Yo sé que más de alguna madre de ustedes por ahí, les dijo cuando eran adolescentes que para sobrevivir a este mundo se debe “elegir las batallas”. Así como su forma de decirte que, como no las vas a ganar todas, mejor elegir a cuáles ponerle pino de verdad. Bueno, hoy quiero hablar de una de las más inganables de todas, según yo: las antireglas de la soltería.

Sí, ya dimos harto jugo con esto en el libro (<3), pero me quedé pensando lo mucho que me alegra la suerte de “ola de desnaturalización” de los conceptos sexistas y machistas que nos han acompañado desde nuestra niñez y que ahora hacen ruido de forma más colectiva. Hasta pa’ ser soltera estás marcada por un falo¯\_(ツ)_/¯, o sea, ni siquiera en la carencia de compañía masculina nos libramos, igual somos “relativas a”. Revisemos:

1.- Te falta pico:
Cada vez que estás enojada, alterada, enferma o con la regla, el mundo lo atribuye a que te falta pico para ser feliz. Porque obvio que es la única manera de ser feliz y a todas nos falta si no tenemos uno entrando y saliendo cada cierto rato.

2.- ¡Maraca!desk_flip
Si ~evidentemente~ no te falta pico, entonces te has puesto muy suelta y/o has bajado tus estándares. Como te faltaba pico, decidiste dejar de ser tan quisquillosa, empezaste a prestar el cuerpo a lo que viniera, y ahora eres “damaged goods”. Porque el equilibrio perfecto no existe si no estás en pareja: O eres puta o te falta pico.

3.- Eres inmadura y te falta crecer.
Tu madurez emocional es tuya, sí, muy en toda la volá de amar, comer, correr, cocinar, rezar y eso. Pero cuando llegas a cierta edad soltera, las reglas sociales dicen que tienes que “conocerte a ti misma”, “aprender a estar contigo”, “quererte”, etc. Pero ¿¿para qué?? PA’ PODER ESTAR CON ALGUIEN PO’. La titulación final de tu universidad emocional es efectivamente tener una pareja estable que no sea un saco de weas y que le demuestre al mundo que ya no eres una histérica maniática incapaz de amar. Miren, ahora soy bacán porque soy como todos ustedes y me pesca un hueón relativamente normal. Yeaii.

4.- Estás muy vieja para eso.
Nuestra sociedad diaboliza la vejestud femenina y, al contrario, enaltece la masculina. Así, para muchas cosas, cuando llegas a la edad en que ser soltera es un “algo” (a los 20 es un nada, es un estado de paso y perdonable entre parejas, al menos para el mundo), estás demasiado vieja para ir a bailar, por ejemplo (las discos son de uso exclusivo de los sub 27 como máximo), muy vieja pa’ hacerte un tatuaje, muy vieja para seguir esperando pa’ tener guagua, incluso muy vieja para elegir con cierta complejidad al hombre con el que quieres pasar el resto de tu vida, porque ya no te puedes regodear, maldita vieja.

5.- Debes tener “algo”.
Esto corre tanto para hombres como para mujeres, pero en los hombres es como 10 años después, o 15 incluso, porque, nuevamente, sexismo. Llegar a esta edad en la que ser soltero/a es tema, implica que ALGO contigo no está bien. Obviamente si no estás en una relación llegado cierto momento de tu vida, es porque eres una mierda de persona, un sociópata o psicópata incapaz de sentir empatía. Una hueona loca imposible de amar, demasiado complicá, bruja, etc. Básicamente eres una lacra de ciudadano. Y, cuando no lo eres, porque evidentemente el mundo se da cuenta de que no estás loco/a, se rascan la cabeza y se cuestionan todo en la vida: ¿Cómo es posible que él/ella esté soltero/a?? ¿Qué cagazo estará pagando ese pobre ser humano? ES UN DESPERDICIO.

  • Bonus track: el hoyo negro
    Le puse así a la dicotomía fundamental en la vida de la soltera:
    “¡Me quiero casar!” : Hueona loca, desesperada, así nadie te va a querer, con ese vestido en la cartera, patética.
    “¡No me quiero casar!”: Hueona amargá, enciérrate en tu cueva, si igual, quién te va a querer, loca psicópata. Patética.
    La soltería, cuando es tema, es un maldito candado chino.

Así es que ya sabes, si se te ocurre la imbecilidad de ser soltera en esa edad en que todo el mundo te juzga por ello, lávate las orejas con puré, practica el fino arte de mandar mentalmente a todos a la súperchucha  y cuídate(la-lo).
Cariños,

Javi :*

¿El pololo falso? ¿Qué es eso?

Las relaciones con el sexo opuesto se dividen a grosso modo en 4:

1. En un extremo, en la friendzone, están los amigos: Esas amigas con tula que no miras tanto, a quienes les cuentas todas tus aventuras y conocen los detalles sabrosos de tus maldades. Esos con los que juegas a tirarte chanchos y que te agarran para el  hueveo cuando no te depilas. Un poco el amigo gay que no es gay necesariamente, que te afirma la puerta, te tiene la chaqueta mientras estás bailando con el mijito rico. En el fondo ese que no te tiras, ni te tirarás.

2. Están en el otro extremo las parejas: Pololos, maridos y todas esas relaciones formales que tiene la gente normal. El que conoce a tu  familia y que asiste a los cumpleaños del sobrino chico. El que recibe regalos  pa’ el 14 de febrero, va al asado contigo y ya es contabilizado por el resto a la hora de hacer listas de invitados como el +1, sin lugar a dudas. Esa relación abiertamente sabida por tu entorno, esa en la que todo el mundo te pregunta cómo estás tú y cómo está él, como parte de una misma frase.

3. En la mitad está el amigo con ventaja: Ese que de repente te encuentras y pasan cosas, ese que de repente llamas pa’ tirar porque andai con la cochiná y con el que no hay una periodicidad definida. Con él no hay jugos como ” ¿Por qué no me llamaste?”, ni nada. Puede ser hasta tu amigo, con el que hay cariño y se estiman como tal, incluso a veces dejan de ser ventajosos y se quedan en amigos no más, al punto de que si él encuentra pareja tú te alegras, pero así de verdad, de corazón. Porque de verdad quieres a tu amigo y lo quieres bien y si la mina es buena onda, hasta la llegas a tener de amiga de Facebook. Bueno, eso sería lo ideal y muchas veces no sucede, especialmente cuando la  tensión zezual no lo permite. Lea el resto de este artículo »