Club de Lulú

-Ya po si no te va a dolerbad guy
-No, te dije que no quiero
-Ya po, un poquito, si lo hago despacito
-No hueón, no quiero
-Ya po, porfi
-No
-Ya, ya, no insisto más………………………………
-¡Auch! Te dije que no quería hueón
-Ay si fue sin querer, me equivoqué.

Con ustedes, el egoísta

En la entrega anterior  hablamos de El Generoso, ese cabro simpático que se deleita con tu deleite, vive y goza por él, a ese que le gusta que te guste y se esmera en ello, que te hace decir “qué hice tan bueno en la vida para merecer esto mi dio”, ay  generoso (suspiro)… te queremos mucho.

Pero bueno, no nos desconcentremos. En esta entrega nos referiremos a su antagonista, al villano de nuestro súper héroe. El Egoísta.

El egoísta es ese tipo que quiere tirar, pero no le importa si usted lo pasa bien o no. Desde un comienzo usted notará que él no es muy delicado, ni atento, ni cariñoso ni bueno para tocar lo que usted quiere que le toquen. No, él la quiere en pelota luego y rapidito, ojalá sin mucha parafernalia ni previa porque quiere meterla y rápido.

Entonces comienzan los problemas de ausencia de calentura. Claro, porque la damisela no alcanzó a entibiarse cuando el otro le estaba pidiendo ya que se diera vuelta, y es que El Egoísta se cree muy protagonista de película porno, pero sin las dotes del actor. Quiere que usted grite como la jovencita de la película pero sin hacer ningún mérito por lograrlo.

Al egoísta no le importa si a usted le duele, no la escucha si le pide que más despacio o más fuerte. El loco está tirando solo y tú estás supliendo el lugar de la mano.

El egoísta es el que te corta el orgasmo única y exclusivamente porque ya estaba aburrido y quiere variar a su ritmo, no le importa que le digas: “sigue así” si es que él tiene en su mente otros planes.

Ese con el que estás todo el rato tratando de acoplar el ritmo, llevarle las manos a lugares estratégicos, pero nada. El loco está tirando solo y no está ni ahí contigo.

Te pedirá por la ciudad más grande del estado estadounidense de Michigan hasta el cansancio o hasta que le digas que sí, porque él no entiende que no te guste o te duela. Ahora bien, el éxito de su insistencia dependerá única y exclusivamente de lo pelotuda que sea usted.

Tampoco le importará si estás justo empezando a pasarla bien y él se quiere ir. Cagaste cabrita, arréglatelas sola porque el ya terminó contigo, en realidad nunca estuvo tirando contigo.

Probablemente después de esa mala cacha te mirará con aire triunfador como diciendo: ‘te gustó, obvio que te gustó gatita’  seguido de decirte algo del tipo: “parece que se rompió el condón, supongo que tomas pastillas porque yo no estoy ni ahí con ser…”.

Olvídate del desayuno porque con cuea te ayudará a buscar los calzones, si es que no te echa rapidito y a poto pelado para la calle porque: ‘¡ups, va a venir mi polola, no me pongas esa cara si tu nunca me preguntaste!’. Pelota, pelota, pelota.

 

La autocrítica

El egoísta es aquél por el que al otro día te sientes como la pelotuda más grande en la historia de las mujeres pelotudas y por quién sientes culpa con frases autocariñosas del tipo: ‘¿puedo ser tan hueona?,¿cómo me fui a meter con este saco de hueas… tomé mucho?’ o ‘ahora sí que caí bajo’. Porque la sensación con la que te deja el egoísta es justamente esa: ¡por qué chucha me metí con este tipo! O peor ¿por qué rechucha le permití tanto sin echarlo a la primera?.

Y ahí está la causa del problema… tú que te quieres tan poco que aguantas cosas que jamás deberías aguantar, porque la calentura nunca superará el amor propio.

Pero no todo es malo, lo bueno de conocer un egoísta es que te ayuda a conocer límites y replantearte cosas del tipo: ‘loco piérdete, en serio no hay segunda’ o darse cuenta de lo ahueoná que usted puede ser para dejar de serlo porque por algo hay que partir.

 

Chau Pescau

Hola amigo, sé que te carga que te diga así, pero eso es lo que eres. Mi amigo.

Disculpa si alguna vez te hice creer lo contrario, te pasaste algún rollo o creíste que pasarías ese umbral del abrazo fraternal. Y sí, sé que tus amigos piensan que soy una perra fría, que no tengo corazón y que abuso de tu cariño para subirme la autoestima, también sé que todas las minas que te agarraste me odian y me maraquean a tus espaldas.

Sé que pediste consejos y lo intentaste todo;  que te bancaste mis llantos por otro, que aguantaste estoico mis historias con ese tipo con el que me lancé, que te calentaste cuando te conté mis cochinás, y que te tuviste que bancar a todos esos tipos que te presenté y que siempre para ti fueron unos sacos de huea; feos, tontos, arrogantes, fomes sin ni un brillo.

En mi defensa, debo decir que nunca te quise hacer entender que eras más que amigo. No digas que nunca lo notaste si nunca fui muy cariñosa, ni calienta sopas. Creo que pegarte en el brazo, agarrarte a chuchás, pasearme chascona y en pijama de polar frente a ti fueron suficiente prueba de que siempre fuiste lo que fuiste. Mi amigo.

Yo sé también que hace rato me di cuenta de lo que pasaba y me hice la idiota. Porque es más fácil hacer como que nada ha pasado que enfrentarse a saber que le estoy haciendo mal a quien quiero.

Tú podrás enojarte y decir que prefiero a un saco de hueas antes que a ti, que tengo el gusto en la patas y que soy una idiota por no querer estar contigo que me quieres tanto y me tratas tan bien. Yo te hago una pregunta: ¿Tú crees que en verdad soy tan tonta para no darme cuenta de que eres un gran hombre y que sería muy feliz si pudiera enamorarme de ti?  ¿De verdad crees que no lo intenté?  ¿Que no lo pensé?.

Obvio que en algún momento traté y fue el peor error que cometí. Jamás debí responderte ese beso, jamás debí curarme tanto y acostarme contigo, la verdad es que quería saber si podría sentir algo más que un amor infinito de amigos, pero no. Por eso no lo volví a hacer. Acepto, después de eso, que tus amigos hayan tenido todo el derecho de tratarme de perrafríamaracasincorazón por intentarlo, pero tenía que hacerlo. Quizás podría haber resultado y yo sería tu feliz polola, pero no. Lo siento, no resultó. Sólo fue más confuso para ti, sólo me sentí más como la mierda yo.

Lamento en lo más profundo no responder a tus cariños y que mi afecto sea tan distinto al tuyo. No soy un robot y no me puedo programar para quererte, ni siquiera puedo hacer que me calientes. ¿Qué culpa tengo yo de no poder corresponderte?

Y sí, es verdad que a algunos les resultó y que luego de años de perseverancia lograron que esa amiga lo mirara con otros ojos y vivieron felices para siempre pero ¿en verdad quieres perder tantos años en algo que quizás no suceda nunca? Yo no, porque te quiero y la mejor muestra de mi amistad es ya no ser más tu amiga.

Te prometo que ya no correré a llorar contigo cuando tenga pena, no te llamaré para contarte que me saqué la cresta y fue tan gracioso, no te contaré copuchas, no te invitaré a almorzar con mi familia, no te presentaré más pololos, no veremos películas volados ni putearemos a la humanidad hasta que amanezca. Ya no te buscaré más y tampoco estaré ahí para ti cuando necesites hablar.

¿Tú crees que perdiste solo? Entonces quizás nunca fuiste verdaderamente mi amigo.

Llegó el invierno y para calentar motores les dejamos una colaboración de Ale, lectora anónima con la que iniciamos la temporada de relatos para subir la temperatura. La invitamos cordialmente a ponerse cochina y mandar el suyo. 

El Bomberobombero

Hay que decirlo, el mundo bomberil es fascinante. Hubo un antes y un después de verlo colocarse las botas, traje y casco en menos de 25 segundos. No es difícil imaginar sus piernas y brazos capaces de correr a levantar 10 kilos de ropa después de despertar abruptamente por el sonido ensordecedor de una llamada de emergencia.

En una de mis primeras visitas a aquella bomba, decidió darme un tour. Mientras sus compañeros dormían, me contaba la historia de cada foto colgada en el salón… directo en mi oído… despacito, para no despertar a nadie. Un concierto se escuchaba a lo lejos.

Me llevó al pasillo donde se visten ante una llamada. Un intenso olor a hombre y humo… que lejos de ser desagradable, tenía un sex appeal difícil de explicar (ok, puede que haya influido el cine y la publicidad).

Estaba oscuro, era tarde y no se escuchaba más que la música a un par de cuadras. Una tenue luz exterior alumbraba la bitácora sobre un mesón. Fue en ese minuto cuando reconocí ese agarre intenso, que sólo unas manos fuertes y entrenadas pueden tener. Unos dedos firmes tomaban mi cadera, mientras su otro brazo enderezaba mi torso hasta esa posición exquisita donde su boca roza mi oído; no me podía mover. Me tomó firmemente del pelo y me besó largo y fuerte. La intensidad del momento me obligaba a gemir, pero a cada gemido alguien se movía en el piso sobre nosotros, obligándome a un silencio desesperante.

Sentí un fuerte tirón del brazo que me obligó a caminar hacia esa gran pieza oscura.  Dos carros bomba nos recibieron. Me levantó para subirme sobre el lado de un carro y me agarré fuertemente de su entrepierna para no caer con el impulso. Se podían observar mangueras, hachas e instrumentos de diversos tamaños que sólo aumentaban mi excitación; su pene en mi mano crecía tras el pantalón, duro,  grande… él lo supo y me sonrió.

Sin pensarlo abrí la puerta del carro y lo incité a seguirme. Desde esa altura veíamos con claridad la calle, tras ese portón de vidrio que cubría el frontis del edificio.

Lo desvestí y me acerqué mirándolo a los ojos, y con una sonrisa ansiosa de él, comencé a jugar con mi lengua en su pene. Le hice sexo oral hasta que suplicó que parara.

Recobró aliento por unos segundos y me levantó agarrando mis axilas fuertemente. Una sola mirada directo a los ojos y un excitante beso, mientras me volteaba hasta quedar mirando hacia la calle.

Me desnudó delicadamente, mientras me besaba el cuello y los hombros como sólo esos labios sabían hacerlo… Y lo sentí, intenso, eterno… qué exquisita forma de entrar en mí. Sus manos en mis caderas, asegurando el control de la velocidad y la intensidad… su gemido y el mío en un sonido completamente armónico de placer. Su torso desnudo sobre mi espalda para luego elevarse y comenzar a moverse. Movió sus dedos a mis pezones agarrando firmemente mis pechos, pero con una suavidad perfecta y exquisita. Sentí su respiración acelerada, como subiendo escaleras con 25 kilos encima… Sus manos firmes nuevamente en mis caderas y hombros, traían a mi mente imágenes de la fuerza al sostener esa manguera con presión infinita de agua.

Ya no se escuchaba música a lo lejos. De a poco la calle comenzó a llenarse de gente. Al pasar, muchos miraban el frontis del edificio. Más de un par de ojos miraron más de la cuenta, quizás vieron algo, quizás no. No me importó.

En un movimiento inesperado, me levantó volteándome en el aire hacia él. Me sostuvo con sus brazos y al sentarse, lentamente me bajó hasta su entrepierna. Mientras me penetraba nuevamente, me agarré de él en un instinto de no dejarlo ir, provocándonos una exquisita sensación que nos obligó a gemir muy fuerte. Comenzó a besar mis pezones mientras los acariciaba intensamente con sus dedos… No daba más de la excitación. Perdí el sentido, acabando en un orgasmo largo, intenso, maravilloso. Terminó conmigo mientras gemía en su oído.

Las fantasías se hicieron para realizarlas…


Cualquier similitud con hechos reales, es sólo una exquisita coincidencia. 

 

Aquí por lo general hablamos de hombres, pero haremos una pequeña excepción para hablar de aquellas que todas tenemos, seremos o somos. Las Ex, que merecen un lugar de privilegio en nuestro blog y que salió de una de aquellas tomateras reuniones de pauta en que nos dedicamos a puro pelar crear contenidos para usté.

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La Loca Culiá: esa mina que si te ve, te pega. Es aquella señorita que no puede soportar la idea de que él esté contigo, las que estuvieron antes de ti y las que puedan venir. Él es de ella y nada ni nadie podrá separarlos. Es la que te va a mirar toda la noche si te la pillas carreteando y pasará por al lado tuyo para pegarte el empujón o tropezarse al lado tuyo y derramarte su copete en ese vestido que te hace ver tan regia.

Esa que te psicopateó por tuiter, retuiteando y favoriteándote todo para que sepas que ella está presente ¡siempre!… donde quiera que vayas  y que mejor terminaste bloqueando para evitar seguir leyendo trolleos mala sangre. La misma que  te mandó la solicitud de amistad a face que, por supuesto, tú no aceptaste.

A esa que le tienes miedo y que llama a tu mino tipo 3 am un sábado curá pidiéndole volver y que te inventó una vida digna de meretriz con sida, desde los dos abortos con rama de apio que te hiciste por no saber de quién era la guagua y el romance que tuviste con el primo, tío, padre y hermano de tu actual, todos juntos en una gran orgía.

Lo bueno, es que es tan loca que todos saben que está loca. Punto para ti.

Lo malo, es que es tan loca que creerá que esto está escrito por y para ella y algo hará al respecto, junten miedo.

La forever ex: Es la que estará unida a él por siempre. Su vecina, la mejor amiga de la hermana, la madrina de su sobrino, la veterinaria del regalón de la familia. Está ligada a él para siempre y nada que hacer, llegó primero y de ahí nadie la sacó.  Aquella que te toparás en comidas familiares de él, con la que tendrás que luchar por llevar la ensalada.

-Yo la llevo jijiji

– ¡No te preocupes! Yo la llevo jajaja

-YO-LA-LLE-VO

-SUÉL-TA-LA CTM

Mejor aprender a aceptarla, estará para siempre hasta que encuentre su propia familia ¡Deal with it!

La Depresiva: Todo un caso, esta señorita es una drama queen de tomo y lomo. También entra en la categoría orate pero seudosuicida. Manipula a punta de barbitúricos genéricos (con los que nunca se va a matar pero si hará perder tiempo en el hospital) y frases sacadas de la radio Pudahuel como “si tu no estás conmigo yo no quiero vivir”, “prefiero morirs antes que perderte”  mientras escucha Adele y le cuelgan los mocos de tanto llorar.

Podría decirse “ay pobrecita, estaba muy enamorada” pero no, porque le pasa con todos y cada uno de los hombres que pasean en su vida, ella quiere el drama, gozar ese sufrimiento de diva pobre y llamar la atención de sus cercanos con él. Probablemente tendrá alguna cicatriz en el brazo más parecida a la marca del indio que a un intento de cortarse las venas, producto de alguna pena de amor, del pérfido que la dejó, aburrido de sus llantos y melodramas.

La amigui de él: La polola importante que se transformó en su mejor amiga. La que le conoce todos los secretos ¡todos! Los de él y los tuyos también,  tus defectos y virtudes, lo que te causa celos, lo que hace que se te caigan los calzones ¡Todo! Ahí también estás cagada, llegó antes que tú y probablemente se vaya después. Mejor conocerla y aprender a quererla porque, linda, es inamovible y está bien. Pololas pasan, amigos quedan.

La amigui tuya: Esa ex que por razones de la vida se hizo tu amiga. Como que un día se toparon y se dieron cuenta que tenían tanto, tanto, pero tanto en común que la química fue instantánea. Brotaron corazones entre ustedes y se llevaron la raja: Se llaman, se whatsappean y pelan al factor común de lo lindo:

– ¡Gaia te morí lo que me regaló este hueón para mi cumple!

– No me digai, te regaló cremas para las arrugas, puta que es desubicado este hueón, no cambia.

La adorable o “puta la csm no puedo odiarla”: Es linda, regia, simpática, chistosa, inteligente, cabra de iglesia, temerosa de dios, ultra decente, nunca desconfiarías de ella, pero nunca tan cartucha como pa’ no tirar las tallas cochinas; salva gatitos, adopta perros vagos y les busca hogar, peina abuelitas en la Fundación las Rosas y te cuida al hermano chico de tu mino para que te lo tires tranquila. Ubicada como ella sola, jamás va a andar cateteando a tu actual, cosa de molestar lo menos posible tu sagrada relación… puta la mina adorable. Quieres odiarla, pero no puedes.

Amada por todos, envidiada por todas. Insoportablemente adorable la hueona, tan adorable que ni siquiera sabe lo adorable que es…bitch.

La calientasopa: Esta es la más peligrosa de todas porque conoce los puntos más débiles de tu mino; lo que le gusta, cómo le gusta y a qué velocidad le gusta. Esa que sabe perfectamente cómo dejarlo enfermo con un puro roce y que le hizo el ocho, el shakira y el gánesela  al toro antes que tú. Esa que si se lo topa, se le acercará harto y le coqueteará con ímpetu:

“¿Te acordai puppy cuando nos fuimos ese fin de semana a Buenos Aires y que no conocimos nada porque ni salimos de la pieza? Lo pasamos tan bien.”

Caliente la hueona.

La no superada: La que lo hizo sufrir, la que lo recibió nuevo y lo devolvió como estropajo. Barrió el piso con él, lo hizo llorar, lo mandó al psicólogo e hizo que mil pedazos de su corazón volaran por toda la habitación. Esa que fue la culpable de que él te dijera tantas veces: “no estoy listo para una relación”  o “no sé si todavía la quiero”.

Aquella por la cual tú pagas los pecados. Los celos, los traumas, las inseguridades. La que te lo entrega roto y que tú aceptaste armar de nuevo, pero que siempre, siempre llevará las marcas de las trizaduras.

La con hijos: Parecida a la forever ex, está ligada a él de una forma que tú no puedes y no debes manejar. Tienen hijos en común y ahí na que hacer po’ linda. Hay frutos del amors que van más allá de la pareja, un vínculo irrompible que los unirá por siempre a menos que el querubín sea un pelotudo de esos que hacen guagüitas y las dejan tiradas. Ella siempre será la madre, aunque siempre hay que distinguir entre:

a)      La ex madre moderna: Esa que te invita para el cumple del cabro chico y que te pide le lleves la torta. Buena onda.

b)      La ex cizañera: Esa que le dice cosas al niño y al resto, la culpable tras los: “¿Qué es maraca? Mi mami me dijo que mi papi te quería por eso”.

c)       La chantajeadora: Pertenece al grupo de las Ex Locas, esas que usan a los niños para hueviar. La que apenas se enteró de que estaba contigo dejó de pasarle a los niños el domingo y ahora tienes que acompañarlo a tribunales a rogar por visitas, mientras le pasas pañuelitos para que se suene los mocos que se le juntan con las lágrimas que brotan de su amor de papá. Mala, mala la hueona, la peor clase de ex y de persona que existe.

La que pena: De esta nadie habla, pero siempre está. La ex que todos amaban y que te hizo quedar como la “pérfidahijadeputamueverajaperitoenpicos” que vino a sacar a esta criatura perfecta del camino. Nadie te lo va a decir, pero tú sabes que secretamente todos preferirían tenerla a ella de polola del susodicho y no a ti. Por lo general encaja en el grupo de las adorables pero nadie la nombra mucho, porque pena.

Amada por la suegra, hermanos, primos  y mejores amigos de él, a los que en cada reunión se les arranca una talla súper graciosa que les pasó con ella o los “te acuerdas cuando fuimos para allá a acampar y tú estabas con…” silencio rotundo. Nadie se atreve a nombrarla mucho porque duele, le duele a todos. Siempre está ahí, arraigada en los corazones del círculo del ex, la ex de todos.

La conchadesumadre o “maraca culiá me cagaste la vida”: The queen bitch, así, a lo Lil’ Kim. Se lo cagó hasta con el perro, lo dejó como cornudo y pelotudo delante de todo el mundo e hizo que él siempre creyera que el resto mentía pero no ella. Se las perdonó todas, durante mucho tiempo hasta que el gil abrió los ojos y se dio cuenta que estaba puro dando jugo.

Barrió con su masculinidad, autoestima y fuerza de voluntad. Es tan pérfida que cada cierto tiempo lo busca, le mueve las pestañas y las redondeces un rato haciéndolo sentir extrañado, le dice que no lo ha olvidado todavía y que podrían juntarse a conversar, que si quiere: “llevas a tu polola incluso, para conocerla, debe ser simpática”.

Ahora bien, así como en la mayoría de los casos, el éxito de su cateteo dependerá única y exclusivamente de él. La culpa jamás será del chancho. Si la ex revolotea, quizás es porque el actual le tira aire y si no, recuerde para su salud mental que por algo es ex y usted  la actual.

Besitos y sean buenas ex.

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Manual para Sobrevivir con Dignidad a una PLR

Querido EX

“Guachita riiiiiica, cosita sabrosa, le daría por el ¡”#%&  bien fuerte y le agarraría la ¡”$&()==&$ después de chuparle el ¡”#$%&/(=& jugosito”. Finoli

Tex Wolf and Red 2

Si hay algo que compartimos con los hombres es el gusto por las formas del sexo opuesto y el fantaseo que no le hace daño a nadie, muy por el contrario: se hace, se acepta, se agradece.

Ahora bien, sí hay algo que nos diferencia de ellos: la mayoría de las veces cuando miramos, no se nos nota y la miradita es  una cosita poca con los lentes puestos, porque uno es respetuosa, temerosa de dió. Pero a ellos muchas veces el área del cerebro que los hace ubicarse se bloquea automáticamente cuando salta a la vista un par de tetas sea en relieve o en planicie.

¿A qué viene esto? A un sinfín de columnas como ésta o ésta  y ésta también, en que las mujeres, cansadas del acoso sexual callejero tipo Daniel Vilches, decidieron reclamar contra esta mala práctica que nuestros machos compatriotas muchas veces avalan como algo “natural” y hasta “chistoso”, justificándose con frases del tipo:  “pero mira cómo te vistes”, “ah, es que estás muy rica”, “si te pones escote, te lo voy a mirar”, “y entonces pa’ qué te arreglai”, “si fuera un mijito rico no te molestaría” o (inserte su comentario pelotudo y misógino favorito aquí).

Esto ya no es un reclamo, sino más bien una cruzada de todas las mujeres que nos cansamos de la agresión sexual callejera que viene en varios tamaños, formas, colores y orden de desagrado:

El Mirón psicópata

Con su mirada de rayos X que te empelota, puedes estar al lado de tu papá y el tipo no podrá evitar mirarte entera. Hacerte el control de calidad visual que puede durar varios minutos es algo inevitable para él. Es el más inofensivo, pero aún desagradable. Para el que piense que una no sabe distinguir una mirada de pinchoteo a una violación visual, están muy equivocados.

El calentón comprometido o “Mi amorcito, se te metió un culo al ojo”

Aquél de ojos libidinosos. Nada mas incómodo que un mirón acompañado por la polola, esposa, tiramiga o cualquier fémina que pueda tener el impulso de golpearte por culpa del desubicado. Peor si el querubín de fuego es TU mino, y no le importa en lo más mínimo que te sientas mal al ver su cara de baboso pegada en las curvas de la señorita de al lado.

“¡Ay!”, dirá usted, damisela que busca aprobación: “a mí me da lo mismo, yo incluso le muestro a  las minas ricas” y OK, le daré el crédito de pensar que usted habla en serio, pero una cosa es que no te importe que mire porque te resulta natural que él no pueda evitar echarle una ojeada a ese tremendo culo hecho a mano que pasó a estar al lado suyo, y otra muy distinta es verlo de baboso, olvidándose de que está en tu santa presencia.

El gritón y el toca bocinas:

Este hueón, que por alguna razón salida de alguna parte, cree que te interesa saber su opinión de ti pegándote el grito en la calle o que cree que es gracioso darle el bocinazo a la peatona o a la ciclista que llega a saltar pensando que se le viene un camión encima.

Por lo general actúan en manada como haciéndole fiesta a los amigos que por alguna razón son igual de tarados que él. Suelen movilizarse en auto o cualquier medio que los haga arrancar rápido con la manada que les apaña su griterío, porque ellos no son de acercarse a hablarle, ellos son de gritar de lejos, bien lejos, donde no representes peligro a su ya tan alicaída masculinidad.

El solista

Ese que te pilla caminando y se te acerca a la oreja con su jugoso y caliente hálito a decirte: “cosita más rica” seguido de un beso sonoro que te descorcha el tímpano. También conocido como “el viejo verde” que no tiene porque ser viejo.

No importa si andas con mini o buzo, la visión del solista traspasa la ropa o al menos así te hace sentir. Como una vagina caminando a la que quiere darle sin ninguna contemplación. Tampoco importa si te molesta, si te da asco, si tuviste un mal día, si eres mamá o tienes la edad de la hija. Él siempre se sentirá en derecho de hacerte sentir incómoda o  de invadir tu metro cuadrado para decirte con su voz libidinosa lo rica que estás.

El Manoseador:

¿Hay alguna lectora que me pueda decir aquí y ahora que nunca jamás en la vida le han agarrado alguna de sus partes contra su voluntad? Yo no conozco ninguna y me encantaría conocer si existe.

El primer agarrón que recibí fue a los 11 años en una teta inexistente por un señor de unos 40 años al que mi madre le sacó la cresta y que rogó a Carabineros que se lo llevaran. Nunca olvidé la cara del tipo y la sensación de vulnerabilidad  que sentí. Paralizada, sólo atiné a llorar y esconderme. Un rato después una tía que nos acompañaba me dice: “es que tienes que abrigarte”. Vuelta de nuevo a agarrar a mi madre que ahora le quería sacar la chucha a la señora esa: “¿Y tú eres idiota? ¿Ahora la culpa de que el hueón sea un pervertido es de la niña?”

Pero yo sí me sentí culpable ¿Cómo se me ocurría, a mis 11 años andar con short y polera en la playa, jugando y corriendo como una orate en verano? Desubicada niña, tentando sin consideración al señor que no se pudo aguantar el impulso.

Después vinieron más, porque siempre vienen más. No importa la edad. Si eres linda o fea, gorda o flaca, joven o vieja. Del manoseador nadie se salva por que él siempre está dispuesto a tocar lo que no le pertenece.

El que Justifica

Leemos a diario hombres avalando la conducta natural de gritarnos, palabrearnos, sobajearnos o mirarnos como si estuviéramos en el mundo única y exclusivamente para causarles placer o alegrarles la vista. Una podría ser puta y así y todo tener el derecho a no aguantar que cualquier pelota venga a satisfacer sus necesidades contigo.

No quiero caer en la exageración del: ‘no me mires’, ‘no te acerques’, ‘odio a los hombres’, porque así como hay pelotudos, hay otros que conocen los límites y son bastante empáticos con nuestra intimidad y que entienden perfectamente la diferencia entre encontrar linda-rica a una mina  vs. sentirse con derecho de sobajearla con la palabra o tirársela con los ojos. La diferencia entre uno y otro: la forma en que se manifiesta la intención. 

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