Retrato hablado del Guapito Bipolar

De todos los hombres con los que nos podríamos meter, este es de los peores. El que un día te llama porque te extraña y al otro día resuelve que le cagaste la vida y es mejor alejarse. Ese que dice que no quiere verte más, pero te escribe en el chat de Facebook cada vez que te conectas. Es que para el Guapito Bipolar, eres lo mejor y lo peor que le ha pasado, todo al mismo tiempo.

Siempre está confundido, tiene una mezcla de ternura y agresividad. Te invita al carrete, te lleva al after, se pone cariñoso y te pide dormir abrazados (o tira como si lo hubieran tenido encerrado 6 meses), hasta que – en un par de segundos- cambia de opinión y empieza esa conversación eterna, que es mejor no tener: Es que estoy confundido, no sé si es el momento, desde que te conocí no sé qué hacer, te quiero demasiado, no quiero hacerte daño, etc, etc, etc.

El Guapito Bipolar -en su lado amable- es el más amable, el más tierno, te hace sentir como una reina, como la mina más mina del universo. Es seco para armar frases bonitas, con palabras que te dejan viendo corazoncitos en las nubes. Es mino (no cualquiera se gana el adjetivo “Guapito”), sexy, tira rico, es tierno, siempre tiene tema de conversación, le importa el medio ambiente y todas esas cosas shúper locas que le gustan a las mujeres. Te hace sentir cómoda, te presenta a los amigos, te lleva a todos los carretes. Se preocupa por ti, te dice todo el día que eres la más…  la más linda, la más rica, la más inteligente, la que mejor baila… lo que sea que a él le guste de ti, te lo dice todo el tiempo. Es ese perfecto, del que incluso -quizás- podrías enamorarte.

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