En el capítulo anterior vimos cómo una verdadera princesa deja “redi pa lo que benga” al muchacho de su elección en la cotidianidad de la vida. Hoy aprenderemos lo mismo, pero en el hogars. Recuerde que estos jugueteos son para que la previa se haga entretenida; una vez dentro de su dormitorio de princesa, mejor aplique estos otros consejos.

Aquí, la maniobra juguetona para entusiasmar a su plebeyo o príncipe, cobra aún más importancia, porque en el hogar se lo puede llevar a los aposentos reales despuecito de lo que sea que estén haciendo como excusa para juntarse.

Cuando lo invite a su casa, también cumplen un rol fundamental los detalles “careless”. A estas alturas, debería haberse dado cuenta usté, que la gracia de todo esto no es parecer una puta, sino que dejar que las acciones alimenten la imaginación. Una mina alumbrona suele ser matapasiones para los hombres, y eso es porque a los frescolines les encanta la cochiná de lo más hardcore, pero no vaya a ser cosa que alguien más sepa que les gusta que les den con el látigo, los encadenen o los pisen con los tacos aguja. Si no, mire la cagá que le quedó a la puta más cara de Chile, por hociconear.

Cuando llegue principito lindo, ábrale el portón, deje la puerta juntita y dígale que pase nomás, mientras usted termina de estar lista. Esto, ojalá con la puerta semi abierta de su pieza, mientras se termina de arreglar alejada de su vista: comprobadísimo que la cantidad de películas (porno) por minuto, coparán la testera del buen príncipe, sin necesidad de aparecerse directamente en pelota (lo que podrá hacer después).

Seguro que por mientras que usted aparece radiante, él aprovechará de pasar al baño, mirarse en el espejo, revisarse el peinado, el marrueco, la capa y en fin. Ante esto, usted, como es muy seca, habrá dejado “olvidado” el pijama más sepsi que tenga, colgando de la manilla (consejo con copyright, pero tan bueno que había que compartirlo) esperando a ser casualmente visto por esos ojos tan buenos pal rollo. Entusiasmo garantizado.

Para seguir rematando, cuando estén cenando o conversándose un traguito, procure “pasarlo a llevar” de alguna manera. Puede ser cualquier parte del cuerpo, sobre todo descubierta: una pasadita de pierna, un cariñito en la rodilla, hasta un agarrón de brazo -o de poto, evidentemente- serán suficientes para que su mente y otras partes le dediquen toda su “atención”.

Sin embargo, el súper premio mayor de esta técnica se lo lleva la “pasá de boobies”: Su macho no se acordará de lo que estaba hablando nadie, después de sentir ese roce “sin querer”. Esta técnica es ideal cuando se le meten en temas incómodos, como en mi caso, con preguntas del reino, de quién será el elegido para continuar el linaje y esas cosas. Si quiere cambiar de rumbo la conversa, no hay hombre que sea capaz de seguirle el hilo a nada después del contacto “CONTACTO” de sus boobies con cualquier, en serio, CUALQUIER parte de su cuerpo. La naturaleza es tan sabia.

Un tip de lo más entretenido, sobre todo para la parte de los bajativos, es hablarle bien cerquita, al oído. En general, cualquier atisbo de cercanía que no se concrete, deja a los hombres queriendo toda la cercanía posible, esperando con todas las ganas a que usted se vuelva a acercar para decirles algo, a ver si ésta sea la vez en que se acercan lo suficiente y 1313.

Con todos estos jugueteos tan entretes, no sólo tendrá a su príncipe (o plebeyo cochinón) todo lo que es listo para la batalla, sino que, más encima, usted misma no lo hará tan mal por su lado tampoco. Si encuentra que quiere seguir jugando, hay miles de maneras para seguir con la acción y entretenerse de lo lindo con su  príncipe, conde, plebeyo o caballero armado 🙂

¡Besos!