En tiempos de Ley de Pesca, chao pescao, hidroaysenes, balleneros japoneses desquiciados y tanta farándula verde dando vueltas, es posible que usted señorita se haya sentido atraída por estos jovenzuelos apasionados del oxígeno y entusiastas de lo orgánico, pero déjeme contarle un par de detalles:

¿Cómo te engatusa? Engatusan lindo, porque engrupen poco. A esto me refiero con que sus targets suelen ser otras ralladas por lo ambiental, por lo que solo les basta con hablar del tema y engrupirse ellos mismos para que las pánfilas se le enamoren ahora ya.  Si te hace un huerto en un departamento, en la repisa de la cocina, al lado del confort en el baño; ahí ya entramos en jotismo básico. El lolo le habla de una pelota que reemplaza al detergente, pero sigue lavando su ropa en su máquina y con Soft. Usa bolsa de género para sus compras y prefiere productos locales elaborados con tecnología oriental. Cuando se emborracha o emociona suele hablar de las energías, destacando la buena energía que hay entre quienes lo rodean. Esa es una treta rasca, pero a los weones les sigue funcionando perfecto.

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El Galán de Fonda es algo así como un clásico chilensis, una personalidad bien rancia y más común de lo necesario, no tiene distinción de estrato social y siempre hay pánfilas dispuestas a bancárselo.

¿Cómo te engatusa? El Galán de Fonda es un weón machista, que cree que dando muestras de fuerza física y encaramándose a una camioneta que más bien parece micro, la está haciendo. El Galán de Fonda es bien básico a la hora de engrupir; y como siempre anda con 2 picolas de sobra, más encima el culiao es torpe, tira tallas pasás a caca y cree que todo el mundo debe reírse solo porque las dijo él. El Galán de Fonda es el gueón con complejo de “patrón de fundo”, aunque no tenga donde caerse muerto. Las pelotudas caen como niñas al escucharlo tratar mal al mesero o cuando le gritonea al guardia para que lo deje pasar, porque claro, el mono de mierda se jura VIP, y no le ha ganado a nadie.

¡Ah! Y ofrece combos, siempre ofrece combos.

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Versión local del cuarentón bien conservado, paradito en latas que tiene fama de ser la raja en la cama, que lo sabe y se aprovecha de ello. No es el mino lindo al que cuarteábamos en el recreo: es el weón que tiene sex appeal —ese no-sé-qué que te asusta pero te gusta— y que con los años se ha ido poniendo como el vino. Salud.

¿Cómo te engatusa? No te engatusa, te engatusas solita! Como es lógico, el muñeco le lleva prontuario largo, que incluye una ex-mujer con carácter, algún hijo adolescente (cheque a fecha,  seguro), y sobre todo, una laaarga lista de amantes, pseudo-pololas, amigas con cover, one night stands, admiradoras secretas y no tanto, vecinas que le van a pedir la consabida tacita de azúcar, y compañeras de pega que cada tanto le deslizan una insinuación, como que no quiere la cosa, o derechamente le tiran los calzones a la cara en el happy hour.

¿Y qué hace él? Se deja querer, pues, si no es weón. En consecuencia, ¿Cómo tira? Como los dioses: así de fabuloso, así de inclemente, sin piedad ni misericordia. Y no es que te exija demasiado —con un weón así de bueno en la cama una hace la previa y después se dedica básicamente a disfrutar— sino que no le va mucho el foreplay, ni es de arrumacos post coitum, mucho menos de desayuno en la cama.

El Madurito  te saca chispas con las manos, te taladra con la mirada, va directo al grano, no pierde el tiempo en weás, no se desconcentra, tiene una energía incombustible, una resistencia feroz y es capaz de hacerte chillar como ardilla poseída, pero no te va a aguantar que después te le apapaches (a diferencia de un George Clooney, a quien sí nos imaginamos haciendo cucharita, ofreciéndote al menos un vaso de agua antes de que te vayas, llamándote un taxi o llevándote a la premiación de los Oscar).

¿Cómo identificarlo? Este espécimen es un desafío y un trofeo, y si una es lo suficientemente agraciada y canchera, es bien poco probable que te diga que no, sobre todo si hay una buena diferencia de edad. A las lolitas les fascina su parada segura y su quijada geométricamente firme y cachonda, y a él le gusta que les guste; sobre todo, le gusta saber que a su edad todavía pueda permitirse tan tiernos manjares.

Y eso no es malo: en lo personal, creo que un polvo con un wachito así es una experiencia que todas debiéramos tener por lo menos una vez en la vida. Lo que sí es malo es que en el ítem performance deja la vara demasiado alta para los que vienen después. Y lo que es peor, es que es re fácil que  la calentura se le suba a la cabeza, que se engrupa sola y termine pensando que puede tener al hombre en exclusiva.

No sea weona: eso no es posible, ni justo, ni necesario.

  • No es posible, porque este tipo de mino cacha el arrastre que tiene, y por lo mismo, no está ni ahí con amarrarse a una sola. ¿Pa qué asumir las responsabilidades de una relación si le llueven ofertas de sexo ocasional? ¿Y a esas alturas de la vida? Ni cagando. Si ni los hijos que tuvo con la(s) ex lo ataron a una relación, ¿usted cree que con su cara bonita lo va a engatusar? Desengáñese.
  • No es justo, porque  un weón que tira así de rico no puede quedarse con una sola mina: DEBE compartir su don con la otra mitad de humanidad que posee el cromosoma XX. O sea, si no ha quedado claro: el SERNAM debiera hacerle un homenaje, ¿ya?.
  • No es necesario porque, a la larga, se va a dar cuenta que un tipo así pa lo único que sirve es pa tirar.  Ni siquiera ‘pa la cama’: pa tirar. Y que aunque se quedara con usted para el resto de la vida, con casa y perro y cabro shico, eso lo único que haría sería convertirla en una celópata de patio (además: despertar molida tiene su gracia las primeras semanas, pero no se puede andar con displasia de caderas para siempre, y hay que concentrarse en otras cosas, como trabajar por ejemplo).

Contraindicaciones: ¿Entonces? Disfrute al semental mientras le dure. Grite, chille, patalee, mírese al espejo y cáguese de la risa solita. Porque de que le va a subir las endorfinas, se las va a subir. Mariposas en la guata, rubores súbitos, fiebre uterina. Gócelo. Pero después déjelo ir, sin culpas, sin penas, sin explicaciones.

Ah, y no se masoquee sapéandole el Facebook, ya que el muro del susodicho es un coro griego de voces femeninas tan deseosas como ud. de marcar territorio y mear cuadras a la redonda (“acuérdate, hoy a las doce, no puedo antes”, “te llamé de vuelta… hablamos”, “te mandé un interno”, etc., etc.). Pero, aunque esas weonas quedaron igual de loquitas y calientes que usted, la diferencia es  que usted tiene un mínimo de amor propio o, en su defecto, un par de buenas amigas capaces de decirle a la cara cuándo está haciendo un poquito el loco.

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*Esta columna es una idea original de Penny Lane (no, no la casi famosa, es un pseudónimo porque la wachita quiere mantener el anonimato; me tinca que se está masticando a un Madurito). Una asidua lectora de FAQMen que decidió enviarnos una colaboración y que desarrollamos de forma conjunta para esta serie. Agradecemos su aporte y, por sobretodo, su tiempo libre pa escribir weás a escondidas del Madurito que se está masticando.

El Esquivo es la versión masculina de la jovencita del Villa María hablando de sexo en público: quiere que sea por amor y que signifique algo, no le gusta tirar por tirar; pero ya sabemos que lo santurrona no quita lo caliente.

El polvo Esquivo es meticuloso y nunca atolondrado o impulsivo; lo planea, lo piensa, lo intelectualiza, lo racionaliza; y ahí, es exactamente donde la caga. A diferencia del Místico o el Vikingo, a este weón hay que sacarle el polvo con tirabuzón.

¿Cómo te engatusa? El polvo Esquivo tiene un ángel especial, como que eso de que no te está engrupiendo para bajarte los calzones a la brevedad, tiene lo suyo y seduce a muchas minas. Te habla del sexo con amor y no de “tirar”, de esperar a la persona correcta, a esa con la que haya una química especial… ba bla bla y la volá del enamorado y bla bla bla… y el amor y yara yara yara, y esperar…

¿Cómo identificarlo? Es primordialmente formal, y aunque es buena onda e incluso puede aparentar andar de cool por la vida, se ve bien vestido, nunca llama la atención por su apariencia ni con excentricidades, y es capaz de pasar desapercibido la mayoría de las veces. Es casi siempre lo que conocemos como un “buen cabro”, ese que mi mami estaría feliz con que pololearas, pero que a ti te saca un poco los choros del canasto con su exceso de pausa. (Yo conocí a uno que andaba de intelectual mochero por la vida, pero que en realidad era un gato asustado)

¿Cómo tiran? Uuuufffff, el solo proceso previo es un parto, debes convencerlo de que es con cariño y cuenteártelo con que no es por deporte y bla bla bla (puedes recurrir a tus sesgos femeninos históricos y hacerte la enamorada, pa eso eres mina no?). Debes ser tú la que lo engatusa pá que se los baje, y siempre están a dos minutos de convertirse en tu mejor amigo. Te sale con que “se va a perder esto lindo que tenemos”, o con que “ya no va a ser lo mismo”, o peor aún, con que “si tienen sexo él se puede enganchar y sufrir” y bla bla bla y tú ya no lo escuchas, sólo sientes un murmullo mientras tu cerebro te grita muy fuerte en tu cabeza “¡¡¡ya poh weón, por lo menos agárrame el culo!!!”.

Logras convencerlo, te lo pone en tu conocimiento y pasa lo que tiene que pasar. Pero al esquivo se lo come la culpa, y la incertidumbre… y finalmente tira como pidiendo perdón.

Te hace cariño, te mira, te vuelve a mirar (muchas veces es de esos weones que te mira mientras duermes o mientras tratas de dormir con un weón psycho mirándote). Él sabe que si no dices “te amo” al hacer cucharita después “de” y mientras siente que se ha convertido en tu pololo; entonces será el último, el último polvo contigo.

Contraindicaciones: el Esquivo sufre y se complica por weás. Si te lo vas a tirar por deporte, debes tener presente que él después te recordará con dolor, lo que no quita que te lo tires sin compasión, así que asume callada cuando entres en los anales de sus sufrimientos y pases a formar parte de la larga lista de yeguas que rompieron su corazón.

PD: Nosotras somos yeguas y ellos nunca son tan sensibles como para evitarnos.

El Vikingo es una especie sólo para valientes. Siempre su balanza marcará más de lo que estás acostumbrada, siempre sobre los 100 Kg. 100 kilos de puro empuje. Pero no es un obeso fofo y deforme, el Vikingo es un hombre grande, corpulento, “maceteado” diría mi mami; jamás una bola de manteca.

¿Cómo reconocerlo? El Vikingo no es sólo grande, sino que también es hombre de pelos… de pelos en la cara, siempre lleva barba o al menos, tiene la pera peluda; y la chasca siempre un poco crecida, de preferencia clarucho caucásico, pero como estamos en Chile, también encontramos sus versiones latinas de pelo oscuro y piel menos rosada. Nunca lo verás con polera piqué: el Vikingo es rudo, escucha la música fuerte y nada de baladas mamonas. Si encuentras uno con trenzas en la barba, estarás frente a una variedad de colección.

¿Cómo te engatusa? Este modelito no es apto para niñitas. El Vikingo encanta con su brutalidad, es miel para las mujeres de paladar un poco masoquista, éste es de los que no dice piropos, no saca a bailar, no se despide cuneteado ni te toca de refilón; al contrario, con cuea te invita un copete y te pone el hocicazo sin pedir ni permiso. Te arrincona contra la pared y procede a discreción. El weón es vivo, porque usted ya sabrá, que lo cromagnon no quita lo caliente, y el Vikingo sabe estudiar a su presa y ataca sólo cuando está seguro que no lo van a rechazar. Porque el gil es bruto, pero bien en el fondo también tiene corazón y no le gustan los desaires.

El nórdico este, es asumido en su brutalidad y está orgulloso de ella, se deja la chasca un poco crecida y lleva poleras con textos o monos de “niño malo”, prefiere la comodidad por sobre la formalidad y nunca la polera dentro del pantalón, porque el cabro es rebelde ¿vió?

¿Cómo tiran? ojo al gol, estos son dos cucharadas y a la papa. Nada de sentimentalismos, ni mucha previa, ni mucho romance, tienen más de 100 kilos de apuro. Después del primer hocicazo, estás perdida. Ojo que son calientes como pocos y aunque estés en público no les va a importar agarrarte una teta. Así que mejor te lo llevas pa la casa rapidito. Te acorrala con las piernas generosas contra la puerta, te agarra el culo con sus manos anchas en el ascensor, te atrinca con la guata contra el auto. Son agotadores, pero una igual se los agradece.

No tienen tiempo para hacer cariño, ni sueñes con un “te quiero” o “qué linda que estás”; debes darte por satisfecha con lo entrecortada de su respiración agitada y la presión de sus manos siempre intrépidas. Y claro, como tiene evidente sobrepeso, la respiración entrecortada no siempre es significado de que esté TAN caliente, porque como el weón es gordo, igual se cansa….

El Vikingo tira como con rabia, como si siempre fuera la última de las batallas, deja los dedos marcados en los muslos y el cogote morado de tanto mordisco y chupones. Si te embalas y te entregas a un “hand job” suyo, ponle ojo a tu entrepierna, mira que el Vikingo es bruto por sobre todas las cosas y tiene nula la motricidad fina, es capaz de hacerte cagar el clítoris de una pasá a reconocer terreno. A este hay que amaestrarlo como león de circo, adiestrarlo para que no te haga mierda el cuerpo de un zarpazo.

Contraindicaciones: no apto para princesitas. El Vikingo es sólo para valientes y probablemente igual de brutas. El weón es tentador y las enamoradizas caen como weonas, y al tercer día ya las tienen esperándolos casi en pelota y con un vodka en la mano. El Vikingo se las tira y después no lo ven más. Usted no sea polla y no se enamore de este espécimen; sáquele el jugo, déjelo seco y cuando ya tenga el cuello acalambrado de mordiscos, lo manda pa su casa y tan amigos como siempre.

P.D: el Vikingo es bruto por sobre todas las cosas, no olvide siempre tener su Hipoglós a mano.