El verdadero mal de nuestro tiempo no es el SIDA, no es el cáncer, no es el poder, no es el capitalismo, no una guerra por el agua, ni que vengan los alienígenas y nos conviertan a todos en cenizas. Es el miedo.

Por miedo nos hacen creer que debemos comprar ciertas cosas, si no, no estaremos sanos, no podremos vivir como corresponde, no podremos disfrutar de la vida. Por el miedo nos hacen pensar que debemos andar preocupados, ocupados, histéricos. Debemos cuidar nuestra salud, ¡no vaya a ser que nos pase algo! Debemos contratar un seguro, porque en caso de cualquier cosa, ¡paf!, ya estamos preparados. Por el miedo es que el mundo se vuelve fome, la gente no se atreve a vivir sus vidas y termina como las viejas culiás, amargando al mundo y poniéndole las bolsas de supermercado en la cara a las personas para que le den el asiento, por el sólo hecho de no haber disfrutado su propia vida.

Pero la hueá es que nadie nos preparó para no tener miedo, menos aún cuando hablamos de relaciones.

Comentábamos con un ex pinche el otro día, lo fácil que era asustarse luego , cuando empezabas algo con alguien. Todo va bien, como avión. Estás en esas semanas donde recién te estás conociendo, estás evaluando las dinámicas de comunicación más adecuadas, ¿lo llamo o no lo llamo? ¿Le mando un mensaje o sonará muy catete? ¿Lo llamo? ¿Le pongo me gusta en Facebook o de verdad es muy jote que le ponga me gusta a todas sus publicaciones?; pensando en qué hacer para que se ponga contento, ¿y si le preparo algo para comer? ¿Y si me pongo el shortcito que dijo que le gustaba como se me veía el otro día? ¿Y si le digo que vayamos donde sus amigos?; qué planes sí, qué planes no, etc. Siempre preocupada de que no se te caiga este papel de pinche nueva. Lea el resto de este artículo »

Retrato hablado del Guapito Bipolar

De todos los hombres con los que nos podríamos meter, este es de los peores. El que un día te llama porque te extraña y al otro día resuelve que le cagaste la vida y es mejor alejarse. Ese que dice que no quiere verte más, pero te escribe en el chat de Facebook cada vez que te conectas. Es que para el Guapito Bipolar, eres lo mejor y lo peor que le ha pasado, todo al mismo tiempo.

Siempre está confundido, tiene una mezcla de ternura y agresividad. Te invita al carrete, te lleva al after, se pone cariñoso y te pide dormir abrazados (o tira como si lo hubieran tenido encerrado 6 meses), hasta que – en un par de segundos- cambia de opinión y empieza esa conversación eterna, que es mejor no tener: Es que estoy confundido, no sé si es el momento, desde que te conocí no sé qué hacer, te quiero demasiado, no quiero hacerte daño, etc, etc, etc.

El Guapito Bipolar -en su lado amable- es el más amable, el más tierno, te hace sentir como una reina, como la mina más mina del universo. Es seco para armar frases bonitas, con palabras que te dejan viendo corazoncitos en las nubes. Es mino (no cualquiera se gana el adjetivo “Guapito”), sexy, tira rico, es tierno, siempre tiene tema de conversación, le importa el medio ambiente y todas esas cosas shúper locas que le gustan a las mujeres. Te hace sentir cómoda, te presenta a los amigos, te lleva a todos los carretes. Se preocupa por ti, te dice todo el día que eres la más…  la más linda, la más rica, la más inteligente, la que mejor baila… lo que sea que a él le guste de ti, te lo dice todo el tiempo. Es ese perfecto, del que incluso -quizás- podrías enamorarte.

Peeeeeero… Lea el resto de este artículo »