” era casi 15 años más joven que yo. Me vuelvo a tomar la cabeza y pienso ¡por la puta madre! Y me hice la superada, diciéndole: no es problema, está bien, sigamos así.

Hoy pienso y ni siquiera le puedo echar la culpa al copete… Mejor me visto rápido y salgo de aquí…

Tomo mis cosas, ordeno la cama y doy una última mirada al lugar donde pasé la noche. Siento pena, siento que se me rompió el corazón otra vez, a ratos me falta el aire, pero no me sale ni una lágrima… sin pensar mis ojos se clavan en la ropa, la ropa de ella que está ahí, junto con la de él.

Él, el que yo buscaba con tantas ansias conquistar, el que quería que viniera a mi casa a acurrucarme y abrazarme para que se pasara la pena o el frío. Me había costado tanto darme cuenta que sí, que quería estar con él, que quería que se transformara en un presente nombrable, presentable a la familia y los amigos; quería sacarlo de la oscuridad, de las visitas a las 4 de la mañana.

Pero yo no estaba ahí, yo no estaba entre su ropa, no era yo la que dormía entre sus brazos. Y fue como despertar de un sueño, caer de rodillas al suelo, esta vez para pedirme perdón a mí misma por lo que me he estado haciendo en este tiempo. He permitido que el desamor se vuelva algo normal y eso no es lo que me toca, me he obligado a vivir situaciones tan tristes, sin pensar en que no las merezco.

 

Salí del edificio, respiré profundo.

No contesté nunca más sus mensajes.